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domingo, julio 01, 2012

UN LUGAR DE MÉXICO LLAMADO TLAXCALA


 

Texto: Julie Sopetrán
Fotos: Mary Andrade, Julie Sopetrán, Oficina de Turismo México.

Si algún rival enemigo tuvo el imperio azteca, durante la época de la conquista,  fue Tlaxcala. Ciudad colonial, fundada en 1520 por Hernán Cortés, sobre la ya existente prehispánica.  Situada a unos tres mil metros sobre el nivel del mar. Es también el estado más pequeño de la República Mexicana. Linda con Puebla al norte, al sur y al este; al oeste se encuentra el estado de México y al noroeste está Hidalgo. Recuerdo que las nieves perpetuas del volcán Popocatépetl, tenían una luz especial, según me iba acercando a la hermosa ciudad de Tlaxcala, desde Puebla cuando lo visité en el año 1993.


Me llamaban la atención las ermitas, los maizales de los fértiles valles, los campesinos que vendían los frutos de la tierra por el camino y daban al paisaje, esa belleza amerindia que muy bien puede transportarnos, retrocediendo en el tiempo, hasta el pueblo prehispánico de los náhuatls. Campos cultivados de cebada, fríjol, haba, calabaza, alfalfa, tomate y los deliciosos frutales de duraznos, perales, manzanos, nogales y ciruelos...
Al pasar por Cholula, recordando al Cortés más guerrero, del que habla la historia, desde el monasterio de San Gabriel, con las cúpulas de su Capilla Real, de estilo mudéjar, contemplé la ciudad y una de las pirámides, tal vez la más hermosa y más grande de México, desastrosamente violada con un edificio de estilo español.




Tlaxcala fue sede del Primer Obispado de la Nueva España, su Escudo de Armas ostenta el título de: "Ciudad Muy Noble y Muy Leal".  Hernán Cortés llegó a Tlaxcala en 1519 encontró a sus habitantes defendiendo su independencia de los mexicas, de los huexotzincas y de los cholultecas. Así fue como se alió con los tlaxcaltecas para conquistar la gran Tenochtitlán. España trató especialmente a Tlaxcala, permitiéndoles conservar su gobierno indígena, sus tierras, su derecho a portar armas y montar los caballos, se les consideró hidalgos, incluso se les eximió del pago de tributos, entre otros privilegios y nunca perdieron el orgullo de ser los herederos de la antigua república.


En la ciudad de los chichi-mecas. Me llamaron la atención los edificios de la época colonial, las calles, la paz, los mercados en las plazas, el convento de San Francisco, la plaza de toros, el Palacio de Gobierno, la catedral de estilo rococó, la gente, esa gente sencilla, contemplativa... Todo me conquistó positivamente.
Tlaxcala, cuna del mestizaje, tiene unos noventa mil habitantes, forma parte del Eje Neovolcánico que recorre parte del México central. Su clima es templado. Llueve desde abril hasta finales de octubre. Está ubicada la ciudad a 114 kilómetros del Distrito Federal, a 38 de la ciudad de Puebla y a 307 del puerto de Veracruz. El nombre de Tlaxcala significa "lugar de maíz" o "lugar de pan o tortilla de maíz" o Texcalli que quiere decir peñasco... Antiguamente se llamó Chalchihuapan, se debía a que en ese lugar había una fuente llamada "La fuente sagrada" porque allí se realizaban ofrendas y ritos a los dioses.


Los franciscanos se asentaron en este lugar en 1524, lugar también llamado "tierra de los chalchihuites o de las piedrecillas verdes". Tlaxcala es una ciudad espaciosa, su Plaza de la Constitución, su fuente ochavada, con sus seis querubines labrados, por sus bocas de donde sale brillante el agua, fue regalo en 1646 de Felipe IV a la ciudad. Al poniente de esta plaza está el Palacio de Justicia que fue Capilla Real de Indios.. El Mesón Real, la Casa del Ayuntamiento, el Paseo de los Portales, la Catedral de la Asunción, el Museo Regional donde se encuentra la escultura prehispánica de Camaxtli, y también el óleo anónimo de fines del siglo XVII, con la Virgen de Ocotlán. El teatro Xicohténcatl, la Iglesia de San Nicolás de Tolentino y tantos edificios singulares que atrapaban mi paso...


Me llamó mucho la atención la Plaza de Toros, El Ranchero Aguilar y las escalinatas de acceso a la iglesia del Buen Vecino, desde donde se domina la ciudad. Son tantos y tan hermosos los atractivos de Tlaxcala, que necesitaría mucho espacio para describirla... He de destacar la Basílica de Ocotlán, si llaman a Tlaxcala "el lugar de los silencios azules", no cabe duda que ese silencio llega a ser misterioso en el parque que antecede a la Basílica, que primero fue ermita, con sus veintiséis arcos invertidos, llenos de flores, con sus lanzas blancas que contrastan con un cielo muy azul. Azul y blanco de la Virgen de Ocotlán. Desiderio Hernández, colaboró en el diseño de este lugar junto al arquitecto Dartigues. También se encuentra la iglesia del Pocito, de base octogonal, con el agua milagrosa que mana desde que la Virgen se apareció a Juan Diego.


