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sábado, enero 28, 2012

GUANAJUATO



Texto y fotos: Julie Sopetrán


A Guanajuato en 1988, la UNESCO la nombró  "Patrimonio Cultural de la Humanidad". Es una de las Ciudades Coloniales más bellas de México.  Su paisaje nos transporta a un pasado lleno de batallas que a la vez contrastan con su romanticismo y estética. Es una ciudad-mina. Las casas, las calles subterráneas, las viejas iglesias y sus edificaciones, sus mercados, sus plazas, forman un conjunto arquitectónico de gran belleza. Su barroquismo brota de sus minas y su aspecto pintoresco cautiva al más indiferente de los viajeros.
Ocupa la parte NE de la porción occidental de la Mesa de Anáhuac. Al Norte se encuentra el Estado de San Luis de Potosí, al Este, el de Querétaro, al Sur, Michoacán y al Oeste, Jalisco.  La agricultura y la minería han sido las principales fuentes de riqueza de este lugar. Su extensión territorial es de 30.491 kilómetros cuadrados. Tiene 46 municipios.

Guanajuato es un Estado montañoso al norte por la Sierra Gorda, famosos son sus pinares y encinares; al sur, sin embargo se encuentra la fertilísima y muy rica vega del Bajío llanura que llega hasta Michoacán, donde están instalados tres Distritos de Riego, como el de Pénjamo que utiliza las aguas del río del mismo nombre y tiene una superficie de mil hectáreas.
Estos llanos del sur, se han definido como graneros de la República por la gran abundancia de cereales y legumbres que allí se producen.


Una concejala de cultura del Ayuntamiento me enseñó la ciudad de un extremo a otro, fue tan amable, como servicial y ella me habló de los orígenes y las primeras nominaciones de aquellos asentamientos llamados "Mo-o-ti" que significa Lugar de Metales, como así lo es.
Recuerdo admirar una capilla toda labrada en oro.     Los Aztecas, más tarde, llamaron a la ciudad: Paxtitlan que sería algo así como Ciudad de paja       y realmente la palabra Guanajuato se cree que procede de los vecinos Purépechas: Quanaxhuato, resulta dudoso su significado, puede ser lugar de ranas,  o lugar de muchos cerros. "Cerro de ranas", porque vieron allí una tremendas piedras en forma de ranas. Estas piedras todavía hoy perduran y están en un barrio denominado con el nombre de Pastita. Cuanax que significa rana y huato, cerro.


 Los primeros indígenas que habitaron esta tierra fueron tal vez los chipícuaros, los  otomíes, después desplazados por los chichimecas y otros grupos étnicos como los Pames, Guamares, Guanaxuas...  
Se dedicaban especialmente a la caza y a la agricultura.
Según mi opinión es una de las ciudades más bellas del mundo. Situada en el corazón de México, es una ciudad joya, una piedra preciosa de plata y oro. Y por alguna razón está rodeada de minas de estos dos metales.  Es una ciudad rica en todos los aspectos. Su arquitectura, sus Jardines de  La Unión, el Teatro Juárez; el Museo Iconográfico de El  Quijote con alegorías y detalles relacionados con Miguel de Cervantes; La Plaza de la Paz; el       Palacio Municipal; la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato; el Tribunal Supremo; los típicos cafés; las calles sumergidas en túneles; la famosa Universidad de estilo morisco... Y muy cerca del Templo de la Compañía de Jesús, el Museo Casa de Diego Rivera; y el otro Museo de las Momias y la Alhóndiga de Granaditas, con su magnífica estructura.


Es una gozada pasear sus calles contemplando las casas patronales de la época  que hacen de Guanajuato una ciudad colonial cien por cien. Adentrarse en la ex-hacienda de San Gabriel o pasear por el Callejón del Beso o admirar el monumento al Pípila...
Típicas también son sus instalaciones hidráulicas, la perforación de los pozos que se hacían para las minas como en La Boca del Infierno, que llega a alcanzar los seiscientos metros de profundidad bajo la tierra. 

