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viernes, abril 13, 2012

EL BALLET FOLKÓRICO DE MÉXICO DE AMALIA HERNÁNDEZ



Texto y fotos: Julie Sopetrán



Fue en Acapulco, en uno de los Tianguis de Turismo, donde pude conocer, admirar y fotografiar libremente estas danzas realmente espectaculares. Era el triunfo sin precedente de la que fue su creadora: Amalia Hernández, que falleció en el año 2000. Después, pasó la dirección a su hija, Norma López Hernández, que falleció el pasado Agosto de 2011 y que siguió los pasos de su madre, manteniendo vivo el repertorio y las coreografías. Su hijo, Salvador López López y su media hermana, Vibiana Basanta, seguirán manteniendo la dirección y el alma de este gran Ballet Folclórico de México.

   Amalia Hernández. Foto propiedad del  Ballet Folklórico de México. Adquirida por el mismo Ballet en el Tianguis de Acapulco.

Amalia Hernández, fue una mujer que dedicó años de trabajo y estudio a la danza mexicana en la segunda mitad del siglo XX. Su pasión era no sólo por la danza y la música, también la coreografía, su frenesí sin barreras logró su indiscutible marca de mexicanidad. Una mujer con una voluntad de hierro, su firmeza, su entusiasmo, se exhibían en escena, en cada una de sus presentaciones y en cada paso de su gran espectáculo.

                                                                                                            
                                                                                                La novia del arte

Desde muy niña, Amalia ya sentía la vocación de bailar. Don Lomberto Hernández, su padre, militar y político, y su estricta madre, maestra, Amalia Navarro, pusieron a su hija dos profesores de categoría como fueron: Sybine, un bailarín de la compañía de Pawlova y Madame Dambré, de la Ópera de París. Amalia nació en la ciudad de México el 19 de septiembre de 1917.

     
                                                                              El bailarín que sabe conquistar el corazón

Estudió ballet clásico, pero Amalia tenía también una gran profesora española, "La Argentinita" y otra más Waldeen, norteamericana. Aprendió no sólo baile clásico español y moderno, también se dedicó a estudiar las danzas ancestrales de su país. Y creó la Danza guerrera en honor de Tláloc, Ofrenda y duelo, Danza de Tláloc y Chalchihtlicue y también, la Danza final de júbilo.
Fue también alumna de Nellie y Gloria Campobello, Tessy Marcué... entre otros. Estudió en la Escuela Nacional de Danza, pero salió de esa misma escuela por tener conflictos con la directora. Ella sabía todo lo relacionado con la coreografía, en su alma mestiza danzaba también el eco de los valles de México, la voz de las montañas, la majestuosidad de los dioses que, de todo esto, hay en el arte que nos ha transmitido, como es el pasado y el presente de México a través de la danza y de la música.

         
                                                La sonrisa que es música y danza del país más alegre del mundo

Ella y su hija, han sido toda una explosión de sentimientos y emociones que transmitieron en  sus coreografías la belleza del alma mexicana.
Una de sus primeras experiencias como artista independiente fue cuando estrenó su conocida coreografía "Sones de Michoacán" obteniendo un éxito indiscutible.


Fue en 1952 cuando formó su propia compañía, presentando al público el folklore más vivo de México.  Su talento, su decisión, la hicieron triunfar en todo el mundo. Son innumerables los premios que ha recibido por su obra, incluido el mas importante de México como es el Premio Nacional de Cultura.
Ha innovado y renovado constantemente la música y la danza y después de su muerte, su familia ha heredado, no sólo el prestigio de su quehacer sino también el arte que ella prodigaba sin cesar.  Amalia comenzó con ocho bailarines, al principio todos bailaban ballet clásico y también danza moderna como ella, y luego todos pasaron al folklore. En 1959, eran ya cincuenta los bailarines que componían su grupo.


                      
                                                                        Jarabe, fantasía, color, movimiento...
                                                                                                    
Cuando yo lo vi, me impresionó tanto el vestuario como el maquillaje, la presentación de los bailarines y los trajes exquisitamente cuidados y de gran colorido, así como la movilidad y esa elegancia y alegría que proporcionan la música y la danza de México.


      La elegancia de la mujer mexicana luciendo los trajes regionales de México, no tiene imitación en el mundo porque su porte es único.

Actualmente el Ballet Folklórico de Amalia Hernández, actúa en la ciudad de México en el Palacio de Bellas Artes durante el mes de Abril. Son ya más de cien artistas entre bailarines, cantantes y músicos. Ojalá que siga manteniendo el éxito y el trato que sus antecesores le dieron para que no se pierda este legado sin precedentes. 

