Archivo del blog

18 noviembre, 2010

LA ENTIDAD DE LA MUERTE


LA ENTIDAD DE LA MUERTE


Por Julie Sopetrán

                                  Noche de muertos en Cucuchucho, Michoacán.  Foto: Julie Sopetrán

Otra vez hemos vuelto a crear un altar, a poner una ofrenda, a dar vida a la muerte. A la Noche de Muertos. Otra vez es vivir en el tiempo y la forma lo semejante y lo propio. Acudir, a un entierro, y compartir el dolor con la familia, el adiós definitivo a un ser querido, no tiene ninguna gracia, pero todo depende de cómo lo reflexiones y lo mires.
El sacerdote habla de la fe y a mi me impresiona la mudez, la palidez, el gesto implacable del héroe. Porque sin duda hay que llamar héroe al que muere dignamente en su casa y atendido por su familia. La heroicidad no está en morir sino en morir bien, y así lo entiende también el pueblo p´urhépecha.
Cuando asistes a un entierro regresas a casa cansada, como si alguien se te hubiera pegado a la espalda y te aplastara el ánimo. Después piensas: “¡Levanta la cabeza, sueña otra vez, vive, baila, sonríe, ponte la máscara de los viejitos...!”

Danzante, Muelle de Don Pedrito, Pátzcuaro 2010. Foto: Julie Sopetrán

Y te dejas dormir lentamente entre los murciélagos otoñales de una siesta placentera.
La muerte es todo aquello que destruye, me digo al despertar. Toda exageración anula la luz y así sobrevivimos a la tristeza que nos rodea por los cuatro costados del mundo. La muerte es dar publicidad a lo que a nadie le importa. Como puede ser la idiotez de un divorcio preparado para cobrar una exclusiva en TV. La inestabilidad, la prepotencia, muchas veces nos define y es el sacrificio aceptado el que parece iluminar la estancia. La materia se deshace y los rosados huesos de la calavera, o las manos de palo de La Pelona parecen tocar el tambor del tiempo.
Y en ese sonido dulce-amargo, me pierdo entre las brumas del sentimiento más cálido. Nadie mejor que tú lo sabe, amigo lector, porque igual que yo, hoy, sientes en tus carnes la definitiva ausencia de lo que era y no es, estaba y se fue.
Los pueblos primitivos lo sentían de otra manera. Al llegar de México y celebrar con ellos, los que quedan, la fiesta de la muerte, pienso de otra manera. Me contagia el culto de los volcanes, del fuego, y me siento “quemadora”, como ellos, quemadora de tanta memez e inutilidad reinante, de leñas pasadas y secas que ya no pueden brotar en mis sentidos. No sé quien era Curicaueri, sólo sé que quemaba la leña de sus montes, era un dios hambriento de fuego, y las gentes le llevaban leña para quemar. De tanto quemar no sé si era o estaba negro…  Yo quiero quemar leña de injusticias, de hipocresías, de lamentos falsos. En esa multitud de dioses y diosas del mundo michoaque, Cuerauáperi, diosa de la vida y de la muerte, conocía ya este dolor ardiente que causa la ausencia de la verdad, de la armonía de vivir y compartir lo que somos y lo que tenemos. La muerte no tendría importancia si nos amaramos. Ante la falta del ser querido, quemamos la impotencia de todo aquello que le faltó, nuestra dignidad es el fuego, y es ella, la diosa, la que nos trae la lluvia, la que nos da las mieses y las semillas para volver a labrar una tierra nueva, y así distraer nuestras hambres, nuestro dolor ante esa inconformidad que muchos padecemos. De esa forma, celebrando la muerte, parece que tuvieran fundamento y, a la vez fueran libres nuestros recuerdos. ¿Cómo podríamos desmaterializar el beso cuando el Amor se arraiga en los labios?  Después, en muchas tumbas vemos a la Virgen de Guadalupe, Ella es la diosa moderna que también nos conforta y nos conforma.
La muerte nos hace saber que nada dura más de un siglo y que sólo la luz tiene sentido en nuestra noche. Por eso es el espíritu el que susurra en el aliento. El que vuelve a visitarnos. Son los colores vivos los que nos recrean, es la fotografía la ventana más fuerte, más cálida, más nostálgica que nos hace  recuperar la sonrisa en el altar de la Noche de Muertos.
                Niña encendiendo su vela en la Noche de Muertos en Zurumútaro. 2010. Foto: Julie Sopetrán

Son las flores, las ofrendas, los panes, los que dan carácter y fuego a los sentidos, es la vela encendida la que oscila su mano hacia todos los polos y nos lleva, nos lleva y nos trae hacia el centro de todos los misterios.
La oferta es ofrenda de camino y de caminante. Resucitamos en cada acoso publicitario. Confirmamos la esencia de nuestros suspiros cuando nos unimos como hermanos para hacer fuerza, para  parir la paz en este bosque perturbador del mundo.
Damos vida a la muerte, porque creemos en la civilización, en la hermandad, en la historia ancestral, en ese Amor que dura más de un día. Es cierto que el cuerpo está corrupto, es cierto que la masa duerme, que la voluntad pertenece a un mundo encantado, que la justicia se esconde entre los más grandes intereses del orden y el manejo espectacular del dinero, que nuestras mentes ya son casi robots  manipulados por meras simples palabras sumergidas... Aún así, teniendo el conocimiento de la causa, sabiendo que somos víctimas del más triste fracaso cultural, humano, es preferible soñar, dejarnos llevar por el instante de la fiesta, muerte iluminada, muerte alegre,mística contemplacíón de la noche que nos libera de la esclavitud y nos hace florecer las ideas en la implacable autenticidad de lo real. 




