lunes, noviembre 15

EL REBOZO: PRENDA DE CIELO Y NOCHE EN ZACÁN (MICHOACÁN) MÉXICO

EL REBOZO: PRENDA DE CIELO Y NOCHE EN ZACÁN
MICHOACÁN (México)

Texto y fotos: Julie Sopetrán

El rebozo usado como sombrero. Foto: Julie Sopetrán

Visité Zacán gracias al apoyo y cordialidad de la Oficina de Turismo de Michoacán, nunca había estado en una fiesta tan colorista y vital, tan populosa y cordial, como la que se celebra en Zacán del 14 al 19 de Octubre. Fiestas patronales en honor de San Lucas, patrón de los ganaderos, donde la música, la comida, el fervor religioso, combinan con una especie de entrañable hermandad, no sólo entre la gente que habitan estos lugares, sino también entre los visitantes, ya que nadie en Zacán, se puede sentir extraño, extranjero o con hambre. Todo se sacia en este pueblecito de casi mil habitantes en plena Sierra Madre de Michoacán.
Toda la belleza de la fiesta está abierta de par en par al visitante más tímido donde puede gozar de la variedad más absoluta de aconteceres, exhibiciones y mercados. Entre las muchas curiosidades de Zacán, yo me fijé especialmente en esa prenda que caracteriza a la mujer autóctona p´urhépecha, en su rebozo.

Niño arropado con rebozo. Foto: Julie Sopetrán.

Saber llevar el rebozo, es sin duda un arte que sólo estas mujeres dominan con gracia y gestos peculiares, graciosos, serios y a la vez armoniosos,  pues yo creo que ninguna otra mujer del mundo sabría hacerlo igual. Porque el rebozo sin el gesto, sin el andar, sin la forma o el estilo, sería simplemente un trozo de paño, que muchas mujeres europeas utilizarían sólo de adorno o cubridor de cualquier baúl antiguo. Para la mujer p´urhépecha, el rebozo va unido a su vida, está integrado en su forma de ser, de sentir y de percibir el mundo.
Lo que me llama la atención en mi paseo por Zacán, es comprobar los distintos tejidos de esta prenda y las formas de llevarlos. Me asombro al ver cómo la mujer durante distintos momentos del día, unas veces se acurruca en su rebozo y otras lo extiende sobre sus hombros, dependiendo de la temperatura o las labores que esté realizando. Es un lenguaje increíblemente bello, donde el gesto lo dice todo, pero sin el rebozo no diría nada, son las maneras más diversas de expresar la vida y los muchos aspectos y veres del tiempo y del espacio de un pueblo, una comarca, una etnia.
Regalo de compromiso. Foto: Julie Sopetrán

También he visto cómo el rebozo sirve para llevar a los niños a la espalda sin que puedan caerse. Y mientras la madre realiza una serie de tareas, ella lo carga en su rebozo, entablándose así una relación muy estrecha entre la madre y el niño. Pues se ve cómo el bebé está en contacto con el pecho materno, donde no sólo duerme, sino que se amamanta y  vive como cualquier pajarillo en su nido más entrañable. Además, observo que el apoyo que recibe el niño es perfecto y correcto para su cabeza y su columna vertebral.
 Verdes, azules, morados, negros, más, menos vistosos, más nuevos, muy usados, algunos cubriendo la cabeza, otros la espalda, otros llenos de cosas como cargadores de innumerables sueños y secretos cotidianos…A veces, si hace calor, el rebozo sirve de sombrero, la imaginación de esta mujer p´urhépecha, se desborda en motivos y formas dependiendo de lo que le pida la temperatura en cada instante. 

El rebozo rodea a la madre y al hijo. Foto: Julie Sopetrán

Y también el rebozo es cuna que mece los primeros llantos y arrulla los primeros sueños. Es cobijo que da sombra, frescor en los días calurosos. Y en los días fríos abriga como ningún otro tejido. Pero también es una prenda elegante que sirve para festejar a las quinceañeras, o para que un hombre se declare a una mujer obsequiándola con el mejor rebozo según sus posibilidades económicas. Y como traje de novia en la boda, dando elegancia y prestancia a la mujer en tan especial ceremonia.
El rebozo, según me comentaban las mujeres de Zacán, lo utilizan también para el parto, y sirve para reconfortar a la mujer cuando siente el dolor. Según me dijeron, con el rebozo, se le “acomoda” el bebé y de esa forma el parto es mucho más fácil, es lo que las parteras llaman “la manteada”, que no es otra cosa que realizar con el rebozo una serie de movimientos como preparación al alumbramiento.

Mujer P´urhépecha con rebozo. Foto: Julie Sopetrán

Así con la ayuda del rebozo ,se le da a la mujer unos masajes en el abdomen y la cadera, lo que ellos dicen, una “sobada”, para que el bebé se prepare  mejor para nacer.  Ya cuando nace se le recibe en un rebozo. Y ese tacto dulce, suave, permanecerá a lo largo de su vida, incluso hasta la muerte, porque también es una prenda que sirve para amortajar el cuerpo.
Sería interminable enumerar la cantidad de usos y maneras que sólo la imaginación de esta mujer p´urhépecha, sabe utilizar tan adecuadamente.
El rebozo es una prenda prehispánica, igual lo usaba el hombre que la mujer, el ayate de ixtle, o la manta de algodón, no deja de tener las mismas características, pero con la llegada de los españoles se transformó. La lana y la seda, la rueca y el telar de pedales, modernizaron aquellas formas primitivas del rebozo y dieron paso al rebozo colonial. El que vemos hoy, rayas blancas y negras de un azul muy pálido, como si estuviera iluminado por un día claro de sol con niebla o representara un agua transparente. Según la clase social así es el rebozo, de algodón o de seda. Una anciana me comentaba que las rayas expresan el día y la noche, el cielo claro u oscuro, el azul intenso, la tristeza y la melancolía…

Con su rebozo sobre el hombro. Foto: Julie Sopetrán

El Festival de la Música P´urhépecha, no sería nada si la mujer no luciera su rebozo por las calles semidormidas de las preparaciones, del olor a comida con que impregna la casa. Todo es como si el rebozo lo supiera, como si esta prenda conociera los secretos tan bien guardados de la historia femenina de México, de Michoacán, de Zacán.  Cómo si tuviera una complicidad de saberes impregnados entre los hilos tan bien elaborados como inteligentemente puestos cada uno en su lugar para que cumpla su misión de arrobo, de abrazo, de ternura.

Llevando el niño a la espalda entre el rebozo. Foto: Julie Sopetrán

El rebozo es como una cadena que aúna esfuerzos. Aún conservo en mi mente esas imágenes allí junto a la capilla del Hospital, allí en Iurixio, donde se plasma la Letanía Lauretana. Sin la imagen de la mujer enrebozada, no concibo el espacio. Es como si el Arte no pudiera separarse de lo humano, de lo vivo, como si el movimiento de los andares recogidos y adornados por el rebozo, tuvieran alguna consonancia con los artesonados y los ángeles más barrocos.
                                                                ¿Qué llevará dentro de su rebozo? Foto: Julie Sopetrán

Traté de conseguir con mi cámara esa belleza del rebozo en la mujer p´urhépecha.
De robar al instante la forma, el movimiento, la postura. Para mostrarla al mundo, a otro mundo impregnado de modas que se pierden en la superficie del consumo. El rebozo no tiene “temporadas de moda” el rebozo es eterno, como la mujer que lo viste, arraigada a sus costumbres, a sus tradiciones y a la tierra y al fuego de los tiempos.
Andares con rebozo. Foto: Julie Sopetrán

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