Tenía un gran interés por ver y admirar las pinturas al fresco de Desiderio Hernández Xochitiotzin, que se encontraban en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala. Este lugar antiguamente fue Casa Real del siglo XVI, lugar donde habitó Hernán Cortés. Se conserva todavía de esa época, la parte baja de su fachada. Este lugar ha sido un verdadero lienzo del Maestro Desiderio, un memorial de asombro y buen hacer. La fotógrafo ecuatoriana, Mary Andrade y yo, llegamos a Tlaxcala para entrevistar a este relevante muralista mexicano, él mejor que nadie, interpretó la historia de su pueblo, mostrándola en las  paredes del Palacio de Gobierno. Él estaba preparado para hacer esta obra mejor que nadie, porque no sólo era pintor, grabador, escritor, arquitecto, restaurador... Él era un hombre muy  asequible, un auténtico humanista  que definió en expresivas palabras esa leyenda negra de Tlaxcala... Cuando le pregunté cómo surgió la idea de los murales, con gran sencillez dijo:

                                                            

"no, pues la idea, así empezando un poco, como debe ser, ¿no?; la idea no fue mía, con toda honradez lo digo. Ni tampoco se pensó en esta proporción de la obra. Tenemos un San Benito,  ya sabe qué es eso ¿verdad?, la leyenda negra sobre Tlaxcala, que inventaron los hombres de la Independencia y luego la cultivaron los hombres de la Reforma, los liberales.
Dicen, que los tlaxcaltecas son traidores, o fueron traidores, y en consecuencia nosotros también, y todo porque se aliaron con los españoles. Claro, que el liberalismo fue una doctrina anticristiana y anti-hispánica y sobre nosotros todavía existe esa calumnia horrorosa."

Desiderio nació en el barrio de Santa María Tlacatecpac, en el pueblo de San Bernardino Contla de Juan Cuamatzi, en Tlaxcala, nació el 11 de febrero de 1922. Vivió en Puebla, su esposa era Lilia Ortega Lira, cuando lo conocimos. El Maestro tuvo nueve hijos, más una niña que yo conocí con su esposa, la niña tenía entonces seis años. El mayor de sus hijos murió siendo músico y poeta, su recuerdo estaba presente en cada rincón de su casa. Desiderio me hablaba de él como si todavía estuviera a su lado. Su padre fue don Alejandro de la Cruz Hernández de la Rosa y su madre doña Natividad Xochitiotzin Saldaña. Estudió en Puebla, en la Academia de Bellas Artes. Falleció el día 14 de Septiembre de 2007 a la edad de 85 años. Fue reconocido en muchos lugares de prestigio, como La Sorbona, Harvard, el Vaticano,  en la Universidad de Estocolmo en Suecia, etc.. Él perteneció a la segunda generación de los grandes muralistas mexicanos del siglo XX, fue el último muralista al fresco que había en México. Su apellido Xochitiotzin significa "flor de Dios" en el lenguaje indígena.



Transcribiré la larga entrevista que le hice para mi revista AZB, junto con Mary, hace ya unos años como testimonio de un gran artista. Hoy me limito a mostrar algunas bellezas de esta ciudad colonial que me sedujo y a la que algún día quiero volver.  



 
Bellísimos son sus extensos llanos, las sierras y los volcanes, como el Malintzin, o la Malinche, es un volcán inactivo con una altura de 4420 metros sobre el nivel del mar, frío en la cumbre y templado en la falda. Antiguamente se le llamaba Matlacuéitl, que era la esposa de Tlácloc, diosa de la vegetación. Cuando llegaron los españoles la llamaban Malintzin en honor a Malinalli, Marina o Malinche, que ayudó como intérprete a los españoles. El volcán tiene forma de cono. Es como un emblema del estado de Tlaxcala. Se le divisa desde cualquier lugar donde te encuentres. Es como una musa de artistas. También el cine se ha inspirado usándolo como escenario de famosas películas como: Enamorada; Talpa, basada en el cuento homónimo de Juan Rulfo; Lo que importa es vivir; Canoa... La belleza de este volcán se divisa tanto desde Tlaxcala como desde Puebla.  En la región boscosa predomina el pino, el ocote, la encina, el enebro y la sabina. En sus planicies poco húmedas, se da el maguey y el nopal. Tlaxcala es el lugar mejor comunicado de todo el país y el primero que contó con vías férreas.

Termino con la leyenda más popular, la leyenda que da el nombre a Malinche. Dicen que doña Marina le pidió permiso a Hernán Cortés para bañarse en la laguna de Acuitlapilco, que se encuentra situada a unos tres kilómetros de la ciudad de Tlaxcala. El Capitán, le concedió esta petición. La acompañaban cuatro esclavas. Se encaminaron al lugar vestidas con sus coloridos trajes huipitl, sus joyas ofrecidas por Cortés, su porte y elegancia tropical de mujeres hermosas. Malinche se desnudó y se metió en el agua, sin darse cuenta que en el lado opuesto de la laguna la estaban observando los de Xiloxoxtla, un poblado cercano a la Laguna de Acuitlapilco.  Entusiasmados por la belleza de Marina, la confundieron con un hada y le pidieron que desencantara a la montaña Matlalcuéyatl, que también significa Malinche, refiriéndose a la misma montaña. Marina, al sentirse perdida exclamó ¡Malinche! ¡Malinche!, se vistió apresuradamente escuchando los caracoles y el griterío de la gente que corría tras de ella. Cuando Cortés se enteró, ordenó a sus arcabuceros que le prestaran auxilio a doña Marina. Fue así como su nombre se tornó por el de Malinche dejando también el nombre a la hermosa montaña. Y dicen que doña Malinche sigue encantada en la montaña de la que ambas recibieron el nombre.




