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viernes, abril 13, 2012

EL BALLET FOLKÓRICO DE MÉXICO DE AMALIA HERNÁNDEZ



Texto y fotos: Julie Sopetrán



Fue en Acapulco, en uno de los Tianguis de Turismo, donde pude conocer, admirar y fotografiar libremente estas danzas realmente espectaculares. Era el triunfo sin precedente de la que fue su creadora: Amalia Hernández, que falleció en el año 2000. Después, pasó la dirección a su hija, Norma López Hernández, que falleció el pasado Agosto de 2011 y que siguió los pasos de su madre, manteniendo vivo el repertorio y las coreografías. Su hijo, Salvador López López y su media hermana, Vibiana Basanta, seguirán manteniendo la dirección y el alma de este gran Ballet Folclórico de México.

   Amalia Hernández. Foto propiedad del  Ballet Folklórico de México. Adquirida por el mismo Ballet en el Tianguis de Acapulco.

Amalia Hernández, fue una mujer que dedicó años de trabajo y estudio a la danza mexicana en la segunda mitad del siglo XX. Su pasión era no sólo por la danza y la música, también la coreografía, su frenesí sin barreras logró su indiscutible marca de mexicanidad. Una mujer con una voluntad de hierro, su firmeza, su entusiasmo, se exhibían en escena, en cada una de sus presentaciones y en cada paso de su gran espectáculo.

                                                                                                            
                                                                                                La novia del arte

Desde muy niña, Amalia ya sentía la vocación de bailar. Don Lomberto Hernández, su padre, militar y político, y su estricta madre, maestra, Amalia Navarro, pusieron a su hija dos profesores de categoría como fueron: Sybine, un bailarín de la compañía de Pawlova y Madame Dambré, de la Ópera de París. Amalia nació en la ciudad de México el 19 de septiembre de 1917.

     
                                                                              El bailarín que sabe conquistar el corazón

Estudió ballet clásico, pero Amalia tenía también una gran profesora española, "La Argentinita" y otra más Waldeen, norteamericana. Aprendió no sólo baile clásico español y moderno, también se dedicó a estudiar las danzas ancestrales de su país. Y creó la Danza guerrera en honor de Tláloc, Ofrenda y duelo, Danza de Tláloc y Chalchihtlicue y también, la Danza final de júbilo.
Fue también alumna de Nellie y Gloria Campobello, Tessy Marcué... entre otros. Estudió en la Escuela Nacional de Danza, pero salió de esa misma escuela por tener conflictos con la directora. Ella sabía todo lo relacionado con la coreografía, en su alma mestiza danzaba también el eco de los valles de México, la voz de las montañas, la majestuosidad de los dioses que, de todo esto, hay en el arte que nos ha transmitido, como es el pasado y el presente de México a través de la danza y de la música.

         
                                                La sonrisa que es música y danza del país más alegre del mundo

Ella y su hija, han sido toda una explosión de sentimientos y emociones que transmitieron en  sus coreografías la belleza del alma mexicana.
Una de sus primeras experiencias como artista independiente fue cuando estrenó su conocida coreografía "Sones de Michoacán" obteniendo un éxito indiscutible.


Fue en 1952 cuando formó su propia compañía, presentando al público el folklore más vivo de México.  Su talento, su decisión, la hicieron triunfar en todo el mundo. Son innumerables los premios que ha recibido por su obra, incluido el mas importante de México como es el Premio Nacional de Cultura.
Ha innovado y renovado constantemente la música y la danza y después de su muerte, su familia ha heredado, no sólo el prestigio de su quehacer sino también el arte que ella prodigaba sin cesar.  Amalia comenzó con ocho bailarines, al principio todos bailaban ballet clásico y también danza moderna como ella, y luego todos pasaron al folklore. En 1959, eran ya cincuenta los bailarines que componían su grupo.


                      
                                                                        Jarabe, fantasía, color, movimiento...
                                                                                                    
Cuando yo lo vi, me impresionó tanto el vestuario como el maquillaje, la presentación de los bailarines y los trajes exquisitamente cuidados y de gran colorido, así como la movilidad y esa elegancia y alegría que proporcionan la música y la danza de México.


      La elegancia de la mujer mexicana luciendo los trajes regionales de México, no tiene imitación en el mundo porque su porte es único.