                                                         (Articulo publicado en el periódico bilingüe La Oferta Review, San José, California, con motivo de la celebración que la comunidad mexicana
prepara cada año en honor a la muerte. Octubre 14, 2003. Revisado 2010.)

17 noviembre, 2010

EN EL LAGO DE PÁTZCUARO

EN EL LAGO DE PÁTZCUARO

Por Julie Sopetrán

                                En el palacio de los príncipes p´urhépechas, estandarte tradicional. Foto: Julie Sopetrán

Llegamos a Pátzcuaro el día 31 por la tarde, en la Plaza Mayor, se respiraba el ambiente previo al Día y Noche de Muertos. Los vendedores invadían las calles, un grupo de danzantes bailaban la Danza de los Viejitos. Niños, ancianos, familias enteras vendían de todo, desde calaveritas de azúcar, pan de muerto, cirios, copal, candelabros, hasta lo más inverosímil, ranitas artesanales, miniaturas, para la buena suerte, que movían sus cabecitas a un pequeño soplo de viento… Apenas se podía caminar entre la gente. Por todas partes había altares de muertos, estandartes elaborados con flores amarillas de cempasuchil, el sol se alejaba por el lago y una luz tenue ensalzaba las torres y los edificios de Pátzcuaro, dando al lugar un tono de reciente lluvia, de humedad, de colores mojados y envueltos a  la vez por el griterío de la fiesta.  Vinieron a mi mente esas civilizaciones de antaño, los pueblos p´urhépechas oriundos de este lugar mágico, pueblos que no sólo han dejado huella en estos lugares, sino que sus herederos conservan todavía hoy tan cuidadosamente sus tradiciones. Por alguna razón Pátzcuaro, ha sido nombrado por la Oficina de Turismo, como uno de los Pueblos Mágicos de México.

                                                               Calle típica de mercado en Pátzcuaro. Foto: Julie Sopetrán

Ellos creen que no todo acaba con la muerte, por el contrario, el espíritu continua vivo  en lo que llaman el Mictlán, que bien puede ser un Paraíso. Desde este lugar las almas todos los años visitan a sus familiares en la tierra. No se ven. Pero se perciben, se sienten en el ambiente familiar y comunitario.  Es así como se celebra la fiesta, el llanto y el dolor no existen, por el contrario, todo se prepara para recibir la visita de los que fallecieron. Todo es como un banquete, los mejores manteles, los más exquisitos sabores, comida en todas las casas, no sólo para los muertos que se les cocina el plato preferido, también para los invitados, para los forasteros. La filosofía p´urhépecha es compartir. Dar y recibir. Es de muy mala educación ir a visitar una ofrenda y no llevar algo para el muerto al que se memora, tan mal visto está eso como no aceptar la comida que te ofrece la familia con verdadera generosidad. No compartir sería un desprecio. Pero lo que he observado en esta fiesta es esa unión de las familias. Todos se reúnen en los patios de las casas para hablar, para recordar, para comer y beber y para ser ante todo una comunidad dialogante.
Pátzcuaro es tal vez el centro, la capital p´urhépecha por excelencia.  En esta ciudad se respira el aliento “michoaque”, también “tarasco” de Michoacán, del Lago de Pátzcuaro, “lugar donde abunda el pescado”.

                              En la Plaza Vasco de Quiroga, danza de los viejitos. Foto: Julie Sopetrán

Son más de veinte pueblos los que rodean el Lago de Pátzcuaro que tiene un litoral de 55 kilómetros.  Existen cinco islas y algunos islotes. La más bella de las islas es Janitzio, según dicen significa “donde llueve”, otros dicen que es “cabello de elote”. La isla es de piedra y produce algunos frutales como el durazno. En Janitzio se fabrican redes, que las llaman guaracas, que son redes anchas de hasta 200 metros. También se fabrican redes cueremicuas, que son más angostas y las guarumutacuas y tirhuspetacuas que son redes en formas de cucharas y sirven para la pesca de pescados como tíruhs y de la chegua. Estas redes y barcas son conocidas como mariposas, por la forma que le dan los pescadores, parecen mariposas en el agua. En lo alto de la isla podemos visitar la gigantesca estatua de Don José María Morelos y Pavón. En su interior se puede contemplar una colección de pinturas que describen la vida del héroe mexicano. Toda la isla es en subida por limpias calles donde el olor a comida reanima el apetito en los caseros restaurantes.  Lo más hermoso de esta isla es cuando sus pescadores, no sólo pescan sino que cazan los patos, suelen hacerlo el día primero de Noviembre. Numerosas canoas salen en busca de los patos que los cazan con una especie de carrizos de tres metros de largo que terminan en puntas de hierro en la parte delantera, una especie de arpones artesanales. Las canoas son tan originales que están hechas de un tronco de árbol muy grande. Los patos los cocinan para las ofrendas y también para comerlos en familia. Es realmente hermoso contemplar el Lago desde lo alto. Un lago misterioso, donde tienen cabida muchas leyendas.
Según me contó un anciano en Pátzcuaro, el lago que divisamos desde cualquier rincón de la ciudad, nació aquel día cuando los nativos p´uhrépechas eran dueños de sus tierras y las cultivaban, habitaban los montes y eran felices en el lugar porque tenían su alimento con el purú y el tziri, el tejote y la xhengua, el delicioso guaraz y el sabor tecua que les proporcionaban las abejas. Productos de la tierra, maíz, calabaza… Su naturaleza era como un Paraíso cuidado y protegido por la madre Cuerápperi, en este lugar vivían también los guacúsecha, hijos de aquella feliz pareja que Tucup-Acha había introducido en este paradisíaco lugar, con la idea de poblar el mundo y extender toda su descendencia.