A LA VIRGEN DE OCOTLÁN

En el pocito bebe el alma
las aguas de la Virgen de Ocotlán
El manantial brota junto al fuego de los volcanes
Las heridas embalsaman el tiempo
Juan Diego cura pestes
la fe transporta el misterio
y flores blancas crecen
entre los pinos.

©Julie Spetrán

A LA MALINCHE

Naciste en Veracruz, Malinalli,
y fuiste vendida como esclava
a los vencedores
Tenías don de lenguas
como las aves privilegiadas
Sobrevivías
a las noches tristes
el Amor te dio a Martín
el despecho a María
La viruela destruyó tu belleza
la luz marina de la tarde
cubrió tu juventud
de polvo
fuiste odiada
pero dejaste en los ojos de Cortés
la fuerza de tu estirpe.

©Julie Sopetrán

sábado, enero 28, 2012

GUANAJUATO



Texto y fotos: Julie Sopetrán


A Guanajuato en 1988, la UNESCO la nombró  "Patrimonio Cultural de la Humanidad". Es una de las Ciudades Coloniales más bellas de México.  Su paisaje nos transporta a un pasado lleno de batallas que a la vez contrastan con su romanticismo y estética. Es una ciudad-mina. Las casas, las calles subterráneas, las viejas iglesias y sus edificaciones, sus mercados, sus plazas, forman un conjunto arquitectónico de gran belleza. Su barroquismo brota de sus minas y su aspecto pintoresco cautiva al más indiferente de los viajeros.
Ocupa la parte NE de la porción occidental de la Mesa de Anáhuac. Al Norte se encuentra el Estado de San Luis de Potosí, al Este, el de Querétaro, al Sur, Michoacán y al Oeste, Jalisco.  La agricultura y la minería han sido las principales fuentes de riqueza de este lugar. Su extensión territorial es de 30.491 kilómetros cuadrados. Tiene 46 municipios.

Guanajuato es un Estado montañoso al norte por la Sierra Gorda, famosos son sus pinares y encinares; al sur, sin embargo se encuentra la fertilísima y muy rica vega del Bajío llanura que llega hasta Michoacán, donde están instalados tres Distritos de Riego, como el de Pénjamo que utiliza las aguas del río del mismo nombre y tiene una superficie de mil hectáreas.
Estos llanos del sur, se han definido como graneros de la República por la gran abundancia de cereales y legumbres que allí se producen.


Una concejala de cultura del Ayuntamiento me enseñó la ciudad de un extremo a otro, fue tan amable, como servicial y ella me habló de los orígenes y las primeras nominaciones de aquellos asentamientos llamados "Mo-o-ti" que significa Lugar de Metales, como así lo es.
Recuerdo admirar una capilla toda labrada en oro.     Los Aztecas, más tarde, llamaron a la ciudad: Paxtitlan que sería algo así como Ciudad de paja       y realmente la palabra Guanajuato se cree que procede de los vecinos Purépechas: Quanaxhuato, resulta dudoso su significado, puede ser lugar de ranas,  o lugar de muchos cerros. "Cerro de ranas", porque vieron allí una tremendas piedras en forma de ranas. Estas piedras todavía hoy perduran y están en un barrio denominado con el nombre de Pastita. Cuanax que significa rana y huato, cerro.


 Los primeros indígenas que habitaron esta tierra fueron tal vez los chipícuaros, los  otomíes, después desplazados por los chichimecas y otros grupos étnicos como los Pames, Guamares, Guanaxuas...  
Se dedicaban especialmente a la caza y a la agricultura.
Según mi opinión es una de las ciudades más bellas del mundo. Situada en el corazón de México, es una ciudad joya, una piedra preciosa de plata y oro. Y por alguna razón está rodeada de minas de estos dos metales.  Es una ciudad rica en todos los aspectos. Su arquitectura, sus Jardines de  La Unión, el Teatro Juárez; el Museo Iconográfico de El  Quijote con alegorías y detalles relacionados con Miguel de Cervantes; La Plaza de la Paz; el       Palacio Municipal; la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato; el Tribunal Supremo; los típicos cafés; las calles sumergidas en túneles; la famosa Universidad de estilo morisco... Y muy cerca del Templo de la Compañía de Jesús, el Museo Casa de Diego Rivera; y el otro Museo de las Momias y la Alhóndiga de Granaditas, con su magnífica estructura.


Es una gozada pasear sus calles contemplando las casas patronales de la época  que hacen de Guanajuato una ciudad colonial cien por cien. Adentrarse en la ex-hacienda de San Gabriel o pasear por el Callejón del Beso o admirar el monumento al Pípila...
Típicas también son sus instalaciones hidráulicas, la perforación de los pozos que se hacían para las minas como en La Boca del Infierno, que llega a alcanzar los seiscientos metros de profundidad bajo la tierra. 

