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sábado, diciembre 04, 2010

LA VELACIÓN DE LOS ANGELITOS O la “kejtzítakua zapícheri”


Por Julie Sopetrán

                                      Niños participando en la noche de muertos con los adultos.     Foto: Julie Sopetrán

Todos los años, el primero de Noviembre, los pueblos del Lago de Pátzcuaro, se preparan para la llegada de los que vienen del otro mundo, y los niños especialmente este día van al panteón, (en España el cementerio,) para celebrar la  “kejtzítakua zapícheri”, que quiere decir Velación de los Angelitos o muertos niños, chiquitos, esta velación se hace en la mañana muy temprano y la hacen los niños y las niñas en sus respectivos lugares.

                                  Velación de Angelitos  -   Foto: Julie Sopetrán

¿Qué hacen los niños? Van a las tumbas y rezan, colocan y encienden sus velas, ponen sus flores, llevan comida, ofrecen a sus muertitos el atole, el pan de muerto, esas figuritas de azúcar, incluso el juguete preferido es muy importante.  Los niños creen que los muertos vienen de un lugar llamado Cumiehchúcuaro, que en los pueblos antiguos era el reino de los muertos.
En forma de X, hacen con carrizo un arco, lo forran de cempasúchil, esa flor amarilla de la que ya he hablado y en purépecha se llama “tiringuini tzitziqui”, en estos arcos o estandartes se cuelgan muchas cosas: frutas, pan, flores, figuras de alfeñiques, calaveritas de azúcar, bebidas que preferían los muertos, detalles personales, etc... Y una vez terminado todo, se coloca en el lugar más alto de la ofrenda o como ellos la llaman la huarzácuri, este arco es el más visto y llamativo cuando se mira en la distancia.

                                     Niño en el cementerio. Foto: Julie Sopetrán

Las niñas van vestidas con rebozo y largas faldas, debajo del rebozo llevan blusas de seda, lucen vivos colores, y se destacan los zapatos muy brillantes.  Algunas niñas llevan el delantal bordado.  No en todos los lugares llevan el atuendo típico. En otros visten más normales. Los niños cargan las flores y su misión también es encender las velas y arreglar las tumbas. Saltan de un lado a otro, se ríen y parece que juegan, pero en realidad son observados por sus familiares mayores, que les inculcan las buenas costumbres de los antepasados, enseñándoles cómo deben respetar a los muertos sin tenerles miedo y lo esencial que es cumplir con los ritos y las creencias de su cultura.
            Niña con pétalos de flores para adornar la tumba.  Foto: Julie Sopetrán
A lo largo del cementerio, los niños conversan entre si, tocan a veces instrumentos musicales, participan entre ellos de un mismo sentir, cada niño conoce cada tumba de sus familiares y allí se sientan, contemplan, juegan a mirar, a sentir, a ver… A veces ríen, a veces en silencio expresan todo aquello que las personas mayores no saben expresar: su inocencia, su complicidad con lo infinito.

                            Velación de angelitos. Foto: Julie Sopetrán

Le pregunto a uno de los niños a quien está velando y me dice que a su abuelito, un hermano más pequeño y a su mamá.  No hay tristeza en sus ojos, a él le parece natural la muerte y está aprendiendo tradiciones. Sus familiares a un costado del cementerio lo observan, y como a él a otros muchos niños y niñas. Junto a las paredes del lugar sagrado, muchos padres forman corro y ellos, los niños son los protagonistas de esta velación emocionante. Algunas abuelas sentadas sobre los petates de paja, contemplan a los nietos y nietas en sus actos.
La misión fundamental de esta ceremonia es que los niños y las niñas aprendan y mantengan esa unidad familiar dando culto de amor y respeto a quien se ha ido y vuelve de visita en esta fecha.
La ceremonia suele durar unas tres horas, hace fresco, porque es a primera hora de la mañana, a eso de las diez ya ha terminado todo. Los niños regresan a sus casas y en el cementerio queda el color de la infancia impregnado en las flores, en los cirios encendidos, en la comida cubierta con un paño bordado a punto de cruz. Por la noche esos niños volverán con sus familiares a la velación de los adultos. Pero ellos ya han participado recreando su propia velación.