Una calle de Pátzcuaro. Foto: Julie Sopetrán

Un día, esta vida feliz del lugar se vio truncada, la atmósfera empezó a calentarse de tal manera que los campos se secaron y la mortífera asfixia les hacía marchar a otros lugares. Todos huyeron hacia el Norte, incluidos los animales de la zona, como el zorrillo, los tlacuaches, las ardillas, las zorras, los tejones, conejos... Los hombres imploraban la piedad de los dioses. Y dicen, que en medio de aquella confusión, se oyó un ruido terrible, y se vio una enorme bola de fuego que descendía centelleante hacia sus cabezas. La enorme bola tocó tierra y todo tembló como si se tratara de un cataclismo, dicen que los montes abrieron sus entrañas y de sus venas brotaron grandes torrentes de agua hasta crear el bellísimo lago de Pátzcuaro. Los hombres, seguidos de los animales, regresaron a las orillas del Lago, sus tierras habían quedado anegadas, pero los dioses les dijeron que el lago les daría su sustento. Y así fue, cantidad de peces nacieron en aquellas aguas cristalinas, hoy contaminadas. Peces como el urápiti, el charari, la acúmera y el thirhus, pescados blancos de exquisito sabor.  Dicen los nativos que el lugar donde cayó la bola de fuego se llama Huecorio, que quiere decir, (lugar de la caída). En este pueblecito hay una roca que aún la llaman La Huecorencha (Lo que cayó). Esta leyenda la van transmitiendo de unos a otros y así se conserva desde muchos siglos atrás, incluso mucho antes de que llegaran los españoles.

                                          Mujeres con velas en Pátzcuaro. Foto: Julie Sopetrán


Y lo cierto es que Pátzcuaro, es una ciudad muy especial. La Casa de los Once Patios, en lo que es parte del Convento de Santa Catalina, allí se  pueden encontrar toda clase de artesanías. La Basílica de Ntra. Señora de la Salud, antigua catedral del siglo XVI, donde está enterrado Vasco de Quiroga, la imagen de la Virgen está hecha de pasta de caña y es muy venerada por los p´urhépechas. El Mercado, la Plaza principal llamada también de Vasco de Quiroga, rodeada de árboles centenarios, con mansiones realmente coloniales, soportales y pórticos que le dan un sabor especial a Pátzcuaro. Sus edificios de adobe y teja armonizan su entrañable paisaje de casas solariegas, antiquísimas. En el Muelle de Don Pedrito tenemos una exhibición de danzas ancestrales y en la noche, en el Lago, una exhibición de los pescadores con sus redes en forma de mariposa.  
                                                 Pescador mariposa en la noche. Foto: Julie Sopetrán
  

16 noviembre, 2010

VII CONGRESO INTERNACIONAL DEL CORRIDO MEXICANO

SE CELEBRÓ EN MORELIA, (MICHOACÁN)  MÉXICO

 EL SEPTIMO CONGRESO INTERNACIONAL DEL CORRIDO.

Texto y fotos: Julie Sopetrán

                                          Personalidadades de Michoacán presentando el Congreso. Foto: Julie Sopetrán

Fue para mi una experiencia, participar en el Séptimo Congreso Internacional del Corrido mexicano, en honor a Margit Frenk y Guillermo E. Hernández.   Se inauguró el día 28 de Octubre de 2010, a las 10:00 horas en el Museo del Estado. Asistieron, el Secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz. El Presidente del Colegio de Michoacán, Martín Sánchez Rodríguez. La Doctora Gabriela Nava, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Álvaro Ochoa Serrano del Colegio de Michoacán y Jame Nicolopus, de la Universidad de Texas. El Gobierno del Estado de Michoacán, a través de la Secretaría de Cultura y su Centro de Documentación e Investigación de las Artes, así como, la Comisión Estatal del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, en Coordinación con el Colegio de Michoacán y la Fundación Arhoolie, hicieron posible que este Congreso se llevara a cabo con gran éxito de participación, tanto de conferenciantes como de escuchantes. Con el lema: Michoacán Trabaja, la colaboración y el buen hacer mantuvieron un nivel intelectual de gran calidad.