Sus cerros cónicos que un día fueron el principal centro mundial de extracción de la plata.   Destacan sus iglesias, pero en especial la de la Compañía y la Valenciana, consideradas las más bellas de todo el barroco de América.
En 1531 Nuño de Guzmán entró por Pénjamo hasta el centro del Estado. Los indígenas le mostraron sus tenaz resistencia, porque el español tenía a bien cometer muchos y atroces desmanes y crueldades.  Pero no todos los españoles llegados a América eran malos,  Don Vasco de Quiroga que fue el primer obispo de Michoacán, Tata Vasco, como ya hemos hablado de él en Magias de México, recorrió la región atrayendo a los indios por su bondad y el buen trato que les daba.


Los franciscanos fundaron misiones y así fue como surgieron distintas poblaciones que hoy perduran. En 1548 se fundó la ciudad de Guanajuato, debido al descubrimiento de sus riquezas minerales. En 1554, siendo virrey Don Luis de Velasco, padre, se consolidó la fundación de la villa bajo el nombre de Santa Fe de Guanajuato.


Después de la Independencia, la Constitución de 1857 dejó al Estado aproximadamente su antiguo territorio. Debido a su situación geográfica, situada la ciudad en el centro de la República, Guanajuato ha  sido testigo de importantes acontecimientos y sangrientas batallas entre liberales y conservadores.  Tanto políticos como militares, ha sido zona de conflictos, durante las guerras de la Independencia, de la Reforma y de la Intervención.  Allí nació Don Miguel Hidalgo y Costilla, en 1753, en Abasolo.  La ciudad de Dolores Hidalgo, está llena de recuerdos del Padre de la Patria.


La Alhóndiga de Granaditas, que tomaron los insurgentes. Otro lugar histórico.  En Silao, existe el rancho de El Venadito donde fue capturado Mina fusilado después en Pénjamo, en el fuerte de los Remedios.
Famosa es su laguna artificial de Yuriria, que mide dieciséis kilómetros de largo por seis de ancho, la hizo en 1548, Fray Diego de Chávez, un agustino emprendedor, que fue el quinto Obispo de Michoacán.  Dicen que el fondo de la laguna era un cráter de volcán apagado y la obra consistió en cerrar la parte por donde se perdían las aguas de la lluvia que hasta allí llegaban.



Guanajuato es una ciudad para disfrutarla, si te gusta la arqueología, te recomiendo ir a la zona de Las Plazuelas, o a la zona Peraltas o la Cañada de la Virgen. Es un lujo visitar sus haciendas, sus casas y palacios, sus parques naturales, sus túneles, museos, iglesias y conventos, sus jardines, sus miradores, sus minas, sus innumerables puentes y acueductos, sus jardines...  Visita el exconvento agustino de San Pablo o la Mina de Guadalupe, el Templo de la Concepción... etc..

Al Quijote le gustó Guanajuato, o fue Guanajuato  quien se enamoró de sus andanzas, es un amor mutuo, porque si en algún lugar del mundo se honra y se le da vida al Quijote, es en la ciudad de Guanajuato.  Mi guía me habló del Festival Cervantino que se celebra cada año en el mes de Octubre. Son actos culturales y artísticos a nivel nacional e internacional, en honor a Don Miguel de Cervantes. En estos actos podemos encontrar teatro, exposiciones, ópera, conciertos, cine, artes plásticas, literatura... Es una especie de Guelaguetsa de la Cultura. Se creó en 1972 y desde entonces no ha cesado de propagarse por todo el mundo, teniendo siempre como escenario, la ciudad de Guanajuato.

Las dos veces que he visitado este lugar me he sentido fascinada y con ganas de volver o de quedarme allí para siempre. Investigar cada rincón, cada monumento, pasear los jardines, las subidas y bajadas, adentrarme en la historia, en la gente, en las minas, en su fascinante cultura.
Llegando a la ciudad se siente una sensación de misterio ancestral, de paz, de riqueza espiritual, de algo muy especial y agradable. No sólo es el clima templado, intertropical de meseta, lo que endulza el lugar, es esa originalidad de encontrarte en una ciudad diferente.

Quiero terminar este artículo con la leyenda de la Princesa, de la Bufa. Leyenda entre muchas otras que quedan en el tintero.  Así se llama uno de los cerros que bordean la ciudad de Guanajuato.
Siempre que un jueves cae festivo durante el año, al amanecer, esta hermosa princesa sale al encuentro de cualquier caminante que por allí deambule. El caminante ha de ser varón.  Dicen que sus encantos ya han sido vistos varias veces. La princesa le pide al caminante que la lleve en brazos hasta el altar mayor que hoy es Basílica de Guanajuato. Si lo consigue, la ciudad quedará libre del encantamiento y relucirá como el sol. Le entregará una gran fortuna en plata y oro. Y la ciudad será toda de plata tal y como era hace miles de años. Entonces la princesa recobrará su condición de persona como los demás habitantes.