                                            ¿Marimba de Chiapas? Movimiento que es llama en el espíritu. Revuelo de color que es arte.

El Palacio de Bellas Artes está ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es el teatro lírico más importante del país, la UNESCO lo declaró monumento artístico en 1987. Es un edificio de cincuenta y dos metros de alto que dan lugar a sus cuatro pisos. Cuenta con cuatro salas principales, una cafetería, librería y salas de exposiciones. Su aforo es de más de  mil quinientas personas y es el único teatro del mundo, dentro de los teatros de ópera, que tiene un telón antifuego, donde se aprecian los volcanes mexicanos Popocatépetl e Iztaccihuatl. Fue encargado a la casa Tiffany de Nueva York. Sus murales son de una gran belleza, pintados por Siqueiros, Roberto Montenegro, Orozco, Rivera... Famosa también es su lámpara de cristal que representa al dios griego Apolo rodeado de las musas, diseñada por el húngaro Geza Marotti. En su escenario debutaron grandes de la canción como Lola Beltrán, María Callas, Pavarotti, Plácido Domingo, Tereza Berganza, Marilyn Horne, Rudolf Nuréyev...
                      
               Foto de Daniel Manrique.  Palacio de Bellas Artes. Ciudad de México.

El ritmo, los movimientos, la música unida a las presentaciones de los trajes, dan a este espectáculo un carácter único en el mundo. Las danzas prehispánicas, como la de Los Matachines, danzando con sus dioses. Las de la Revolución, personificando a la mujer con sus rifles y a la famosa Adelita. Los Colcheros, del Estado de México, también los bailes relacionados con la zafra del azúcar de Tamaulipas.


                           Las danzas prehispánicas que expresan el increíble misterio cósmico del Universo.

La Charreada, con los Jarabes rancheros, tapatíos, clásicos. Los bailes de las distintas regiones de México, con sus pasos de gran belleza y alegría que dan color y personalidad al espectáculo, representando a Veracruz, Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Tlaxcala, Yucatán y cada uno de los Estados Mexicanos con sus innumerables bailes. La Danza de los pescadores, Los abanicos, La Jorocha, El Siquisiri, El Payaso, Los Viejitos... De cada una de estas danzas se podría escribir una historia.  Pero son los bailarines los que la escriben con sus pies y sus brazos y su cuerpo en el escenario.



                                                                                                      Carnaval en Tlacotalpan

Los bailes de Chiapas, con sus marimbas, la Danza del Venado, la Fiesta de Jalisco, los mariachis... En sus más de cincuenta años de creación este Ballet ha realizado más de quince mil funciones y más de cien giras a lo largo y ancho del planeta. Estas funciones expresan en cada actuación diez diferentes bailes que confirman la excelencia musical de México.

         
                                                                          Las reatas y los machetes de Tamaulipas...

Amigo lector, si visitas México, no dejes de acercarte al Palacio de Bellas Artes, este Ballet actúa todos los miércoles a las 20:30 horas y también los domingos.

En este espectáculo han participado excelentes bailarines, compositores, diseñadores, cantantes, especialistas de  la creatividad y del repertorio, de la estética y de la escenografía, técnicos de la música y amantes de las raíces folklóricas que han logrado dar lo mejor de sí mismos. Por esa misma  razón  en 1961, obtuvo el primer premio otorgado a grupos de danza dentro del Festival de las Naciones, en París.

Amalia Hernández creó Escuela, y a ella acuden en la actualidad unos trescientos alumnos, en cursos que comienzan en el mes de septiembre y terminan en junio, en esta escuela por las mañanas hay ensayos del Ballet y por las tardes se imparten las clases. También existe un curso de verano abierto a cualquier público y perdura todo  el mes de julio, incluidos grupos infantiles. Pero lo más interesante es destacar que la Escuela no tiene fines lucrativos y lo que importa es mantener la vigencia de la enseñanza y difusión del folklore de México para que nunca acaben las tradiciones.

El coraje dibuja en el aire la belleza que es arte. Desde las danzas taraumaras dedicadas al Padre Sol y a la Madre Luna, pasando por la Mojiganga de Carnaval, por la Marimba de Chiapas o el Zapateado y los sones de Jalisco, por el movimiento en color de todas las flores tropicales que se hacen danza, por todos los árboles de las montañas que aplauden el fuego de la música, por todas las miradas que bailan al son de la Soldadera o la danza de amor y odio de Zapotecas, desde todas las danzas de México y con toda la sangre en movimiento, el Ballet manifiesta la elegancia y la fiesta más espectacular que pueda exhibirse en un escenario.