Escenario del VII Congreso.  Foto: Julie Sopetrán 

Desde las palabras inaugurales, pasando por el devenir cultural de México, de Isabel Contreras Islas, de la Universidad Iberoamericana; se analizó el corrido en su historia y tradición mariachera de las mañanas de Nayarit a cargo de Jesús Jáuregui, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia; se analizaron las canciones-corrido sobre personajes de ficción, institucionalmente historizados, a cargo de Antonio Ávila, investigador independiente;  se habló de la contra revolución cristera en el corrido mexicano y se encargó de hacerlo Rafael Torres Sánchez, de la Universidad de Guadalajara y Colegio de Michoacán; y fue Raúl Eduardo González, de la Escuela de Lengua y Literatura Hispánicas de la U.M.S.N.H el que habló de refranes y frases proverbiales en el corrido mexicano; También Julie Sopetrán, aportó su visión desde España en un viaje de 200 años de historia con Juan Diego Razo Oliva, comparando el romance con el corrido; Alejandro Martínez de la Rosa, de la Universidad de Guanajuato, hizo un recorrido por los Cristeros y narcotraficantes de la Costa Sierra de Michoacán en un siglo de corridos; Roberto Sánchez Benítez, investigador de la U.M.S.N.H, habló de Américo Paredes y el corrido como forma literaria de resistencia fronteriza chicana; María Herrera Sobek, de la Universidad de Santa Bárbara, California, se adentró en el análisis de la creación artística y activismo político del corrido; Cecilia Alcántara Ceja, del Colegio de la Frontera Norte, habló desde el México de afuera. El emigrante mexicano a través del corrido 1924-2008; María Luisa de la Garza, del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, habló ampliamente de los corridos norteños de Chiapas; fue Ulises Pineda Miranda, de UAM Xochimilco, quien expuso la representación del Si del sicario mexicano en You Tube; Lucila Lobato Osorio de UAM, habló del “no quiero llanto de nadie: como definición y características del corrido;  Cecilia Aragón, de la Universidad de Wyoming, habló de la producción cultural en el corrido de Billy the Kid, valiente, bravo y querido de la gente Nuevo mexicana; Christine B. Arce, de la Universidad de Miami, habló de la figura de Emiliano Zapata en la Bola Suriana; Rafael Orozco Flores, de Cineteca de Michoacán A.C. habló de la revolución al narcocorrido en el cine mexicano; Ricardo Pérez Montfort de CIESAS-UNAM, explicó lo referente al corrido y el estereotipo mexicano de las hojas volantes al cine; Francisco Ramos, del Comité de la Conmemoración de Bicentenario de Tamaulipas, expuso el corrido como generador de mitos de la Revolución Mexicana; fue Jorge Amós Martínez de la Facultad de Historia de U.M.S.N.H, el que habló del género y géneros… mujer corridera y corridos sobre mujeres… Doña Crescenciana Borja y el corrido de Rafael Castillo y la niña Carolina;Gabriel Medrano, de la Universidad de Guanajuato, disertó sobre el corrido de los Pérez y la otra versión de los sucedidos; Luis Omar Montoya Arias, CIESAS, Peninsular Mérida Yucatán, habló de Paulino Vargas Jiménez, el padre del corrido moderno- Para hablar de la lumbre hay que tener color, si no eres puro hablador…”; fue María J. Ramírez M. del Instituto de Investigaciones Históricas de U.M.S.N.H, quien expuso el corrido y la transmisión de saberes en la costa de Michoacán; Juan Antonio Fernández Velásquez, Dense Muñoz Asseff, de la Universidad Autónoma de Sinaloa y Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, hablaron de las soldaderas, contrabandistas y mafiosas: la figura femenina a través del corrido mexicano.   En intermedias del día 28 y 29 de Octubre, también se presentó el libro: Corridos Históricos de la tradición del Bajío, dos volúmenes, dos obras de arte, en cuanto a edición se refiere, su autor Juan Diego Razo Oliva, de la Academia San Carlos de la Ciudad de México. Ediciones Jitanjáfora representado por José Mendoza. Este libro fue presentado por Raúl Eduardo González y Julie Sopetrán, Jorge Amós Martínez y Luis Omar Montoya Arias.
                                                                         Actuación de corridos. Foto: Julie Sopetrán

El Congreso tuvo una gran relevancia y fue un placer compartir con los ponentes, no sólo las ideas, sino también la música, los corridos y el acercamiento que surgió del encuentro compartido. En la clausura actuaron varios grupos de Michoacán y todos  quedamos a la espera de un próximo encuentro.
_________________________________

Han sido varias las personas que me han pedido el contenido de mi participación en este Congreso Internacional del Corrido Mexicano. Para estas personas, para mis amigos y para quienes quiera leerlo, inserto aquí mi ponencia. Admito críticas, comentarios, sugerencias, opiniones... ya que soy novicia en el tema. Muchas gracias.

UN VIAJE DE 200 AÑOS DE HISTORIA CON JUAN DIEGO RAZO OLIVA.
(Una visión desde España del Corrido Mexicano)

SEPTIMO CONGRESO INTERNACIONAL DEL CORRIDO – Morelia (Michoacán)

Por Julie Sopetrán  (España)


Comienzo esta conferencia con un corrido inédito, creado por la mexicana, con residencia en España, Roxana Río. Ella compuso este corrido en Madrid, cuando se casaron los Príncipes, y ha querido prestármelo para que lo presente en este Congreso, así pues, con su autorización lo vamos a escuchar. No sin antes agradecerles esta invitación a participar en el VII Congreso del Corrido en Morelia. Es para mí un placer no sólo participar sino aprender de todos Vds., la vivencia y las enseñanzas del corrido mexicano.
El Profesor Juan Diego Razo Oliva,  me ha llevado de lleno, con su antología, al corrido mexicano que tanto tiene que ver con la tradición oral española, y también a la inversa, cual viaje de ida y vuelta en intercambios musicales de los dos países.  Nuestra educación oral está fundada y reconstruida desde los propios cantos de la abuela que han recogido los sabores y los sentires de cada época en relación con la historia o como refiere Menéndez Pidal, “al calor de los acontecimientos” que es así como surgen los cantares que permanecen fijos en nuestra memoria.

Recuerdo canciones de cuando era niña, “La Cucaracha”, “Adelita”, “De piedra ha de ser la cama”, “La llorona”  y tantos sones y acordes conocidos y tan populares en México como en España. Han pasado años cantando en cada rincón y hogar de mi tierra, estas canciones de México que no sólo mi abuela, sino mi hermano cantaba cuando iba arando los campos en su tractor, o cuando ponía la música en su automóvil, y que, curiosamente, la gente se aprendía  de memoria para divertirse y no olvidar. Así se repetía cada estrofa en los acontecimientos familiares o en comunidad o en el propio recogimiento de la necesidad personal.