Resulta muy difícil conseguirlo. Las condiciones son muy extrañas y requieren mucha concentración. El varón que lleve en brazos a la princesa ha de superar pruebas muy duras. Debe caminar adelante sin que nada le turbe y sin volver el rostro a ninguna parte, aunque escuche voces, ruidos o llamadas. Si el elegido varón pierde la serenidad y se da la vuelta, la bella princesa puede convertirse en serpiente y si eso ocurre no se realizará el desencanto.
La tentación es grande, los varones que por allí pasan, lo intentan una y otra vez. ¿Pero quién podrá hacerlo? Ya van varios siglos y todavía no lo han conseguido. El  hechizo está ahí, esperando que un jueves festivo, algún mancebo, poeta, artista, aldeano atrevido, se digne desencantar a la Princesa de la Bufa.

                                                                                                                                                                                                                                 


viernes, abril 08, 2011

EL SOMBRERO MEXICANO

Por Julie Sopetran

http://www.nicolhats.com.mx/

El sombrero, o el jarano, es una prenda imprescindible tanto para el hombre como para la mujer, aunque lo usa más el hombre. El sombrero cubre el pensamiento, por lo tanto es un símbolo sagrado. La cultura de México parte de la cabeza hacia los gestos, y el sombrero realza ese saber. Y según el estilo de vida de cada mexicano, así es el modelo que ostenta en cotidiano hacer, porque, eso sí, no hay mexicano que deje de utilizar su sombrero. No es solamente el sombrero charro el que se usa más en México, lo es también el tejano, el de ala y tantos… El sombrero es una de las artesanías más populares y es una prenda de vestir que se usa a diario. Su copa cubre nuestras cabezas y nos protege del sol, del frío, de la lluvia, del viento, del polvo… Pero aún recuerdo aquellos tiempos cuando el sombrero también era una prenda especial para dar más elegancia a los trajes, por ejemplo en las bodas, como elemento de adorno en la mujer, lo que se llamaba “tocado” ahora casi en desuso.


Dicen que cambiarse de sombrero es como cambiar de ideas. Ya desde niños lo llevan en México y es como una de sus joyas más preciadas, porque el sombrero tiene una gran importancia en la vida de cada mexicano, no es sólo una artesanía más, es también, como decía antes, una prenda de vestir, tantito en el hacer diario como en las fiestas.


Y por el sombrero los conoceréis, sin son pobres o ricos, si tienen gusto o son un desastre, si lo llevan con garbo o mal trazado. Existe el sombrero de gala, el de faena y el ceremonial y, cada pueblo, cada ciudad, tiene su estilo en su sombrero. No cabe duda que cada postura de sombrero muestra un lenguaje diferente y es un exponente claro de las diferencias sociales. Le da semblante al hombre, su sombrero, porque es el porte de quien lo lleva. Y así como la mujer usa el rebozo desde niña y hasta edad muy avanzada, el hombre, en México, usa el sombrero por excelencia.

Si analizamos las diferencias entre México y España, yo recuerdo que mi padre siempre usaba la gorra visera, muy típica entre los hombres del campo de Castilla, otros hombres llevaban la boina. De niñas no usábamos rebozos, pero sí cintas en el pelo, mi abuela me las ponía entre las trenzas y, estas cintas, eran de distintos colores, también las he visto en Michoacán, en Oaxaca. La artesanía del sombrero en México data de los grandes emperadores aztecas, y mucho antes, tal vez mil, dos mil años antes de Cristo, los indígenas ya cubrían sus cabezas, algo parecido a los sombreros pero no exactamente igual. Más tarde, eran tocados hechos con plumas de quetzáles y águilas, como el gran Penacho de Moctezuma.

Foto conseguida por internet.  El gran penacho de Moctezuma

Con la mezcla de las tradiciones autóctonas y la llegada de los españoles a México, es lo que define las formas de sombreros desde los Chichimecas con su sombrero de ala ancha, con la copa alta, como el de Emiliano Zapata hasta la de los Chinacos, los Huicholes y Tzoziles que toman como modelo el sombrero cordobés, o la originalidad de lo que usan los Tarahumaras que es una forma de gorro hecho con un pañuelo rojo.


                                                  Pancho Villa con su sombrero. Foto conseguida en internet.

 En los sombreros mexicanos se utilizan diferentes materias artesanales como la paja de trigo, de avena, de cebada, pelo de liebre y de conejo, fieltro de lana, vara de sauce y bejuco, cuero de vaca o de oveja, palma de jipi, carrizo etc.. Existen también los sombreros “chinacos” que daban personalidad al mestizo, sus características son indígenas, también a otro tipo se le llamaba “caporal” y “vaquero” que es un derivado del famoso sombrero “charro”. Sombrero de caballista ya que “charro” significa jinete.
                                               Foto: Julie Sopetrán  La hice en Oakland (California) En una fiesta mexicana.