                                                                                            Zapateado y sones de Jalisco

Las Tamboras de Sinaloa, Redobas de Nuevo León, Poesía Huasteca, la Gracia de Veracruz, la Energía Yaqui, las Plumas de Oaxaca, la Dulzura del Norte, la Elegancia de Michoacán, los Sones de Jalisco, los Matlachines de Aguas Calientes, la Sensualidad del Istmo de Tehuantepec, el Árbol dando cobijo al son de Guerrero, las Emociones Tarascas... Todo ello es una manifestación de alegría y buen hacer, el ritmo  y la ilusión, la fuerza y el ardor del corazón, lo profundo, lo íntimo, el amor, todo baila en los ojos con gran delicadeza, elegancia y arte.
                                                    
                                                                                      Gestos ancestrales
Bien puedo decir que viendo este espectáculo, México, todo México, es  canto, música y...Magia.

lunes, junio 27, 2011

LAS ROSAS: EL PRIMER CONSERVATORIO DE AMÉRICA

                                                                     

Texto y fotos: Julie Sopetrán


Tal vez fue Fray Junípero Serra, quien primero llevó la música a América en 1749. Esa era la idea que yo tenía, hasta que llegué a Morelia. Junto a la barroca iglesia de Santa Rosa de Lima, se encuentra el famoso Conservatorio de Música de las Rosas. Fue en el año de 1743, cuando se fundó, en la ciudad de Morelia, conocida también como la antigua Valladolid, el Colegio Santa Rosa de Santa María, así nace el primer Conservatorio de América.  Después de tantos años, y en el mismo lugar, se sigue conservando esta institución, nacida de aquellas influencias de las escuelas de música en Europa durante el siglo XVII. Por ello, Morelia, en México, ayer y hoy es la ciudad de la Música.

El Conservatorio de las Rosas conserva el privilegio de ser el lugar donde se escribió la primera sinfonía del nuevo mundo, compuesta por don Antonio Sarrier. ¿Quién no ha oído nombrar a Los Niños Cantores de Morelia? ¿Qué turista que visite esta hermosa ciudad, no se ha adentrado en el Conservatorio y ha escuchado y sentido los acordes de un chelo entre sus muros? Muros que fueron del convento dominico de las monjas de Santa Catalina de Siena (1590-1738) Monjas Catarinas, dedicadas a la educación especial de la mujer, como eran las mujeres indígenas y las mestizas, las criollas y las que llegaban de España.  El Obispo Fray Alonso Guerra, promovió y realizó la fundación de este convento de Santa Catalina, conocido como el conjunto de Las Rosas.Según el padre franciscano Fray Juan de Serpa, el convento en el siglo XVII, albergaba unas veinte monjas de las cuales diez eran madres profesas y once eran novicias de velo.

Estudiante practicando en el patio.

El nuevo obispo fraile Marcos Ramírez de Prado, sacó de la pobreza a las monjas. Aunque también dicen que había un Santo Cristo, muy milagroso, la gente acude o acudía a pedirle en sus necesidades, conocido como “El Cristo de las monjas” al que cada semana se le ofrecía una misa cantada. Estas monjas tomaban el hábito a “título de músicas y buenas voces” las monjas recibían su certificado especial, no sólo por ser aptas para el Choro, algunas eran “bajoneras”, otras se recibían de organistas, solfeo, violinistas, canto… Eran tan expertas en música, que el obispo Ramírez de Prado ordenó que: “a la monja que hiciera el oficio de vicaria de coro se le den treinta pesos en cada un año, para papel de chanzonetas, aderezo de guitarras y otros instrumentos necesarios y gastos que se oficien en el dicho Choro… porque cada día va en aumento la música, de que tanto se sirve Nuestro Señor y a los fieles se aumenta la devoción”.

La vida de estas monjas era ejemplar y su dedicación además de educar a los niños y a las jóvenes, su vida estaba vinculada de alguna forma a la música sacra y el canto litúrgico. Las monjas se trasladaron a un nuevo convento en 1738, en la misma ciudad de Morelia, el lugar todavía hoy es conocido como “las Monjas”.Fueron muchas las actividades que se realizaron después en este lugar, según cuenta la historia. La educación de la mujer fue siempre el objetivo central. Pero sobre todo… la enseñanza de la  música. Después de muchos proyectos, el Obispo Matos Coronado, quiso comprar a las monjas el edificio, que en su momento estaba habitado por un carpintero, que ocupaba el lugar, bastante ruinoso. Las monjas quisieron regalárselo al Obispo, pero éste lo adquirió por seis mil pesos mexicanos.