Sus cerros cónicos que un día fueron el principal centro mundial de extracción de la plata.   Destacan sus iglesias, pero en especial la de la Compañía y la Valenciana, consideradas las más bellas de todo el barroco de América.
En 1531 Nuño de Guzmán entró por Pénjamo hasta el centro del Estado. Los indígenas le mostraron sus tenaz resistencia, porque el español tenía a bien cometer muchos y atroces desmanes y crueldades.  Pero no todos los españoles llegados a América eran malos,  Don Vasco de Quiroga que fue el primer obispo de Michoacán, Tata Vasco, como ya hemos hablado de él en Magias de México, recorrió la región atrayendo a los indios por su bondad y el buen trato que les daba.


Los franciscanos fundaron misiones y así fue como surgieron distintas poblaciones que hoy perduran. En 1548 se fundó la ciudad de Guanajuato, debido al descubrimiento de sus riquezas minerales. En 1554, siendo virrey Don Luis de Velasco, padre, se consolidó la fundación de la villa bajo el nombre de Santa Fe de Guanajuato.


Después de la Independencia, la Constitución de 1857 dejó al Estado aproximadamente su antiguo territorio. Debido a su situación geográfica, situada la ciudad en el centro de la República, Guanajuato ha  sido testigo de importantes acontecimientos y sangrientas batallas entre liberales y conservadores.  Tanto políticos como militares, ha sido zona de conflictos, durante las guerras de la Independencia, de la Reforma y de la Intervención.  Allí nació Don Miguel Hidalgo y Costilla, en 1753, en Abasolo.  La ciudad de Dolores Hidalgo, está llena de recuerdos del Padre de la Patria.


La Alhóndiga de Granaditas, que tomaron los insurgentes. Otro lugar histórico.  En Silao, existe el rancho de El Venadito donde fue capturado Mina fusilado después en Pénjamo, en el fuerte de los Remedios.
Famosa es su laguna artificial de Yuriria, que mide dieciséis kilómetros de largo por seis de ancho, la hizo en 1548, Fray Diego de Chávez, un agustino emprendedor, que fue el quinto Obispo de Michoacán.  Dicen que el fondo de la laguna era un cráter de volcán apagado y la obra consistió en cerrar la parte por donde se perdían las aguas de la lluvia que hasta allí llegaban.



Guanajuato es una ciudad para disfrutarla, si te gusta la arqueología, te recomiendo ir a la zona de Las Plazuelas, o a la zona Peraltas o la Cañada de la Virgen. Es un lujo visitar sus haciendas, sus casas y palacios, sus parques naturales, sus túneles, museos, iglesias y conventos, sus jardines, sus miradores, sus minas, sus innumerables puentes y acueductos, sus jardines...  Visita el exconvento agustino de San Pablo o la Mina de Guadalupe, el Templo de la Concepción... etc..

Al Quijote le gustó Guanajuato, o fue Guanajuato  quien se enamoró de sus andanzas, es un amor mutuo, porque si en algún lugar del mundo se honra y se le da vida al Quijote, es en la ciudad de Guanajuato.  Mi guía me habló del Festival Cervantino que se celebra cada año en el mes de Octubre. Son actos culturales y artísticos a nivel nacional e internacional, en honor a Don Miguel de Cervantes. En estos actos podemos encontrar teatro, exposiciones, ópera, conciertos, cine, artes plásticas, literatura... Es una especie de Guelaguetsa de la Cultura. Se creó en 1972 y desde entonces no ha cesado de propagarse por todo el mundo, teniendo siempre como escenario, la ciudad de Guanajuato.

Las dos veces que he visitado este lugar me he sentido fascinada y con ganas de volver o de quedarme allí para siempre. Investigar cada rincón, cada monumento, pasear los jardines, las subidas y bajadas, adentrarme en la historia, en la gente, en las minas, en su fascinante cultura.
Llegando a la ciudad se siente una sensación de misterio ancestral, de paz, de riqueza espiritual, de algo muy especial y agradable. No sólo es el clima templado, intertropical de meseta, lo que endulza el lugar, es esa originalidad de encontrarte en una ciudad diferente.

Quiero terminar este artículo con la leyenda de la Princesa, de la Bufa. Leyenda entre muchas otras que quedan en el tintero.  Así se llama uno de los cerros que bordean la ciudad de Guanajuato.
Siempre que un jueves cae festivo durante el año, al amanecer, esta hermosa princesa sale al encuentro de cualquier caminante que por allí deambule. El caminante ha de ser varón.  Dicen que sus encantos ya han sido vistos varias veces. La princesa le pide al caminante que la lleve en brazos hasta el altar mayor que hoy es Basílica de Guanajuato. Si lo consigue, la ciudad quedará libre del encantamiento y relucirá como el sol. Le entregará una gran fortuna en plata y oro. Y la ciudad será toda de plata tal y como era hace miles de años. Entonces la princesa recobrará su condición de persona como los demás habitantes.