Luego, a estos sombreros se le dio otro carácter más elegante, porque cuando eran usados en ceremonias más distinguidas se le forró con terciopelo, creando adornos y usando hilos de plata y oro, que daban personalidad al llamado sombrero charro del “Mariachi”. Sombrero de ala ancha, más de quince centímetros, copa alta unos cuarenta y cinco centímetros. Este sombrero está hecho de fieltro de lana, de pelo de liebre y también de paja de trigo, al ser de  ala ancha, de esta forma protege al jinete en la caída del caballo. En la copa lleva cuatro “pedradas” para darle resistencia. Este sombrero es muy utilizado también en la música mexicana, especialmente en el cine y con mariachis. ¿Quién no recuerda “El Charro negro” con Manuel Cirerol Sansores, uno de los primeros charros que hubo en México, a  Pedro Infante, a Jorge Negrete, a Vicente Fernández, a Lola Beltrán, Lucha Villa o  Javier Solís, José Alfredo Jiménez, o Chavela Vargas y tantos que utilizan el típico sombrero de charros en sus interpretaciones?

                                                                 Detalle del sombrero charro. Foto obtenida en internet.

 No olvidemos el Jarabe Tapatío, que es precisamente la danza del sombrero mexicano, ya que el hombre tira el sombrero en el suelo delante de una mujer y si ella lo acepta, baila en su ala ancha o alrededor del mismo. Según en la región donde se viva, el sombrero es más grande o más pequeño, en las zonas secas es más grande que donde hay bosques. La distinción del sombrero es de quien lo lleva y lo luce. Hay sombreros de paja de trigo, de avena, de cebada y de esparto. En Hidalgo, el sombrero llamado “de vuelta a vuelta”. En Michoacán los sombreros de “petate”. En Tabasco el famoso sombrero “chontal”, está hecho de alas muy anchas, copa alta y tejido con palmita entrelazada. Lo hacen los indígenas Chontales o Atastecas. Cada vez se ven menos pero sí lo exhiben en funciones folklóricas o fiestas especiales. 

En Veracruz, el famoso sombrero de palma. En Oaxaca, son populares los sombreros de “panza de burro” hechos con la lana de los borregos, sin lavar y mezclada con la cera de abejas silvestres, agua hirviendo y un largo proceso de cinco días y así se hace el sombrero que además, va teñido con especiales encantos y coloridos de la naturaleza; este sombrero mantendrá la cabeza fresca pero también le puede proporcionar dolor de cabeza, según el estado del tiempo por lo que no debe calentarse antes de ponérselo en la cabeza... Son tantos los sombreros de México que no puedo nombrarlos a todos. Algunos se elaboran con trenzas unidas en espiral a partir del centro de la copa y de ahí se hace la forma que se desee, luego se alisa, se pule y se apresta. El sombrero que se vende al turista nada tiene que ver con el auténtico. El sombrero mexicano está pensado y hecho no sólo para cubrir, también para despejar, está creado inspirado en sus múltiples usos.
                                                       Niño vendiendo sombreros. (Foto: Julie Sopetrán)

El sombrero te protege del polvo, le da viento al fuego para atizarlo, también lo apaga, con el sombrero el rejoneador le da un hermoso lance al toro bravo, sirve para beber agua en una necesidad, se usa para enamorar a una dama, para premiar a un torero, para librarse de un enemigo, para atrapar a una víbora, para matar a una mosca, para decir adiós, para recibir a un amigo, para protegerse de un tiro o machete… “Quitarse el sombrero” es una expresión que muchos hemos dicho por alguien que realmente admiramos. Ponerse el sombrero es como empezar a pensar en algo muy serio. Y el sombrero también arropa el descanso.

 Pero si a alguien en la historia de México, se le ha puesto el sombrero, es a la señora o señorita ”Catrina”, Doña Calavera Garvancera, inventada para crear la clase social alta de México, mucho antes de la Revolución. No conozco a casi ninguna catrina sin sombrero. El gran artista Don José Guadalupe Posada, la creó con sombrero y bien elegante.
                          Catrina en el balcón. Oaxaca. Foto: Julie Sopetrán
Pero no podemos concebir un sombrero mexicano, sin un sarape, sobre todo si el mariachi va a dar una “serenata” a su preferida, a su pareja o enamorada. Una “mañanita” sin sombrero no es mañanita, es maña-nada. En contraposición al sombrero de cuatro picos existe el sombrero jarocho, hecho de palma, con alas muy cortas y levantadas, tiene cuatro pedradas o cavidades, llevan algunos adornos de colores, generalmente plumas. El sombrero yucateco o jipijapa, se usa en Campeche, es un sombrero pequeño, de copa baja, ala corta y caído en la frente. El sombrero costeño, también hecho de palma, de ala ancha hacia abajo con orificios para la ventilación y con un cordón para sujetarlo. El sombrero tejano, es un sombrero de paja o cuero, es el sombrero vaquero por excelencia, lleva una banda de sudor en el interior, también son conocidos  por las arrugas de la corona y el balanceo del borde, su copa es alta y ancha, algunos sombreros vaqueros se les ha llamado de “diez galones” porque son resistentes al agua. Es también el sombrero de cowboy. Y dicen que un buen jinete, ha de poner primero su sombrero al caballo antes de montarlo. No podemos olvidar el sombrero calentano de Tlapehuala en la Tierra Caliente.
                                                   Sombrero de la Tierra Caliente. Foto: Julie Sopetrán
Son tantos los  lugares de México que mencionar…Y tantos sus sombreros que me es imposible enumerarlos. En mis viajes, siempre me he fijado en ellos y en las gentes que los llevaban con su propia distinción, belleza y elegancia.  
Y para terminar traigo a cuento lo que afirma Lady Gaga. Ella hizo unas declaraciones en el periódico El Universal y afirmó que: “El sombrero es una buena barrera. Cuanto más grande mejor. Para mí aleja al diablo. Siempre me ha gustado llevar sombreros grandes a las fiestas para alejar a la gente. Es protección, todo ha pasado muy rápido y de repente te está viendo todo el mundo y lo único que quieres es un sombrero gigante para protegerte”
Alejemos, pues, al diablo y a la diablesa y a todos ellos juntos, que son muchos, y ni modo, les demos un buen sombrerazo, a la chamberga, o con el de tres picos apuntado, también puede ser con el calañés de los labriegos, o el de campana, el de canal, el de teja, el de medio queso, el jíbaro, el redondo o de copa, o con el tricornio si es preciso. Pero ahorita mismo, utilicemos nuestro sombrero mexicano, blanco, rojo, amarillo o ese que existe en todas partes para hacer magia, y precisamente es negro, el sombrero del mago
Sombrero de Mago. (Internet)
que nos ayudará a engañar y alejar al mismísimo rey de todos los diablos, un buen sombrerazo y que se alejen para siempre de nuestro camino.