El Obispo murió  y fue la rectora, vicerrectora y secretaria del colegio, las que protegieron el lugar. Con aprobación del cabildo, quedó durante veinte años, como superintendente y protector, el canónigo don Francisco Xavier Vélez de Guevara el que protegió distintas comunidades que por allí pasaron. Son muchas las curiosidades de este lugar, como por ejemplo, para el ingreso en el colegio de estas mujeres que oscilaban entre los 15 y 25 años, deberían hacer un informe de “pureza de sangre”, para probar legítimamente que eran de origen español las ingresadas.  

Cuando murió el obispo Vélez de Guevara, se convirtió en escuela pública, aunque se seguía pagando un pupilaje. Según las investigaciones del maestro Miguel Bernal Jiménez, (1930), la Escoleta de Música del Colegio de Santa Rosa de Santa María, es la primera de América. Ya que el canónigo Francisco Xavier Vélez de Guevara, a su muerte, legó al colegio la cantidad de cuatro mil pesos a condición tener en esta Escoleta a dos maestros, como mínimo, peritos en el arte de la música para impartir tal enseñanza.  Fue él el fundador de dicha escuela. Su mayor esplendor fue de 1767 a 1783,  el colegio superó después varias crisis, pero ahí quedan los nombres de los grandes profesores de Las Rosas, como fueron Cipriano José González de Aragón, maestro de órgano.  José María Rivero, maestro de canto y música. Francisco Téllez de la Bárcena, profesor de música, José de Echeverría, José de Alfaro…

 

Sin dejar de lado grandes compositores, como Francisco Moratilla, Rodil y Sarrier, entre otros muchos. Igualmente podríamos enumerar alumnas de música que sobresalieron a las que llamaban “rositas”.También quedaron muchas partituras en el archivo y 64 obras completas y varias incompletas que abarcaban diferentes géneros, como misas cantadas, arias, coplas, motetes, oberturas, dúos, coloquios…Bernal Jiménez fue muy criticado al llamar a Las Rosas, el primer conservatorio de América, pero así lo confirman los hechos. Después todo siguió siendo difícil, pero mantuvo siempre su espíritu musical a pesar de sus muchas historias. Dedicaremos otro espacio a esos niños cantores de Morelia.

 

Hay una leyenda, entre las muchas  que existen de este lugar, que no puedo pasar por alto.Dicen que en el patio del colegio, en su jardín, había una legión de traviesos duendes, habitaban entre helechos y plantas que las monjas cuidaban. El padre capellán quería eliminarlos a todos, pero eran tan atrevidos que destrozaban las plantas, arrancaban de cuajo las cebollas y no dejaban las flores en paz. Estos duendes se adueñaban de todo y decidieron no dejar dormir a las monjas. Todas las noches hacían travesuras por los pasillos.
¿Qué hacían? Escrito quedó en los anales del convento. Saqueaban la despensa a su antojo y medida. Ruidos y más ruidos… La Madre superiora se levantó una noche enfadada para enfrentarse a los diminutos alborotadores. Según nos cuenta don Francisco Alcocer Sierra, gran estudioso de leyendas, “seis ridículos enanitos llevaban en hombros una enorme conservera de Talavera de la Reina, rasada de añeja tirilla de durazno que se habían robado de la alacena”. Todo era una orgía de chocolates, naranjas, guayabas, turrones y hasta vino de membrillo que las monjitas habían elaborado para los momentos especiales. La Madre Superiora, como os decía, se lanzó a la persecución y atrapó a uno de los duendecillos… Había pensado bañarlo en agua bendita para que Dios lo purificara o lo castigara a su antojo. Pero el duendecillo, muy listo él, pidió clemencia a la Madre y le dijo que si lo dejaba libre, él y todos los duendes del convento, en vez de destrozarlo todo, lo iban a cuidar con mucho esmero, sobre todo el jardín y la huerta. La Madre Superiora, que era un pedazo de pan, de buena persona, se sintió emocionada por las palabras del duende y lo perdonó. Se acercó a la noria del pozo y lo dejó caer para que quedara libre para siempre. Desde entonces, se comentó por Morelia, que aquel pozo, que todavía existe, tiene un agua muy dulce, muy cristalina y hasta le atribuyen algunas propiedades medicinales.  “El pozo del duende” se hizo popular, sobre todo porque nunca más molestó a las monjitas, ni él ni su numerosa familia. Por el contrario cada día alejan de este lugar las malas energías y siempre, siempre que yo lo he visitado, hay alguna rosa fresca y es que los duendes, por si no lo sabías, son muy agradecidos y cumplen su palabra. Casi puedes verlos mientras escuchas la música de los alumnos y contemplas el jardín del primer Conservatorio de América.