En el cementerio. Foto: Julie Sopetrán

Viviendo esta ceremonia recordé cuando yo era niña, el miedo que sentía a todo lo que estaba relacionado con la muerte. Incluso cuando mis compañeros del colegio iban a jugar cerca del cementerio, yo me iba al otro extremo del pueblo a contemplar las puestas de sol. No. No soportaba pensar que tenía que morir o que alguien de mi familia muriese. No estaba preparada como estos niños de México, para aceptar tan inmenso misterio. He tenido que crecer para contemplarlos a ellos,  y darme cuenta que la muerte tiene un encanto de color y esencia  por descubrir y  ahora, necesito volver a ser niña para verlo y sentirlo sin ningún miedo. Porque la inocencia es ancestral y ante ella lo incompresible se transfigura y lo esencial se hace más visible y concreto. Necesitamos encender una vela, como los niños, para ponernos en contacto con lo más sencillo, que es en suma lo que nos une.

LOS CAMINOS DE LA MUERTE EN MÉXICO


                                                       Papyrus of Ani the Dead Ani Judged Innocent is Presented by Horus to Osiris - E.a. Wallis Budge
Congreso de Caminería Hispánica – Pastrana – Guadalajara - España - Viernes 30 de Junio 2006

Por Mary Andrade y Julie Sopetrán      


De todos es conocido el culto a la muerte en la civilización egipcia.
Cada cultura conserva sus propios rituales, heredados de la tradición familiar, de generación en generación. Es la costumbre la que reafirma, siglo tras siglo, sus propias vivencias y, cada pueblo se distingue del otro, por sus raíces culturales. Sin embargo poco sabemos en España de este culto a la muerte en México.   
Y México es un país rico en estos rituales de celebración de la muerte, tanto en el momento de morir, como en el recuerdo que se venera al desaparecido a través de los años.
Según la creencia mexicana antigua, cuando la persona muere, su espíritu continúa viviendo en Mictlán, lugar de residencia de las almas que han dejado la vida terrenal.  Dioses benévolos que fueron los que crearon este recinto ideal, que nada tiene de tenebroso y es más bien tranquilo y agradable, donde las almas reposan plácidamente hasta el día, designado por la costumbre, en que regresan a sus antiguos hogares para visitar a sus parientes. Y aunque en esa visita no se ven entre sí, mutuamente unos y otros, vivos y muertos, sí se sienten y participan de una extraña y a la vez natural presencia.
Existen dos fechas clave que el calendario prehispánico señal para la llegada de los muertos a este mundo de vivos. Estas dos fechas son para el mexicano, motivo de alegría y evocación.   En este ritual no ha existido ni el llanto ni el dolor, porque no podía ser motivo de tristeza la visita cordial de los difuntos, de los seres queridos que regresan a visitarnos.


Fue con la llegada de los españoles, cuando las dos fiestas prehispánicas se tornaron en una sola, haciéndola coincidir con la conmemoración cristiana de los Fieles Difuntos.
Esta fusión no disminuyó en nada la tradicional alegría festiva ni introdujo ningún elemento religioso formal, ya que la fiesta actual que se celebra dedicada a los muertos es tan grande como la celebración de la Virgen Guadalupana y, quizá, la más importante del año en algunos lugares.
La fiesta en todo el país tiene las misma raíces culturales, indígenas y españolas, pero cada lugar lo celebra con su propio estilo y tradición.
La profesora  de la Universidad Autónoma de México Lic. María Esther Schumacher , experta en temas de Comunidades Mexicanas, afirma que “para los habitantes de Mesoamérica, la vida era sólo un momento pasajero, la muerte era un despertar del sueño presente para ingresar al mundo de los muertos y de los dioses ante quienes los difuntos se presentaban según el tipo de muerte que habían sufrido. Los que morían sacrificados o en la batalla, se convertían en compañeros del sol, al igual que las mujeresque morían en el parto; los que morían ahogados iban a Tlalocan o paraíso de Tlaloc; los niños al morir eran considerados joyas, por lo cual permanecían en la casa de Tonacantecuhtly y las almas elegidas por los dioses permanecían en el Mictlán o inframundo. Para transitar sin contratiempos del mundo de los vivos al de los muertos, estos eran sepultados o cremados con sus pertenencias, comida y agua para el camino y con un perro que los acompañaba”.