Actualmente el Ballet Folklórico de Amalia Hernández, actúa en la ciudad de México en el Palacio de Bellas Artes durante el mes de Abril. Son ya más de cien artistas entre bailarines, cantantes y músicos. Ojalá que siga manteniendo el éxito y el trato que sus antecesores le dieron para que no se pierda este legado sin precedentes. 

                                            ¿Marimba de Chiapas? Movimiento que es llama en el espíritu. Revuelo de color que es arte.

El Palacio de Bellas Artes está ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es el teatro lírico más importante del país, la UNESCO lo declaró monumento artístico en 1987. Es un edificio de cincuenta y dos metros de alto que dan lugar a sus cuatro pisos. Cuenta con cuatro salas principales, una cafetería, librería y salas de exposiciones. Su aforo es de más de  mil quinientas personas y es el único teatro del mundo, dentro de los teatros de ópera, que tiene un telón antifuego, donde se aprecian los volcanes mexicanos Popocatépetl e Iztaccihuatl. Fue encargado a la casa Tiffany de Nueva York. Sus murales son de una gran belleza, pintados por Siqueiros, Roberto Montenegro, Orozco, Rivera... Famosa también es su lámpara de cristal que representa al dios griego Apolo rodeado de las musas, diseñada por el húngaro Geza Marotti. En su escenario debutaron grandes de la canción como Lola Beltrán, María Callas, Pavarotti, Plácido Domingo, Tereza Berganza, Marilyn Horne, Rudolf Nuréyev...
                      
               Foto de Daniel Manrique.  Palacio de Bellas Artes. Ciudad de México.

El ritmo, los movimientos, la música unida a las presentaciones de los trajes, dan a este espectáculo un carácter único en el mundo. Las danzas prehispánicas, como la de Los Matachines, danzando con sus dioses. Las de la Revolución, personificando a la mujer con sus rifles y a la famosa Adelita. Los Colcheros, del Estado de México, también los bailes relacionados con la zafra del azúcar de Tamaulipas.


                           Las danzas prehispánicas que expresan el increíble misterio cósmico del Universo.

La Charreada, con los Jarabes rancheros, tapatíos, clásicos. Los bailes de las distintas regiones de México, con sus pasos de gran belleza y alegría que dan color y personalidad al espectáculo, representando a Veracruz, Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Tlaxcala, Yucatán y cada uno de los Estados Mexicanos con sus innumerables bailes. La Danza de los pescadores, Los abanicos, La Jorocha, El Siquisiri, El Payaso, Los Viejitos... De cada una de estas danzas se podría escribir una historia.  Pero son los bailarines los que la escriben con sus pies y sus brazos y su cuerpo en el escenario.



                                                                                                      Carnaval en Tlacotalpan

Los bailes de Chiapas, con sus marimbas, la Danza del Venado, la Fiesta de Jalisco, los mariachis... En sus más de cincuenta años de creación este Ballet ha realizado más de quince mil funciones y más de cien giras a lo largo y ancho del planeta. Estas funciones expresan en cada actuación diez diferentes bailes que confirman la excelencia musical de México.

         
                                                                          Las reatas y los machetes de Tamaulipas...

Amigo lector, si visitas México, no dejes de acercarte al Palacio de Bellas Artes, este Ballet actúa todos los miércoles a las 20:30 horas y también los domingos.

En este espectáculo han participado excelentes bailarines, compositores, diseñadores, cantantes, especialistas de  la creatividad y del repertorio, de la estética y de la escenografía, técnicos de la música y amantes de las raíces folklóricas que han logrado dar lo mejor de sí mismos. Por esa misma  razón  en 1961, obtuvo el primer premio otorgado a grupos de danza dentro del Festival de las Naciones, en París.

Amalia Hernández creó Escuela, y a ella acuden en la actualidad unos trescientos alumnos, en cursos que comienzan en el mes de septiembre y terminan en junio, en esta escuela por las mañanas hay ensayos del Ballet y por las tardes se imparten las clases. También existe un curso de verano abierto a cualquier público y perdura todo  el mes de julio, incluidos grupos infantiles. Pero lo más interesante es destacar que la Escuela no tiene fines lucrativos y lo que importa es mantener la vigencia de la enseñanza y difusión del folklore de México para que nunca acaben las tradiciones.