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viernes, abril 01, 2011

PATAMBAN Y SU FIESTA DE CRISTO REY


Por Julie Sopetrán

                                              Tapetes creados para la Procesión de Cristo Rey en Patamban. Foto: Julie Sopetrán

Salimos de Morelia a las nueve de la mañana, tardamos más de dos horas y media en llegar a Patamban, situado cerca de la gran montaña del mismo nombre. Había tramos del camino llenos de charcos de la lluvia recién caída, tierra húmeda, hondonadas, árboles...
La Oficina de Turismo había puesto dos coches todo terreno a nuestro servicio, dos guías, todo estaba perfecto para emprender un viaje a un lugar tan desconocido y  realmente mágico. Lugar al que he vuelto varias veces, para degustar con más conocimiento mi encuentro con el pueblo purépecha.

                                                             Momento antes de comenzar la procesión. Foto: Julie Sopetrán

Mi salud no era muy buena, un catarro frente al cambio de clima, retortijones de vientre, escalofríos, fiebre... Todo iba desapareciendo con algunos refrescos y la impresión de ver tanta gente en un lugar tan apartado, tan escondido, tan imprevisible. Creo que me curaron los colores de tantas flores, de tanta luz concentrada en Patamban ante la celebración de la fiesta de  Cristo Rey. O tal vez fueron los olores, aromas de flores y de frutas, olor a guayaba, a inciensos de mil hierbas... Creo que las imágenes hablan por sí solas. Podría decir que me pareció una fiesta caótica, una mezcla de fe compartida, de humanidad dispersa, de cercanía entrañable, de fiesta y comida, de mercado abierto, todo mezclado y a la vez, en perfecta armonía. Recuerdo que por las calles, mientras se celebraba la procesión, lo mismo se veían grupos de gente portando cerámicas con sus burros, que otro de pastores de cabras dirigidas por un niño hacia su casa.


                                                                           Dos mujeres purépechas conversan. Foto: Julie Sopetrán

Pero a la vez tenías que rezar porque sobre las calles empedradas, una magistral obra de arte, anunciaba el paso del Señor. El último domingo de Octubre, se celebra en Patamban, Michoacán, la Feria de la Loza y la Procesión de Cristo Rey, son fiestas purépechas, todos los pueblos de la región acuden a éste centro de religiosidad y mercado por antonomasia.  Creo que es la procesión en honor de Cristo Rey más espectacular que yo he visto en mi vida. 

                                                                        Una de las calles de Patamban. Foto: Julie Sopetrán

Todo el pueblo colabora en la elaboración de los tapetes, hechos con aserrín y pétalos de flores, papel cortado y artesanías de todos los gustos. Los niños, los ancianos, las madres... Todos hacen camino para que pase Cristo Rey por sus casas.  Creo que son más de tres kilómetros el recorrido por donde el sacerdote va portando en sus manos la Sagrada Custodia. Las calles de este pueblo están todas hechas de piedra y, sobre los empedrados, es donde hacen estas obras de arte con formas de cisnes, mariposas, estrellas y un sin fin de diseños purépechas y cristianos, todos mezclados y realmente creativos.Creatividad viviente, palpitante, compartida.

                        Dos detalles de los tapetes elaborados por la gente del pueblo.

Llegas a sentirte, parte integrarte del lugar, con esa mezcla de todo un conjunto que impregna en tu ánimo, ese ánimo de ser y estar en un lugar carismático, impredecible, único.  Por todas las calles, que no llegas a recorrer en un día, admiras los adornos de papel hecho todo a mano, es pura artesanía. Son flores, formas diferentes, con delicados colores, cintas, arcos  de flores naturales, sendas, todo colocado de tal manera que nadie en el mundo podría hacerlo mejor.