El itinerario del camino de la muerte en México es tan rico como amplio en espacio y costumbres. Comenzamos por  la

CIUDAD DE MÉXICO
Nuestra experiencia en estos caminos de la muerte en México, abarca todo un recorrido desde la Ciudad Distrito Federal, donde la muerte parece más intelectualizada debido a la gran variedad de museos y galerías de arte, hoteles de cinco estrellas, en la mayoría se elabora el conocido Altar de muertos, pero especialmente en los alrededores de la gran ciudad la elaboración de dulces especiales se inicia en el mes de Mayo para terminar a mediados de Octubre.  Los puestos de dulces y frutas confitadas, así como calaveras de chocolate de diferentes tamaños, calacas de azúcar decoradas con diademas de reinas y adornadas con flores, se venden en el centro de Toluca, capital del Estado de México.   
Flor de cempasúchitl Foto: Mary Andrade



El cultivo de la flor de   cempasúchitl  se inicia el 13 de Junio de cada año para transplantarlo en surcos el 13 de Agosto y cortarlo en la segunda quincena de Octubre. En los alrededores de Atlixco, en el Estado de Puebla, podemos ver camiones cargados con estas flores amarillas anaranjadas como claveles gigantes reventones que exhiben además de su llamativa belleza, un perfume realmente especial, embriagador.
El Zócalo, es un lugar de ofrendas como las que el Gobierno del Distrito Federal celebró al finalizar el siglo XX el 1 y 2 de Noviembre de 1999.  Desde el pan de muerto hasta las calaveras literarias fueron motivo de concurso y fiesta con las más de 16 Delegaciones sin olvidar la ofrena monumental a los “olvidados”, un proyecto elaborado por los vecinos del barrio de Tepito.  Creando también un panteón con 400 tumbas.   Sólo en la Delegación de Coyoacán, en San Pedro Tepetlalpan, sus habitantes dedican cinco meses a desarrollar el tema de la ofrenda todos los años. Pues la elaboración de cada una de las figuras de papel maché que adornan la ofrenda toma alrededor de una semana, dependiendo del diseño y del clima, ya que hay que esperar que el engrudo se seque para continuar el trabajo.
En el Museo-Estudio de Diego Rivera, ubicado en la Colonia San angel Inn, los altares son cuidadosamente pensados, pues cada año el altar se elabora sobre un tema diferente.
En los hoteles, los diseños están encaminados a demostrar a los extranjeros que la Ciudad de México, en todos sus niveles, rinde abiertamente culto a los muertos.
La gente de clase alta, se limitan a participar como simples espectadores, aunque en sus casas pongan un vaso con agua o vino o tequila, en memoria de sus fallecidos. Es la clase media humilde la que celebra estas ceremonias como en la época antigua. 
                                               Flor amarilla  Foto: Julie Sopetrán