Con esto quiero expresar la vigencia estable y la autenticidad del corrido mexicano en España, en todas las regiones y especialmente en Castilla. No podemos descartar en esta comunión de influencias, la árabe, muy marcada en nuestro Romancero Tradicional transmitido oralmente por los juglares.
Si fueron dos andaluces, (un soldado y un clérigo) Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, los dos primeros colonos españoles que allá en 1512, llegaron perdidos a la costa de Yucatán,  bien podríamos decir que el primer canto español en México fue andaluz, porque uno era de Huelva y el otro de Sevilla y después, extremeños, castellanos, vascos, gallegos, catalanes, asturianos… todos y cada uno, sin duda, dejó en México su propio cantar.  


Una fusión de tradiciones orales vivas, que mezcladas con las autóctonas de México, dieron vigor y vida al corrido mexicano.  Estos clérigos, escribanos, colonizadores, conocían muy bien el romance, el zéjel, las jarchas, las coplas  y los cancioneros, que eran los mejores periódicos de la época. Aquellos sonecitos y jarabes criticando a la Corona Española y al clero, no son sino la herencia del romance contando y cantando las hazañas y desventuras de moros y cristianos o la picaresca de las coplas de picadillo que los amantes se transmitían a través de las rejas de las ventanas a la luz de la luna o las rondas tradicionales de Los Mayos en España primero y, luego en México.

Y en esta introducción no puedo mostrarme indiferente ante el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana.  Quiero rendir mi homenaje al Grito, el grito que es también Corrido, el grito que es pensamiento antiguo y contemporáneo, amor, miedo, revolución, queja, clamor, reclamo, vida y muerte…

Frente al Grito de Dolores con el Padre Hidalgo, otros gritos me parecen pequeños, diminutos: el grito de Munch, por ejemplo, es tan sólo un bosquejo de grito pintado. El grito de los Tambores Lejanos de Wilhelm, se desvanece en el recuerdo. El grito de Tarzan se diluye en la selva… El grito del Padre Hidalgo fue un grito de la calle, de la tierra, de justicia, de socorro. Fue un grito creativo, sagrado, puso su grito en el cielo y las campanas se callaron para que no fuera un grito sordo, para que a voz en grito el pueblo se levantara, para que a grito pelado, la voz sonara en grito de batalla. Y fue así como el grito se alzó y a él se unió la mismísima Virgen de Guadalupe y, esa voz en voces, emitida con mucha fuerza, ha llegado hasta hoy y ahora a todas las almas sensibles del mundo, sobre todo del mundo que hablamos el mismo idioma que el Padre Don Miguel Hidalgo y Costilla.  Su grito, es el corrido mexicano, mejor cantado de la historia de México.


“Quien en un lugar mora / siempre lo suyo puede menguar” dice el Cantar del Mío Cid.  No sucede esto con el corrido mexicano, ni con las influencias de músicas comparativas de España y México o México y España. Porque las dos se fusionan en intercambios, desde la Conquista hasta nuestros días. No podemos decir lo mismo de las músicas de otros lugares hispanos de uno y otro lado del océano.  Todo lo que suena arraiga en la riqueza de nuestra lengua, se nutre de los vocablos primitivos, tanto germánicos, como mayas, tanto griegos, como purépechas, tanto árabes como aztecas…  En nuestra manera de hablar y cantar hay sones comunes y a la vez diferentes y eso es la música. Pero en la música es importante también el silencio y el tiempo. Ese espacio donde creamos vínculos porque es en la analogía de las palabras donde se esconden nuestras raíces. En la sintaxis abrazamos y enlazamos nuestros orígenes de la poesía y en la fonética somos, creamos un mismo sonido de lenguaje y es entonces cuando cantamos las diferentes ideas y sucesos.   Es cierto que nuestras cuerdas vocales respiran diferentes aires, porque somos voces inarticuladas, somos gritos y hemos sido onomatopeya antes que palabra articulada, vocales y consonantes fuertes y débiles, recreadoras de ecos ancestrales.

Escuchamos y repetimos y damos a nuestra música, la historia, yendo en todas las direcciones del aire que nos lleva y que nos trae al propio encuentro. Por ello, nuestra lengua seduce al mundo desde la voz que es el corrido.  El verso octosílabo que es el romance, expresa un sentimiento completo que puede ser variable o invariable. 

Como los mismos géneros de nuestra lengua el corrido creció masculino, así vemos que en España, pocas veces nos hablan de mujeres juglares, o juglaresas, también la juglaría es masculina. Quiero hacer un paréntesis, sí hubo una juglaresa o mejor dicho una trovadora distinguida: Eleonor o Leonor de Aquitania, (1122-1204) reina de Francia y de Inglaterra y nieta del primer trovador Guillermo de Poitiers. Se perdieron sus trovas pero quedó su testimonio.


Decía anteriormente, que los géneros, también son neutros, comunes, epiceno y ambiguos.  Leyendo la Antología del Profesor Juan Diego Razo Oliva, observo la masculinidad, la figura del macho en el corrido. El caballo, el revolver y “la” muerte, lo femenino secundando el valor y la bravura o muriendo de amor en los brazos del más valiente.


Leyendo la Antología mencionada, identifico más al corrido con el Cantar del Mio Cid, con el romance declamado o recitado por juglares, trovadores o segreres. Y es ahí donde encuentro la gran diferencia entre corrido y romance. El romance es recitado en su mayoría y el corrido es cantado casi en su totalidad. 


Fueron los primeros juglares y después, los poetas, entre 1083 y 1093 cuando en España convivían musulmanes y cristianos, Castilla y el Al-Andalus, determinaban fuertes lazos de convivencia. Más machismo añadido. Aunque la cultura árabe en aquella época era superior a la occidental. Menéndez Pidal señala el hecho importante que acaece en esa mitad del Siglo XII, cuando un juglar desconocido de Medinaceli, provincia de Soria, escribe el Poema del Mío Cid. Se ignora en qué fecha lo compuso y quien fue el autor.