El coraje dibuja en el aire la belleza que es arte. Desde las danzas taraumaras dedicadas al Padre Sol y a la Madre Luna, pasando por la Mojiganga de Carnaval, por la Marimba de Chiapas o el Zapateado y los sones de Jalisco, por el movimiento en color de todas las flores tropicales que se hacen danza, por todos los árboles de las montañas que aplauden el fuego de la música, por todas las miradas que bailan al son de la Soldadera o la danza de amor y odio de Zapotecas, desde todas las danzas de México y con toda la sangre en movimiento, el Ballet manifiesta la elegancia y la fiesta más espectacular que pueda exhibirse en un escenario.

                                                                                            Zapateado y sones de Jalisco

Las Tamboras de Sinaloa, Redobas de Nuevo León, Poesía Huasteca, la Gracia de Veracruz, la Energía Yaqui, las Plumas de Oaxaca, la Dulzura del Norte, la Elegancia de Michoacán, los Sones de Jalisco, los Matlachines de Aguas Calientes, la Sensualidad del Istmo de Tehuantepec, el Árbol dando cobijo al son de Guerrero, las Emociones Tarascas... Todo ello es una manifestación de alegría y buen hacer, el ritmo  y la ilusión, la fuerza y el ardor del corazón, lo profundo, lo íntimo, el amor, todo baila en los ojos con gran delicadeza, elegancia y arte.
                                                    
                                                                                      Gestos ancestrales
Bien puedo decir que viendo este espectáculo, México, todo México, es  canto, música y...Magia.

viernes, abril 08, 2011

EL SOMBRERO MEXICANO

Por Julie Sopetran

http://www.nicolhats.com.mx/

El sombrero, o el jarano, es una prenda imprescindible tanto para el hombre como para la mujer, aunque lo usa más el hombre. El sombrero cubre el pensamiento, por lo tanto es un símbolo sagrado. La cultura de México parte de la cabeza hacia los gestos, y el sombrero realza ese saber. Y según el estilo de vida de cada mexicano, así es el modelo que ostenta en cotidiano hacer, porque, eso sí, no hay mexicano que deje de utilizar su sombrero. No es solamente el sombrero charro el que se usa más en México, lo es también el tejano, el de ala y tantos… El sombrero es una de las artesanías más populares y es una prenda de vestir que se usa a diario. Su copa cubre nuestras cabezas y nos protege del sol, del frío, de la lluvia, del viento, del polvo… Pero aún recuerdo aquellos tiempos cuando el sombrero también era una prenda especial para dar más elegancia a los trajes, por ejemplo en las bodas, como elemento de adorno en la mujer, lo que se llamaba “tocado” ahora casi en desuso.


Dicen que cambiarse de sombrero es como cambiar de ideas. Ya desde niños lo llevan en México y es como una de sus joyas más preciadas, porque el sombrero tiene una gran importancia en la vida de cada mexicano, no es sólo una artesanía más, es también, como decía antes, una prenda de vestir, tantito en el hacer diario como en las fiestas.


Y por el sombrero los conoceréis, sin son pobres o ricos, si tienen gusto o son un desastre, si lo llevan con garbo o mal trazado. Existe el sombrero de gala, el de faena y el ceremonial y, cada pueblo, cada ciudad, tiene su estilo en su sombrero. No cabe duda que cada postura de sombrero muestra un lenguaje diferente y es un exponente claro de las diferencias sociales. Le da semblante al hombre, su sombrero, porque es el porte de quien lo lleva. Y así como la mujer usa el rebozo desde niña y hasta edad muy avanzada, el hombre, en México, usa el sombrero por excelencia.

Si analizamos las diferencias entre México y España, yo recuerdo que mi padre siempre usaba la gorra visera, muy típica entre los hombres del campo de Castilla, otros hombres llevaban la boina. De niñas no usábamos rebozos, pero sí cintas en el pelo, mi abuela me las ponía entre las trenzas y, estas cintas, eran de distintos colores, también las he visto en Michoacán, en Oaxaca. La artesanía del sombrero en México data de los grandes emperadores aztecas, y mucho antes, tal vez mil, dos mil años antes de Cristo, los indígenas ya cubrían sus cabezas, algo parecido a los sombreros pero no exactamente igual. Más tarde, eran tocados hechos con plumas de quetzáles y águilas, como el gran Penacho de Moctezuma.

Foto conseguida por internet.  El gran penacho de Moctezuma

Con la mezcla de las tradiciones autóctonas y la llegada de los españoles a México, es lo que define las formas de sombreros desde los Chichimecas con su sombrero de ala ancha, con la copa alta, como el de Emiliano Zapata hasta la de los Chinacos, los Huicholes y Tzoziles que toman como modelo el sombrero cordobés, o la originalidad de lo que usan los Tarahumaras que es una forma de gorro hecho con un pañuelo rojo.