Los mercados como el de Sonora y la Merced, se llenan de flores de todas partes del país.
Pero el camino lo marca el cempasúchitl, frente a la casa, su color amarillo intenso es más visible para las almas que vienen de visita, estas almas que vienen de la obscuridad y los pétalos son como el oro, como la luz intensa y visible.  El camino de pétalos lo debe hacer un miembro de la familia, así el alma podrá reconocer el olor de su pariente, pues si lo hace un extraño el espíritu se puede perder con facilidad.
Y desde la Ciudad de México seguimos el camino hacia SAN ANDRÉS MIXQUIC, a 44 kilómetros al sureste de la capital, una de las poblaciones nahuas más importantes,  situada en un gran valle formado por el lecho seco del lago de Chalco. Toda la comunidad vive el culto a los muertos, el exótico aroma de los sahumerios, flores, veladoras… Díez días antes se limpia la casa, para que el espíritu la encuentre limpia cuando llegue, pues si la casa no está aseada las ánimas se molestan y puede ocurrir algo desagradable.  Sobre una mesa se levanta un altar arreglado con alhelíes blancos, que significan pureza y ternura y junto a él, se coloca un vaso con agua para las almitas que llegan con sed y un plato con sal para la comida del camino cuando vayan de regreso.  Se ponen cirios sobre candelabros blancos, uno por cada niño muerto en la familia, también se incorporan figurillas de barro y se prepara el copal y otros inciensos para el sahumerio. Las costumbres son muy variadas en cada pueblo, en cada ciudad. Como en Xochimilco, la ofrenda de Mixquic incluye alimentos y frutas en conserva, dulces de calabaza de tacha, tamales, ropa e instrumentos de trabajo al que se dedicó el difunto. Los altares son diseñados con adornos realizados en papel de china de diferentes colores.  Alrededor del altar se acomodan sillas para que las almas se sienten a comer y se dispone de una cama limpia para su reposo. En Xochimilco, no se usa poner en el altar la fotografía del difunto, como se hace en Mixquic y a pesar de ser también un pueblo nahua.  Milcahuipil, es el nombre original de Día de Muertos.  Todo el pueblo participa en la ofrenda.
MORELOS
A unos 85 kilómetros de la Ciudad de México, llegamos a Cuernavaca, conocido como “el paraíso terrenal”, tal vez por la belleza de sus jardines, de su ambiente paradisíaco. En este Estado como en todo México la Muerte significa continuidad, permanencia y renovación. Aquí, antes de celebrar la muerte hay que ir al tianguis de Yecapixtla, donde la vida se vive, transforma y comparte en cada uno de los puestos dedicados a la vente de artículos para honrar a la muerte.
En cada casa se hace un altar con esos objetos comprados para recibir a sus muertos, todo ha de estrenarse, ha de ser nuevo para agasajar al muerto.  Los tapetes de paja, los jarros, las cazuelas, platos, adornos de colores alegres, velas, papel de china, flores de nube blancas y diminutas que se colocan en los altares de los niños. Cerámica de color negro, ropa, alfeñiques, petates, calaveras de amaranto, legumbres, pan de muerto, frutas, molcajetes todo un mercado vivo para los muertos. 

Calaveritas dulces  Foto: Mary Andrade
 En muchas de las casas los habitantes duermen en el portal para que los muertos tengan más espacio en la casa y estén más cómodos.
Las campanas no cesan de tañir, también  acuden las bandas de música
Que según llegan a cada casa tocan la canción que le gustaba al difunto. Estos pueblos nahuas conservan con mucho recelo sus tradiciones no quieren que lo extranjero entre en sus comunidades.
Ellos saben  lo que deben mostrar públicamente y qué se guardan en su intimidad. 
HUEYAPAN
Allí estuvimos el 28 de Octubre, celebración de los “matados”. Los que murieron en accidentes. En Tetela del Volcán, en las casas y fuera de ellas, se veían caminos de pétalos de cempasuchitl, allí había un matado… y el caminito llevaba al lugar donde murió esta persona que en esa fecha vuelve al lugar donde murió.  Hueyapan está a unos 90 kilómetros de Cuernavaca, en plena montaña. Sus casas son de adobe y teja plana, de origen xochimilca, pueblos de clima frío donde el tiempo parece haberse detenido para siempre. Aquí viven los graniceros y los tiemperos quienes predicen la lluvia y los temporales. Viven en la altura, rodeados de bosques y muy cerca del volcán Popocatépectl y se han familiarizado con la caída de rayos durante las tormentas; curiosamente lo graniceros o tiemperos son aquellos que han sido tocados por un rayo y que han sobrevivido al mismo y eso les concede el don particular de predecir. En la comunidad son mirados como seres especiales.  Como lo es en esta comunidad Modesta Lavana Pérez.  En este poblado la cruz céntrica que habla del viento, el fuego, el agua y la tierra, es la cruz que todavía está viva. Y es la cruz de los cinco puntos cardinales: norte, sur, oriente, poniente y centro, así lo expresó Modesta en nuestra visita a su Día de Muertos.  Ese día 31 de Octubre, que se honra el recuerdo de los niños. Y son los niños los protagonistas, se les ofrece un desayuno en una mesa pequeña; comida que dura hasta el mediodía desde la mañana, se suman alrededor del altar para que salgan las almas de los niños y entren las de los adultos.
Son muchas y variadas las costumbres de esta zona.
Y muchos los pueblos que están en el camino de la celebración, como
XOXOCOTLA, a unos 25 minutos de Cuernavaca.
OCOTEPEC,  donde hacen una celebración de mucho colorido.  Con pencas de plátano y pan y cada familiar le dice algo al muerto. Luego se tapa con un mantel la ofrenda y así simula la forma del bulto del muerto, pero en realidad todo está lleno de frutos.  Se pone una calavera y si es mujer se le pone un rebozo y si es hombre un sombrero.  El fallecido también ha de estrenar ropa nueva. Se le pone todo lo que le gustaba en vida al difunto. A la muerte se la viste de fiesta como en las catrinas. Donde podemos observar el humor mexicano.