Resulta muy difícil conseguirlo. Las condiciones son muy extrañas y requieren mucha concentración. El varón que lleve en brazos a la princesa ha de superar pruebas muy duras. Debe caminar adelante sin que nada le turbe y sin volver el rostro a ninguna parte, aunque escuche voces, ruidos o llamadas. Si el elegido varón pierde la serenidad y se da la vuelta, la bella princesa puede convertirse en serpiente y si eso ocurre no se realizará el desencanto.
La tentación es grande, los varones que por allí pasan, lo intentan una y otra vez. ¿Pero quién podrá hacerlo? Ya van varios siglos y todavía no lo han conseguido. El  hechizo está ahí, esperando que un jueves festivo, algún mancebo, poeta, artista, aldeano atrevido, se digne desencantar a la Princesa de la Bufa.

                                                                                                                                                                                                                                 


viernes, septiembre 16, 2011

LEYENDAS DEL ACUEDUCTO DE MORELIA (MICHOACAN)


  

Por Julie Sopetrán

 
El Acueducto de Morelia se fundó en 1549. La obra actual se construyó bajo el mando del Obispo Antonio de San Miguel, 1785. El Acueducto llevaba el agua hasta el límite de la ciudad. Tiene 253 arcos de medio punto, con una altura de casi diez metros, tiene más de 1.700 metros. A tenido varias reconstrucciones, en 1910 se cambió el curso del agua y en 1998 se restauró.  Es uno de los más bellos e importantes acueductos de México.  Uno de los arcos, sirve de pórtico a la calzada de Guadalupe. Algunos asientos sirven para el descanso a la sombra de los frondosos fresnos.  Muy cerca se encuentra el Santuario de Guadalupe con su cúpula bizantina. Alrededor se contemplan las casas señoriales, antiguas, con sus balcones labrados en piedra y con sus rejas protectoras. Entre estas casas, hay una donde vivía un noble hidalgo muy pobre, su padre había sido camarero y guardia de don Felipe V. Luego, él también había tenido un cargo de honor, creando envidias de los criados y favoritos, hasta tal punto que tuvo que refugiarse en esta casa de la Nueva España en el lugar, ciudad,  que entonces se llamaba Valladolid. Don Juan Núñez de Castro, llegó a vivir a esta ciudad con su segunda esposa, Doña Margarita de Estrada y también con su hija, del primer matrimonio, Leonor. Su esposa, arruinó a Don Juan, ella era una mujer muy ambiciosa y se dedicó al lujo y el despilfarro.
Dicen que su hija Leonor, era guapísima, rubia, de ojos azules, delgada, elegante, dulce... Doña Margarita, tenía a su esposa y a su hija, atemorizados.
Leonor se la pasaba en casa sin salir, lavando, en la cocina y sin ver la calle. No  podía ni siquiera salir a mirar por el balcón.
Un día, llegó a Morelia un virrey, era Semana Santa, y viéndola postrada en los monumentos, quedó prendado de Leonor.  Ella lo miró
y aunque nada se dijeron, recibió una carta concertando una cita con el galán, para versen a las ocho de la tarde en la reja del sótano,
lugar donde la encerraba doña Margarita para que nadie viera a su hija.
El apuesto mozo que era don Manrique de la Serna y Frías, español, oficial mayor de la secretaría del virreinato, inteligente, obediente,
buen mozo y con buen sueldo en la corte, se hizo ilusiones para obtener la mano de Leonor, aunque doña Margarita se opusiera.
Pero para ello tenía que verla, hablar con ella y estar seguro de la voluntad de Leonor.   ¿Conseguiría su amor?  Para ahuyentar a los curiosos y a los duendes y aparecidos, pintó en el rostro del paje  una calavera y lo vistió de dieguito,  y se paseaba de un lado a otro por
la calzada de Guadalupe, como si fuera un verdadero aparecido. Eran las ocho de la tarde-noche, cuando clamaban las campanas en los campanarios de las iglesias, como era la costumbre.  Se hizo el silencio, la aparente alma en pena se paseaba cerca del muro donde se encontraba la reja del sótano, lugar en que había quedado para platicar doña Leonor. A esa hora la gente se metía en casa asustada. Pero Doña Margarita que era una mujer muy osada y maliciosa, quiso averiguar qué pasaba... Y fue ella que cerró por fuera el sótano cuando Don Manrique y Leonor platicaban acerca de cómo deberían organizar su boda para pedir a Don Juan la mano de su hija. Don Manrique saldría al día siguiente con su comitiva para México. Pero Doña Leonor, no podría ya salir de aquella cárcel. La puerta estaba cerrada.
Nadie notó su ausencia, ni siquiera su padre que se ausentó por unos días a una hacienda.
Doña Leonor, no quería morir de hambre, y por la reja sacaba su mano pidiendo una limosna, un pedazo de pan, los transeúntes se apiadaban de ella y por caridad le dejaban su limosna.  
Un día, regresó don Manrique, era la fiesta del Corpus Christi, la Sagrada Forma iba en procesión por las calles y llegaron a la puerta de Don Juan, Don Manrique traía la carta del virrey que pedía la mano de Leonor. Don Juan, llamó a Doña Leonor. Su esposa no estaba en
casa, nadie respondía, los sirvientes conocían el dolor de Doña Leonor, por fin encontraron el escondite. Al abrir la puerta vieron que
Doña Leonor estaba muerta. Todos quedaron presos, el padre, la madrastra y los sirvientes. Manrique envolvió su cuerpo con el traje
blanco de boda y la dio sepultura en la iglesia de San Diego. Pasó el tiempo, y cuentan que al caer la tarde, en la reja del sótano de esa misteriosa casa donde vivió Doña Leonor, asomaba una mano muy pálida y descarnada, implorando un pedazo de pan, una caridad por el Amor de Dios. Son historias verdaderas que se convierten en leyendas.
                                                       Fray Antonio de San Miguel