                                                  Pancho Villa con su sombrero. Foto conseguida en internet.

 En los sombreros mexicanos se utilizan diferentes materias artesanales como la paja de trigo, de avena, de cebada, pelo de liebre y de conejo, fieltro de lana, vara de sauce y bejuco, cuero de vaca o de oveja, palma de jipi, carrizo etc.. Existen también los sombreros “chinacos” que daban personalidad al mestizo, sus características son indígenas, también a otro tipo se le llamaba “caporal” y “vaquero” que es un derivado del famoso sombrero “charro”. Sombrero de caballista ya que “charro” significa jinete.
                                               Foto: Julie Sopetrán  La hice en Oakland (California) En una fiesta mexicana.

Luego, a estos sombreros se le dio otro carácter más elegante, porque cuando eran usados en ceremonias más distinguidas se le forró con terciopelo, creando adornos y usando hilos de plata y oro, que daban personalidad al llamado sombrero charro del “Mariachi”. Sombrero de ala ancha, más de quince centímetros, copa alta unos cuarenta y cinco centímetros. Este sombrero está hecho de fieltro de lana, de pelo de liebre y también de paja de trigo, al ser de  ala ancha, de esta forma protege al jinete en la caída del caballo. En la copa lleva cuatro “pedradas” para darle resistencia. Este sombrero es muy utilizado también en la música mexicana, especialmente en el cine y con mariachis. ¿Quién no recuerda “El Charro negro” con Manuel Cirerol Sansores, uno de los primeros charros que hubo en México, a  Pedro Infante, a Jorge Negrete, a Vicente Fernández, a Lola Beltrán, Lucha Villa o  Javier Solís, José Alfredo Jiménez, o Chavela Vargas y tantos que utilizan el típico sombrero de charros en sus interpretaciones?

                                                                 Detalle del sombrero charro. Foto obtenida en internet.

 No olvidemos el Jarabe Tapatío, que es precisamente la danza del sombrero mexicano, ya que el hombre tira el sombrero en el suelo delante de una mujer y si ella lo acepta, baila en su ala ancha o alrededor del mismo. Según en la región donde se viva, el sombrero es más grande o más pequeño, en las zonas secas es más grande que donde hay bosques. La distinción del sombrero es de quien lo lleva y lo luce. Hay sombreros de paja de trigo, de avena, de cebada y de esparto. En Hidalgo, el sombrero llamado “de vuelta a vuelta”. En Michoacán los sombreros de “petate”. En Tabasco el famoso sombrero “chontal”, está hecho de alas muy anchas, copa alta y tejido con palmita entrelazada. Lo hacen los indígenas Chontales o Atastecas. Cada vez se ven menos pero sí lo exhiben en funciones folklóricas o fiestas especiales. 

En Veracruz, el famoso sombrero de palma. En Oaxaca, son populares los sombreros de “panza de burro” hechos con la lana de los borregos, sin lavar y mezclada con la cera de abejas silvestres, agua hirviendo y un largo proceso de cinco días y así se hace el sombrero que además, va teñido con especiales encantos y coloridos de la naturaleza; este sombrero mantendrá la cabeza fresca pero también le puede proporcionar dolor de cabeza, según el estado del tiempo por lo que no debe calentarse antes de ponérselo en la cabeza... Son tantos los sombreros de México que no puedo nombrarlos a todos. Algunos se elaboran con trenzas unidas en espiral a partir del centro de la copa y de ahí se hace la forma que se desee, luego se alisa, se pule y se apresta. El sombrero que se vende al turista nada tiene que ver con el auténtico. El sombrero mexicano está pensado y hecho no sólo para cubrir, también para despejar, está creado inspirado en sus múltiples usos.
                                                       Niño vendiendo sombreros. (Foto: Julie Sopetrán)

El sombrero te protege del polvo, le da viento al fuego para atizarlo, también lo apaga, con el sombrero el rejoneador le da un hermoso lance al toro bravo, sirve para beber agua en una necesidad, se usa para enamorar a una dama, para premiar a un torero, para librarse de un enemigo, para atrapar a una víbora, para matar a una mosca, para decir adiós, para recibir a un amigo, para protegerse de un tiro o machete… “Quitarse el sombrero” es una expresión que muchos hemos dicho por alguien que realmente admiramos. Ponerse el sombrero es como empezar a pensar en algo muy serio. Y el sombrero también arropa el descanso.