CUENTEPEC, muchos pobladores todavía hablan la lengua nahua.
Y ni que decir de CUERNAVACA, donde las exposiciones y ofrendas son un verdadero lujo de exhibición y grandeza de la muerte.
Necesitaríamos horas para hablarles de cada uno de los lugares que hemos visitado durante 13 años Mary, yo unos ocho, recorriendo los cementerios, los pueblos, las familias, las costumbres, los emblemáticos lugares que nos han enriquecido la vida, recordando la muerte.
Citaremos para que el camino sea completo, PUEBLA, TLAXCALA, VERACRUZ, TABASCO, SAN LUIS DE POTOSÍ, HIDALGO,  OAXACA, … con sus siete regiones y sus tradiciones zapotecas y sus cruces que llaman biquie´ en lugar de altar es una ofrenda o cruz de flores y frutas que se decoran con pan de muertos.   YUCATÁN y sus centros importantes como UXMAL, TICUL, MOTUL, CHICHÉN ITZÁ, EK BALAM, CHAN CENOTE, VALLADOLID…   La famosa Mérida, la misteriosa cultura maya, es en la mesa rectangular, hanal pixan, donde se coloca la comida para que las almas bajen a alimentarse con la esencia de los alimentos, El can las cuatro esquinas de la mesa y que es también la serpiente.


 Telela del Volcán Foto: Mary Andrade

 Con su mantel blanco, que es el color del norte, el xaman  que a la vez se relaciona con las estrellas.  El camino que seguían los antiguos hacia las estrellas, de regreso a su origen. Para los mayas, la muerte de alguien significa el volver a ese contacto con el infinito y es un cambio temporal de un estado a otro.  Pero mucho antes que el cristianismo llegara con la cruz, los mayas ya la conocían. Así se puede ver en la lápida de Pakal en Palenque. Refleja la cruz que es el árbol de la vida. Cuando llegaron los españoles la cruz ya existía en América. Es la unión del cielo con la tierra. Así lo afirma el antropólogo Miguel Angel Vergara. El Hanal Pixal, es para los mayas el reflejo de las tres partes del ser humano. Cuerpo, conciencia y espíritu.
También los mayas hacían sus ofrendas a los duendes (aluxes) y se les hacía atole.
Queremos terminar esta ponencia con uno de los lugares, para las dos, más emblemáticos de Día de Muertos: MICHOACÁN.
Los caminos de la muerte en Michoacán son amplios, PÁTZCUARO, ZIRAHUÉN… especialmente JANITZIO,  LA PACANDA… y todo el entramado de caminos purépechas.   URUAPAN, CHARAPAN, ZIRACUARETIRO, ZURUMUCAPIO, SAN PEDRO ZACÁN…ETC. ETC.  Todos los caminos purépechas de la Sierra Madre, donde la muerte tieNe su lugar de reposo y de fiesta. ¿Cómo no recordar ZACAPU, TIRÍNDARO, CIPIAJO, HUÁNCITO…   
El Lago de Pátzcuaro es el lugar donde “vivían los dioses azules del agua”.  Recordamos la noche  de  muertos en Tzintzuntzan
como un jardín de luces terrenales que miran al cielo,