Existe entre la gente otra historia misteriosa acerca del Acueducto. Dicen que el Obispo de Michoacán Fray Antonio de San Miguel, pidió una limosna a los españoles que vivían en Valladolid.  Estos vecinos acaudalados y avaros, se pusieron de acuerdo para no dar esa limosna al Obispo. Pero a la vez, querían quedar bien con él. Se reunieron y le dijeron que tenían su oro en la Caja del Tesoro de la ciudad de México y que no podían sacarlo hasta dentro de un mes. Don Gonzalo del
Roble le dijo al Obispo que si la obra se terminaba en Septiembre, el día veintinueve de Septiembre, día de San Miguel Arcángel, le darían la limosna que les pedía.












Faltaban arcos por terminar y parecía imposible concluir tal obra en un mes. Prometieron, los españoles, pagar al obispo los gastos si para tal día estuvieran terminados.  Muy triste se quedó el Obispo, pensando que era imposible concluirlo para ese día. No obstante llamó a los albañiles y operarios para que se pusieran a trabajar. Y así lo hicieron con verdadero empeño.



Cinco días faltaban para la fecha prevista y una gran desgracia
aconteció. Los trabajadores se enfermaron de un extraño mal.
Tuvieron que suspender sus trabajos.  Pero dicen, que a las
doce de la noche, esa tristeza se convirtió en miedo, faltaban
ocho arcos por terminar y era la víspera de San Miguel, por
todo Valladolid, se escuchó un fuerte martilleo de cinceles,
un trajín de animales de carga, andamios, ruidos, carros, idas
y venidas por la ciudad... Ningún vecino se asomó a ver que
pasaba por miedo, la gente lo escuchó desde sus casas.
Fue una larga y trabajada noche inolvidable. Nadie quería
salir de sus recámaras.
Pero alguien llegó a Valladolid y vieron cómo el agua llegaba a la ciudad a través del Acueducto, los arcos estaban terminados, nadie lo podía explicar.
Aquellos hipócritas que habían negado su dinero, sacaron cuanto tenían en bolsas de oro y se lo llevaron al Obispo, temerosos de que Dios les castigara. Pero el Obispo, bueno y generoso, no lo necesitó porque el milagro se había obrado y el Obispo que tenía sus cajas fuertes vacías de dinero, al abrirlas también estaban llenas.  Dios quiso favorecer ampliamente a la gente de este hermoso lugar de Morelia. 