 Pero si a alguien en la historia de México, se le ha puesto el sombrero, es a la señora o señorita ”Catrina”, Doña Calavera Garvancera, inventada para crear la clase social alta de México, mucho antes de la Revolución. No conozco a casi ninguna catrina sin sombrero. El gran artista Don José Guadalupe Posada, la creó con sombrero y bien elegante.
                          Catrina en el balcón. Oaxaca. Foto: Julie Sopetrán
Pero no podemos concebir un sombrero mexicano, sin un sarape, sobre todo si el mariachi va a dar una “serenata” a su preferida, a su pareja o enamorada. Una “mañanita” sin sombrero no es mañanita, es maña-nada. En contraposición al sombrero de cuatro picos existe el sombrero jarocho, hecho de palma, con alas muy cortas y levantadas, tiene cuatro pedradas o cavidades, llevan algunos adornos de colores, generalmente plumas. El sombrero yucateco o jipijapa, se usa en Campeche, es un sombrero pequeño, de copa baja, ala corta y caído en la frente. El sombrero costeño, también hecho de palma, de ala ancha hacia abajo con orificios para la ventilación y con un cordón para sujetarlo. El sombrero tejano, es un sombrero de paja o cuero, es el sombrero vaquero por excelencia, lleva una banda de sudor en el interior, también son conocidos  por las arrugas de la corona y el balanceo del borde, su copa es alta y ancha, algunos sombreros vaqueros se les ha llamado de “diez galones” porque son resistentes al agua. Es también el sombrero de cowboy. Y dicen que un buen jinete, ha de poner primero su sombrero al caballo antes de montarlo. No podemos olvidar el sombrero calentano de Tlapehuala en la Tierra Caliente.
                                                   Sombrero de la Tierra Caliente. Foto: Julie Sopetrán
Son tantos los  lugares de México que mencionar…Y tantos sus sombreros que me es imposible enumerarlos. En mis viajes, siempre me he fijado en ellos y en las gentes que los llevaban con su propia distinción, belleza y elegancia.  
Y para terminar traigo a cuento lo que afirma Lady Gaga. Ella hizo unas declaraciones en el periódico El Universal y afirmó que: “El sombrero es una buena barrera. Cuanto más grande mejor. Para mí aleja al diablo. Siempre me ha gustado llevar sombreros grandes a las fiestas para alejar a la gente. Es protección, todo ha pasado muy rápido y de repente te está viendo todo el mundo y lo único que quieres es un sombrero gigante para protegerte”
Alejemos, pues, al diablo y a la diablesa y a todos ellos juntos, que son muchos, y ni modo, les demos un buen sombrerazo, a la chamberga, o con el de tres picos apuntado, también puede ser con el calañés de los labriegos, o el de campana, el de canal, el de teja, el de medio queso, el jíbaro, el redondo o de copa, o con el tricornio si es preciso. Pero ahorita mismo, utilicemos nuestro sombrero mexicano, blanco, rojo, amarillo o ese que existe en todas partes para hacer magia, y precisamente es negro, el sombrero del mago
Sombrero de Mago. (Internet)
que nos ayudará a engañar y alejar al mismísimo rey de todos los diablos, un buen sombrerazo y que se alejen para siempre de nuestro camino.

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viernes, abril 01, 2011

PATAMBAN Y SU FIESTA DE CRISTO REY


Por Julie Sopetrán

                                              Tapetes creados para la Procesión de Cristo Rey en Patamban. Foto: Julie Sopetrán

Salimos de Morelia a las nueve de la mañana, tardamos más de dos horas y media en llegar a Patamban, situado cerca de la gran montaña del mismo nombre. Había tramos del camino llenos de charcos de la lluvia recién caída, tierra húmeda, hondonadas, árboles...
La Oficina de Turismo había puesto dos coches todo terreno a nuestro servicio, dos guías, todo estaba perfecto para emprender un viaje a un lugar tan desconocido y  realmente mágico. Lugar al que he vuelto varias veces, para degustar con más conocimiento mi encuentro con el pueblo purépecha.