El único ejemplar que existe en la Biblioteca Nacional de Madrid, data del siglo XII y es una copia de otro ejemplar anterior de tradición oral. Entre los muchos personajes que cuenta este cantar descubrimos la figura de Doña Jimena, esposa del Cid, su hijo Diego, entre otros familiares y amigos, así como el nombre de su caballo, Babieca y, de su espada, Tizona. Vemos que para el Cid la familia era muy importante, (como lo era también para el Padre Hidalgo, incluido en su grito: “Viva la familia”). Y todas estas características, las encontramos igualmente en los corridos, la tradición oral, permanece, se hace romance en torno al Cid y corrido en torno a tantos héroes mexicanos, guerrilleros, luchadores, generales, sacerdotes, bandoleros, toreros, capitanes, nombres propios imborrables como el Padre Hidalgo, Zapata, Pancho Villa, Morelos y tantos hombres de bien que triunfaron con sus ideas en la desesperanza…


Los juglares se inspiran en las hazañas, es el tema central, en el Cid es la restauración del honor perdido por un destierro injusto, en el corrido sucede lo mismo, hay una razón injusta, una lucha, una añoranza por conseguir justicia. En ambos el caballo, es importante. En uno la espada en otro el revolver. Pero no deja de ser lo lírico, lo épico y lo dramático que se completan en los géneros tanto en el romance como en el corrido.   Incluso concibo más el ritmo en el corrido por ser melodía, por ser armonía, por ser también música. El romance guarda más su silencio por ser sólo voz…

Crecí escuchando las voces de los arrieros, de los segadores, de mi padre cuando labraba las tierras con mulas y bueyes, siempre cantaba canciones populares. Las nanas, las canciones de los soldados en la post guerra, aquellas canciones expresaban un grito ancestral que es el que marca las diferencias y a la vez las une. Ahora no se escucha canción alguna en los campos, el mundo ha cambiado, ¿Tendríamos que volver a esas canciones para responder al Grito de Dolores?

¿Dónde se fueron las peteneras, las serranas, las jotas, los jaleos, las rondeñas, los vitos, las folias, las saetas, las granadinas, los fandangos, los olés, las trovadas, las nanas, las cañas…, por comentar algunos de nuestros cantares?  
La Edad Media, la Iglesia, los Trovadores, España colonizadora, ha sido rica en canciones populares, la más rica de Europa por sus variedades étnicas, desde los íberos, los celtas, los fenicios, los romanos, los griegos, los visigodos, suevos alanos y vándalos, los árabes, los judíos, los peregrinos… Esa riqueza unida a las culturas indígenas mexicanas, ha engendrado la fuerza y el vigor que hoy tiene en el mundo la música del corrido de México.


De la influencia indígena, europea y africana, nace la música mestiza que es la que hoy predomina en América, pero lo curioso es que en España no se cantan otros sones que no sean de México, cuando nos reunimos un grupo de amigos no cantamos con la música mapuche, o la cueca de Chile, ni tampoco con la marinera  peruana o los sones de la marimba guatemalteca, desconocemos los pasillos y los sanjuanitos de Ecuador, ignoramos la cumbia colombiana, poco sabemos de la milonga costarriqueña, aunque se hizo popular en España la bachata y el merengue; también el reggaetón de Puerto Rico;  tal vez estamos más familiarizados con Argentina por el tango o con Cuba por la salsa, el mambo y el cha cha cha, pero no consiguen la popularidad del corrido o del bolero mexicano. Ni siquiera Brasil con su bossa nova llega a completar el éxito del corrido.

Volviendo a la época de la colonia, me pongo en lugar de las gentes indígenas escuchando aquellos nuevos cantares religiosos, profanos… Me acerco al gran silencio del tambor hecho con troncos de madera hueca, lo más parecido a las marimbas, la flauta de barro cocido o de carrizo y caña, el caracol marino horadado en uno de sus extremos ofreciendo un sonido ronco y fuerte, o el raspador de fémures humanos y las sonajas de semillas, los silbatos, las piedrecillas metidas en los carapachos de tortuga, las calabazas huecas y las conchas marinas… Todos estos instrumentos ¿quedarían callados?  Me llegan sus gritos ululantes, doloridos, tristes, fúnebres, alegres, libres, oprimidos. 

Aquellas danzas sangradas, rituales, “mitotes”, máscaras, danzas totémicas desaparecidas.  Mi respeto para estos pueblos creadores mexicanos, para el indígena que se convirtió en alumno y aprendió con rapidez a tocar y a cantar, a componer y a crear nuevos instrumentos musicales. Cada provincia encontró su modalidad. Y fue en esa revolución de 1910 cuando México se enriqueció de corridos y de baladas , los soldados expresaban su sentir en los cuarteles, los Maestros de Música compusieron canciones inolvidables, los sectores sociales se unieron no sólo a las armas de la revolución, sino también a esas canciones con las que se sentían identificados.  Porque el ser humano imita, anima, aprende, se contagia, produce su música y la palabra es su ofrenda es su líder al que está agradecido.

Tanto los romances como los corridos, tienen su momento que enaltece la vida colectiva: son canto para la siembra, para la cosecha, para la pesca, para pedir la lluvia, para dar gracias, para reír, para llorar, están llenos de simbolismo, de esa esencia y vitalidad humana que los distingue.


Quiero terminar esta exposición, recordando una de las reglas de la juglaría que nos puede servir para enaltecer el arte de trovar y para saber lo que era el periodismo en la Edad Media, una fiesta de recursos que la historia convirtió en música, en canción, en romance y en corrido. Porque es el divertimento, el juego, la poesía, la música, el arte, lo que hace felices a los pueblos. Lo que nos une, lo que crea y recrea las identidades.