lunes, mayo 09, 2011

LOS NOMBRES DE LAS FLORES EN LA LEYENDA MEXICANA

                                                     
Fotos y texto: Julie Sopetran
Dicen que los dioses nacen de las flores. Pero según esta leyenda, fueron ellos quienes las crearon y las pusieron nombre. Los niños conocen una historia en México, de lo más curiosa. Está relacionada con los nombres de las flores. Se les enseña a los escolares de cuarto grado. De esta forma se familiarizan con dichos nombres y también aprenden a fijarse en su colorido y belleza.  Esta leyenda me la contó un niño de México, en un cementerio mexicano, allá en Michoacán.
Dicen que, cuando los dioses acabaron de hacer todas las flores que existen, pensaron que tenían que abrir sus corolas frescas por todos los valles y los montes y también a las orillas de las lagunas, sin olvidar las riberas de los ríos o entre los matorrales, también en los ribazos de las carreteras y los caminos o en las milpas. Creo que las flores oyeron las voces de los dioses. Es así como obedecieron y abrieron sus corolas tan hermosas y recién hechas.
Al estrenar la existencia, las flores se sentían confundidas cuando alguien usaba el nombre de FLOR. Dicen que todas volvían la cabeza a la vez. Y lo hacían porque no tenían nombres propios. Los dioses ya habían nombrado a los animales, uno se llamaba oso, otro jabalí, otro calandria, cenzontle, tórtola, cisne…Todos tenían su nombre. Pero las flores no se entendían entre sí porque no tenían nombre propio. No sabían todavía cómo atender a los que admiraban sus encantos.
Así fue como los dioses decidieron reunir a las flores en el Salón de los Nombres y de los Perfumes. Ordenaron a la chachalaca hablantina y al reluciente colibrí que avisaran a las flores, todas, para que asistieran a esta importante reunión. La chachalaca, no dudó en repetir el mensaje y sus gritos se oyeron desde muy lejos. El colibrí susurró la noticia de flor en flor. Durante todo el día y a la hora prevista, las flores desfilaron por la Sala de los Nombres y de los Perfumes y los dioses, que eran muy sabios y buenos, fueron poniendo nombres y creando perfumes en cada una de ellas y así quedó grabado para siempre.

Y los dioses decían: tú te llamarás Azucena, tú Jazmín, tú Gardenia, tú Cuetlaxóchitl, tú Alelí y así todas las flores que conocemos en todas partes del mundo: Azalea, Lirio, Violeta, Alcatraz, Rosa… Son miles de nombres. No podemos conocer todos, pero cada flor tiene su nombre. Y qué decir de los perfumes tan diferentes unos de otros en cada flor, para deleitarnos a todos y también los néctares donde acuden los insectos como las abejas, los dioses pusieron en cada flor una gota de miel para que la abeja las besara. Y también las  mariposas que revolotean sobre los colores.
                                                                       El Cempasuchil (Claveles chinos en España)
Pero sólo una flor no se presentó en la Sala de los Nombres y de los Perfumes. Esa flor jugaba con los niños. La luz del sol la veía bailar y cantar y ella prefirió quedarse con ellos y no asistir a la reunión.
Es una flor muy alegre. Los dioses, que lo saben todo, lo notaron y ordenaron a los hombres y a las mujeres que no la llevaran a los altares ni de vivos ni de muertos, porque a esa flor le faltaba el nombre y el perfume, por lo que no tenía la miel en los labios y sobre todo, le faltaba a esa flor, la bendición de los dioses.
Los niños, dicen que se pusieron de acuerdo en proteger a su flor y fueron ellos los que decidieron ponerle un nombre a la flor sin nombre.   ¿Y saben cómo la llamaron?  Pues… Guie´tiiki o la flor que camina de puntitas. Todas las primaveras, cuando nacen las flores ya cada una con su nombre y perfume propios, cuando los valles se llenan de colores y los jardines de exhuberancia, entonces los niños la esperan y la llaman por su nombre postizo Guie´tiiki. La toman entre sus manos y juegan con ella y bailan y cantan, y desde entonces es así todas las primaveras. Y es que los niños son los dioses de Guie´tiiki. Ella es luz y sabe jugar, aunque no tenga perfume. ¿Tú quieres jugar con ella? Es toda una experiencia de nuestra infancia. Y fue así como este niño mexicano me contó la leyenda de Guie´tiiki. La que hoy quiero traer al blog no sólo para los niños, también para los lectores que todavía tienen alma de niños.