 Velación de angelitos. Foto: Mary Andrade

 como una ofrenda de sueños que es en lo se convierte cada año el cementerio de este lugar, pleno de turistas llegados de todo el mundo, para ver, para captar, para sentir como se vive la Muerte en México.  En el Siglo XVI, Pátzcuaro se convirtió en sede episcopal bajo don Vasco de Quiroga, quien, después de algunos años, trasladó la sede a Valladolid, hoy Morelia, capital del estado.  El atractivo de esta población,  radica especialmente, en haber conservado, a través de los siglos, una arquitectura netamente española.  La artesanía michoacana es parte de esa celebración de la muerte. A Janitzio, una de las islas más bellas en el Lago de Pátzcuaro, se llega fácilmente en botes de motor. Isla de pescadores, acogedora, señorial, gentil. Al paso de los botes, ellos realizan una serie de demostraciones con sus redes de mariposas


 Pescadores mariposa. Foto: Mary Andrade

que utilizan para pescar y para cazar, una técnica única en el mundo.  El camino nos lleva hacia la estatua de piedra erigida a Morelos en la misma cima de la isla.
Otro lugar de Día de Muertos es IHUATZIO, JARÁCUARO, ZURUMÚTARO.
Lo más característico de la Isla es la VELACIÓN DE ANGELITOS, los niños también celebran su Dia de Muertos.  El primero de Noviembre en el cementerio de Janitzio, la luz del amanecer ilumina las pequeñas figuras envueltas en sus rebozos, sentadas silenciosamente ante las tumbas o jugando sin miedos.



 Los niños, llegan con sus padres a rendir culto a la memoria de sus muertos.  Les llevan dulces, pan de muerto, frutas, obsequios y los ponen a la cabecera de los sepulcros. También colocan comida cubierta con manteles finamente bordados a punto de cruz y acomodan las velas encendidas en torno a las tumbas.  Durante tres horas en la mañana los niños son los protagonistas de esta tradición. Y ellos acompañan, hablan de la muerte y ponen sus ofrendas como cualquier adulto.  Desde niños crecen aceptando la muerte, conviviendo con ella. Es el juego a ser mayores.  Depositan juguetes a sus hermanitos desaparecidos y participan ampliamente de cada instante en el cementerio.  
También en Jatnitzio se celebra el Teruscan al anochecer, es un juego ritual de los jóvenes tarascos, roban mazorcas de maíz, flores, frutas, calabazas de las cercas y techos de las casas. Se hace todo dentro de un ambiente jocoso y alegre, ya que es una rapiña organizada con el permiso de las autoridades.
Mientras ellos hurtan, las personas mayores los esperan en el atrio del templo o en la Guatapera o casa comunal de los tarascos. Se cocina lo recaudado en un gran perol y luego se distribuye entre los asistentes para así pasar alegremente la velada. A las doce de la noche se hace una presentación de bailes y canciones de la tierra, en la cima de la isla donde está el cementerio y también frente a la estatua de Morelos. Y a esa hora es cuando se depositan los manjares en las tumbas, manjares que fueron del agrado de los muertos.  Los hombres no pueden entrar al cementerio, ellos observan desde afuera lo que ocurre dentro del panteón. Sólo las mujeres y los niños pueden entrar.
Sería interminable hablar de las leyendas, la comida, la música, las artesanías, la vida que la muerte comparte en Jatnizio.
La leyenda dice que durante la noche del Día de Muertos, los guardianes del tesoro del lago, despiertan al sonido del lúgubre tañido de las campanas de Janitzio y suben la empinada cuesta de la isla. Los dos amantes, la princesa Mitzita y el príncipe Itzihuapa, se dirigen al panteón para recibir la ofrenda de los vivos.
Si ya México es mágico, lo es más en la Noche Muertos. La Danza de los Viejitos


Danzante. Foto: Mary Andrade

suena en la Plaza de Pátzcuaro y esa ancianidad del mundo se transforma, se llena de energía, porque tanto la música como la danza sigue el camino interminable de la historia que es la vida y la muerte, la muerte y la vida de los lugares que permanecen ofreciendo en ritual de camino los misterios de la humanidad.


MARY ANDRADE Y JULIE SOPETRAN

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