“ Sepas bien inventar y rimar y en apuestas y concursos dar buenos acertijos… con garbo tocar
            el tambor y los platillos y la rústica lira. Has de saber echar manzanitas al aire y cazarlas al vuelo con cuchillos; imitar el canto de las aves, hacer juegos de manos con los naipes y saltar a través de cuatro aros.
Has de saber tocar la citola y mandolina, el monocordio y la guitarra, has de saber encordar la rotta de diecisiete cuerdas; tratar bien el arpa y acompañar con la viola para hacer más agradable el canto juglar: debes  saber componer y arreglar nueve instrumentos (vielle, zampoña, flauta, arpa, lira, viola, decacordio, salterio y rotta) si aprendes a tocarlos bien, estarás en condiciones de satisfacer a todas las exigencias. Toca también el organillo y haz sonar los cascabeles”.

Estos eran los instrumentos musicales de la época, no olvidemos que el gran acontecimiento histórico de la Edad Media, fueron “Las Cruzadas” , los trovadores nacen al fuego de las hazañas, las aventuras, son guerreros movidos por la fe cristiana y esto es lo que dio nacimiento a los cantares de gesta. La ausencia y la lejanía del ser amado, de la esposa, de la hija, de la mujer amada de sus sueños fueron el estímulo para sus cantares y esos cantares favorecieron el culto y la devoción a la mujer como mujer. El trovado es el cantor noble y el juglar es el plebeyo, el más vulgar; los intermedios son los segreres, los hidalgos y los escuderos.  Los trovadores componían en la Lengua del Norte y los juglares en la de Mediodía. El Rey Alfonso el Sabio fue trovador y desarrolló la cantiga que carece de estribillo y se diferencia del romance porque es cantada, tanto la letra como la música, la componían los trovadores. Está compuesta por versos octosílabos o endecasílabos El juglar es el que cantaba lo que los trovadores componían. Las más famosas cantigas son las gallegoportuguesas, recogidas en el cancionero. Existen cantigas de amor, de amigo y de escarnio. También existe la cantiga de maldecir. Las de Santa María. Y no podemos olvidar las cantigas de Sefarad o sefarditas. La cantiga no es tan popular como el romance, no llega tan directamente al pueblo llano. Es más sofisticada y culta.

La historia ha mezclado a trovadores, juglares y segreres, a ese conjunto de conocimientos se les dio el nombre de “Gay Saber” y mucho de lo que sabemos y aprendemos se lo debemos a ellos. Y también gracias al Profesor Juan Diego Razo Oliva, leyendo su Antología de Corridos Históricos de la Tradición del Bajío, he conocido más de cerca a México, sus héroes, sus gentes, sus corridos, su geografía, su dimensión cósmica, sobrenatural y humana. Me he percatado que el corrido da cuenta de hechos históricos, se apega al sentimiento y, como el pueblo, es pícaro, corteja, declama, juega con la voz, expresa la pasión, el despecho, la soledad, el odio, el amor, la muerte, el corrido no sólo pide permiso para la interpretación, sino que se adentra en el corazón mismo del ser para hablarle de un montón de cosas que pasan, que suceden, y después de narrar su historia, se despide con su arpa, su guitarra y su vihuela…  
Y ese es el gran poder y la grandiosidad de La Palabra escrita, hablada, cantada y transmitida a los demás a través de los tiempos con todas sus batallas y revoluciones.
________________

 
PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “CORRIDOS HISTÓRICOS DE LA TRADICIÓN  DEL BAJÍO” De Juan Diego Razo Oliva. Dos tomos artesanales y bellamente editados por Editorial Jitanjáfora  de Morelia - Michoacán.

Por Julie Sopetrán

                             Juan Diego Razo Oliva - Autor del libro.  Foto: Julie Sopetrán

No es fácil para mí, por ser española y desconocer muchos detalles, presentar esta antología. Conocí parte de El Bajío, en mis viajes anteriores cuando visité Zamora y algunos lugares del Noroeste Michoacano, cuando viajé a Jacona, Guanajuato y también Jalisco… Me impresionaron  sus llanos, sus cerros, sus lagunas, también conocí el Lago de Chapala en Jalisco. Digo esto, porque es necesario situarse en la región de la que habla el Profesor Juan Diego Razo Oliva. Es importante conocer la historia para poder hablar de ella y, la historia que nos enseñan de algunos lugares, luego no coincide con la realidad del mismo. Tal vez  porque algunos historiadores escribieron de memoria lo que a otros les convenía divulgar. Lo importante es conocer la historia en directo, en vivo, tal como lo ha hecho y descrito nuestro autor.   La lectura de esta antología me hizo recordar gentes que conocí en California y que procedían de El Bajío, como Isabel Amezquita, que emigró a Redwood City, California y pasó el Río Grande con los hijos que dejó por el camino en la Revolución de 1910 con Pancho Villa. Ella nació en un ranchito de El Bajío, en Jalisco. Leyendo esta antología la he recordado porque ella me hablaba en directo de la Revolución, de su esposo que trabajaba en el ferrocarril, en el traque del que habla  Razo Oliva, me decía también de los caminos, de las vicisitudes que pasó y el contacto directo con Pancho Villa, que según comentaba, les ayudaba con comida a ella y a su familia.