                                 Dos caminitos por donde pasa el sacerdote con la Custodia.  Fotos: Julie Sopetrán

La senda por donde pasará el padrecito, no se puede pisar, porque ese sacerdote, llevará en sus manos la Custodia y todo está hecho para Cristo Rey. El pueblo está construido con adobes, en el rincón más apartado se ven las camelinas adornando el más leve soplo de viento o la gota del sudor silenciosa... Las flores habitan y se ven por todas partes, rosa, amarillo, blanco, rojo, tienen los mismos colores que los tapetes, inspiran a los artistas, a los habitantes, te hacen sentir y gozar, la flor de la canela, la dalia, la flor de changunga, las orquídeas, la flor de calabaza, y algunas que no conozco sus nombres...

                                                     Otro momento de la procesión. Foto: Julie Sopetrán

Las flores cantan en las pirekuas como Izitziki Canela, son canciones que comparan a las mujeres con las flores. Las mujeres envueltas en sus rebozos, portan en sus manos una vela encendida. Sus trajes son muy sencillos, una falda a la que llaman "sabalina" que va sujeta con un ceñidor, algunas dejan sobresalir un poco de tela unos 15 centímetros y así forman como un rollo, estas son las faldas tarascas. Unas llevan la falda negra y otras de colores es como un pañete, las enaguas son blancas como de manta. También llevan dos ceñidores, uno sujeta la falda y el otro es sólo un adorno. Las blusas o camisas  van plegadas al pecho y a la espalda, se ve una jareta a lo largo del escote, que va bordada sobre los hombros, los bordados llevan figuras de flores y animales.


Algunas visten con delantales de cretona haciendo cuadros de muchos colores. Se peinan con dos trenzas y llevan aretes con diseños muy variados.  Aunque una de las prendas más bellas, sencillas y hermosas de la mujer purépecha, es el rebozo, con rayas y flecos. El traje del hombre es también muy sencillo, consiste en una faja tejida a mano, el traje es de manta, el sombrero está hecho de petate o de tubo de trigo, cuando lo usan para todos los días. Siguiendo el paso de Cristo Rey, vemos cómo el Sacerdote reza, se para en una de las calles y con la Custodia bendice a las gentes, mientras tanto el monaguillo con su capa roja y su botafumeiro aviva el incienso.


La orquesta ameniza la procesión. Se sale de la iglesia a las diez o las once de la mañana y se regresa por la tarde a las cinco o las seis, cuando no las siete. Son seis o siete horas de procesión. El paso es la música. Luego, o antes, o cuando se puede y te lo pide el estómago, se comen las carnitas, los sopes, las tortillas, los frijolitos tanta comida que se ofrece en México por donde vayas. Y en esos ratos libres de la procesión, se van admirando las artesanías que por las mismas calles exponen los purépechas para su venta. Diablillos de Ocumicho. Piñas enormes de San José, de color verde y cobre. Ollas de Patamban, hechas con “barro de cascarón”.


Hablaremos en otro capítulo de esos tianguis. Lo sorprendente, fue cuando después de unas dos horas ya casi de noche, me perdí, no sabía cómo regresar al lugar donde habíamos quedado los guías y demás compañeros.

Me perdí porque en cuestión de dos horas después de la procesión, ya habían desaparecido todos los adornos por los que antes me había guiado. Patamban no es un pueblo pequeño cuenta con más de tres mil habitantes, está situado en el Municipio de Tangancícuaro, a tiene una altitud de más de dos mil metros. Buscando mis pasos supe que no estaba tan lejos de aquel adorno centro de reencuentro con mis amigos. Mereció la pena conocer un México verdaderamente profundo, religioso y en armonía con la naturaleza, como nunca hubiera podido imaginar.


Iglesia antes de la procesión (Foto: Julie Sopetrán)

DESDE LA PROCESIÓN EN PATAMBAN



¡Oh Señor! Tú que sabes del gozo y la ternura
de estas gentes purépechas que te adornan los pasos
que te hacen el camino con la flor de la tierra
y las variadas hierbas de acahuales y milpas.
El niño, el viejo, el joven, familiares y extraños,
miramos los tapetes cual si fueran sagrados los caminos:
mariposas monarca, cisnes alados, estrellas jubilosas...
arcos, diseños, marcas, colores, símbolos, reflejos,
triángulos, cuadrados, rombos y líneas paralelas
y mosaicos, y luces, pensamientos
que se cruzan de una  esquina a otra esquina
de una calle a otra calle
viendo pasar a Dios por la belleza.
¡Oh Señor! Tú que sabes de blancos, de amarillos, de rosas,
de negros y de rojos, de azules y de malvas,
de velas encendidas y posturas sublimes.
Tú que te sientas con ellos, los indígenas, y con ellos
dejas pasar el tiempo por esta variedad de afanes,
de nostalgias...
Dame de esa armonía el aire o la flor más dulce
que brilla en la sonrisa de los niños o entre los brillos
de todos los adornos de este día sublime.
Dáme un poco de luz para mis manos áridas
que tocan el espacio, la distancia, la risa de los pájaros.
Dime, dame desde la  ermita la palabra que exprese
todos los contenidos y las formas.
Aquí desde lo más alto de Patamban en procesión de arte
en mercado de sueños
en ilusión de encuentro, en gesto de oración,
en expansión de almas
¡Oh Señor! Cristo Rey, Tú que sabes...
dame un poco de luz para el regreso.


© Julie Sopetrán