También allí conocí a María, de Michoacán, que vivió la Revolución de los Cristeros. Son las personas las que conforman el corrido. La conquista espiritual de la gente es la que da vida a estos más de 500 corridos recopilados con no se sabe cuánto trabajo, tesón, entrega e investigación.
Conseguir ver publicados estos dos tomos, magníficamente encuadernados por la editorial Jitanjáfora y, con una presentación muy notable, es hacer un balance  espectacular de la historia de esta región desde 1910 hasta nuestros días.
Creo que el tema y la cronología absoluta, se dan la mano en estas páginas de gran interés divulgativo,  ya que muestran la autenticidad popular de la historia del corrido.
Esta Antología crea un tiempo para descubrir cómo han evolucionado doscientos años de historia mexicana. Han sido doscientos años difíciles, a prueba de valor, con esa riqueza y diversidad de gentes, de conflictos, de amores, de muertes y luchas  donde la ficción, la poesía y el drama, caracterizan una forma de ser y estar, de cantar y crear, porque es a través de cada corrido como conocemos no sólo una historia, sino múltiples contenidos y significados de su creatividad.


La lectura de esta antología para una española, transcurre en la base de una observación de hechos y lugares, es como un viaje a la historia de la música tradicional, como un contacto con la lucha insurgente, como un paseo por esas calles, sucesos, pueblos y mercados por donde  nos lleva Juan Diego Razo Oliva, para disfrutar… incluso de la muerte, de las historias apasionadas, de lo que cantaban y cómo lo cantaban y lo siguen cantando los mexicanos de esta región en particular y, de otros lugares donde el corrido se ha extendido y ha llegado más allá y más “arriba”, y digo arriba porque Bajío imagino que significa “abajo”.
Creo también que esta antología contribuye al desarrollo del progreso, porque expone lo que nuestros antepasados han vivido y luchado, y de ellos podemos aprender la libertad para así dar otro giro a las realidades y a los sentimientos.
No en vano, México celebra su Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, si nos centramos en lo que nos cuentan los corridos, podemos descubrir nuestra propia alma siempre en lucha con su enemigo. También  es un encuentro con la generosidad de los poetas a veces anónimos, con la riqueza literaria de nuestros pueblos, con nombres propios que no son conocidos ni famosos, pero encierran esa belleza heredada de los pueblos indígenas, de los pueblos de España. Son hombres y mujeres dando vida a la música y a la palabra.
Son muchas  fuerzas populares y particulares las que reafirman la identidad de un país.
Creo que Juan Diego Razo Oliva, ha sabido captar y mostrar con mucha inteligencia, tacto y amor a su tierra,  esta exposición de corridos. En su galería, disfrutamos de los paisajes, es como un ir de viaje en tren por Guanajuato, Michoacán, Querétaro, San Luis de Potosí, Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco. Es como ir acompañados de juglares, trovadores que nos van contando la historia al son de los corridos, y en cada biografía resalta una curiosidad del personaje y en cada personaje hay una voz que no cesa de cantar y contar como fue la lucha por la libertad.
Esa voz, encuadernada, hecha libro, ahora, es la de Juan Diego Razo Oliva, que se convierte en trovador y en juglar a la vez, porque el arte, la literatura, además de informarnos, nos deleita, nos hace sentir más libres, nos hace entender que casi todo es música.  Y la misión de todo lector es absorber y retener lo leído, para que al cerrar el libro, podamos sentir y ver más y mejor a México en toda su inmensidad de colores, sabores y curiosidades.
Si al ser humano se le valora por sus obras y por sus teorías, Juan Diego Razo Oliva, deja en esta Antología, una brillante muestra de dedicación y trabajo. El tiempo me dará la razón, que es ésta una obra maestra. Una obra de calidad y método investigador por él empleado en cada página, su amplia y sólida preparación universitaria, dan aún más crédito a mi pronóstico.
He de confesar que he llorado al leer la “Canción a Jorge Negrete” , por Chucho Monje, página 1191. Canción que he cantado desde niña y que mi hermano cantaba y se acompañaba de su bandurria.

Qué digan que estoy dormido / y que me traigan aquí/  México lindo y querido, / si muero lejos de ti.
Así cantabas con todo el sentimiento/ poniendo el alma en la voz y en tu canción, / tal vez tenías el cruel presentimiento/ metido en lo más hondo, allá en tu corazón.”

Creo sinceramente, y afirmo, que no hay español, de la España actual, que no sepa, -por lo menos tres o cuatro versos- cante y sienta este corrido mexicano. Esta música que hace vibrar el alma.
Presiento que el Profesor Juan Diego Razo Oliva, es un revolucionario conservador, es un estudioso disciplinado que hoy añade a las Bibliotecas de México, un tesoro literario de investigación y cultura. Las inquietudes bibliográficas, la curiosidad por la recopilación oral, el estudio de los cantares de nuestros antepasados, el folclore popular, el quehacer cotidiano, la memoria histórica, el sentido épico-lírico-narrativo de nuestro lenguaje, queda recogido muy cuidadosamente en estos dos tomos que hoy tengo el honor de presentar.
He de decir que según iba leyendo, me faltaba la música. También quiero afirmar que el pasado nunca puede ser negativo si el presente es constructor de futuro. México es un pueblo maravilloso, soberano, México es el futuro y lo es por su historia, por su gente, por sus sentimientos y su corazón.  Me llamaba mucho la atención, en los corridos al finalizar cuando dice:
Y con esta me despido”, vienen a mi mente las jotas de Aragón, cuando dice: “Y allá va la despedida”. Estos encuentros, estas similitudes, son las que hermanan y vencen cualquier odio pasado que reclame un perdón. Porque la grandeza de los pueblos no es lo que se deben unos a otros, sino lo que tienen y comparten unos de otros. Eso es lo que nos enriquece a todos.
Felicito al maestro Juan Diego Razo Oliva y a los mexicanos por tener este libro en sus bibliotecas.
Muchas gracias.