                                                             Momento antes de comenzar la procesión. Foto: Julie Sopetrán

Mi salud no era muy buena, un catarro frente al cambio de clima, retortijones de vientre, escalofríos, fiebre... Todo iba desapareciendo con algunos refrescos y la impresión de ver tanta gente en un lugar tan apartado, tan escondido, tan imprevisible. Creo que me curaron los colores de tantas flores, de tanta luz concentrada en Patamban ante la celebración de la fiesta de  Cristo Rey. O tal vez fueron los olores, aromas de flores y de frutas, olor a guayaba, a inciensos de mil hierbas... Creo que las imágenes hablan por sí solas. Podría decir que me pareció una fiesta caótica, una mezcla de fe compartida, de humanidad dispersa, de cercanía entrañable, de fiesta y comida, de mercado abierto, todo mezclado y a la vez, en perfecta armonía. Recuerdo que por las calles, mientras se celebraba la procesión, lo mismo se veían grupos de gente portando cerámicas con sus burros, que otro de pastores de cabras dirigidas por un niño hacia su casa.


                                                                           Dos mujeres purépechas conversan. Foto: Julie Sopetrán

Pero a la vez tenías que rezar porque sobre las calles empedradas, una magistral obra de arte, anunciaba el paso del Señor. El último domingo de Octubre, se celebra en Patamban, Michoacán, la Feria de la Loza y la Procesión de Cristo Rey, son fiestas purépechas, todos los pueblos de la región acuden a éste centro de religiosidad y mercado por antonomasia.  Creo que es la procesión en honor de Cristo Rey más espectacular que yo he visto en mi vida. 

                                                                        Una de las calles de Patamban. Foto: Julie Sopetrán

Todo el pueblo colabora en la elaboración de los tapetes, hechos con aserrín y pétalos de flores, papel cortado y artesanías de todos los gustos. Los niños, los ancianos, las madres... Todos hacen camino para que pase Cristo Rey por sus casas.  Creo que son más de tres kilómetros el recorrido por donde el sacerdote va portando en sus manos la Sagrada Custodia. Las calles de este pueblo están todas hechas de piedra y, sobre los empedrados, es donde hacen estas obras de arte con formas de cisnes, mariposas, estrellas y un sin fin de diseños purépechas y cristianos, todos mezclados y realmente creativos.Creatividad viviente, palpitante, compartida.

                        Dos detalles de los tapetes elaborados por la gente del pueblo.

Llegas a sentirte, parte integrarte del lugar, con esa mezcla de todo un conjunto que impregna en tu ánimo, ese ánimo de ser y estar en un lugar carismático, impredecible, único.  Por todas las calles, que no llegas a recorrer en un día, admiras los adornos de papel hecho todo a mano, es pura artesanía. Son flores, formas diferentes, con delicados colores, cintas, arcos  de flores naturales, sendas, todo colocado de tal manera que nadie en el mundo podría hacerlo mejor.

                                 Dos caminitos por donde pasa el sacerdote con la Custodia.  Fotos: Julie Sopetrán

La senda por donde pasará el padrecito, no se puede pisar, porque ese sacerdote, llevará en sus manos la Custodia y todo está hecho para Cristo Rey. El pueblo está construido con adobes, en el rincón más apartado se ven las camelinas adornando el más leve soplo de viento o la gota del sudor silenciosa... Las flores habitan y se ven por todas partes, rosa, amarillo, blanco, rojo, tienen los mismos colores que los tapetes, inspiran a los artistas, a los habitantes, te hacen sentir y gozar, la flor de la canela, la dalia, la flor de changunga, las orquídeas, la flor de calabaza, y algunas que no conozco sus nombres...

                                                     Otro momento de la procesión. Foto: Julie Sopetrán

Las flores cantan en las pirekuas como Izitziki Canela, son canciones que comparan a las mujeres con las flores. Las mujeres envueltas en sus rebozos, portan en sus manos una vela encendida. Sus trajes son muy sencillos, una falda a la que llaman "sabalina" que va sujeta con un ceñidor, algunas dejan sobresalir un poco de tela unos 15 centímetros y así forman como un rollo, estas son las faldas tarascas. Unas llevan la falda negra y otras de colores es como un pañete, las enaguas son blancas como de manta. También llevan dos ceñidores, uno sujeta la falda y el otro es sólo un adorno. Las blusas o camisas  van plegadas al pecho y a la espalda, se ve una jareta a lo largo del escote, que va bordada sobre los hombros, los bordados llevan figuras de flores y animales.


Algunas visten con delantales de cretona haciendo cuadros de muchos colores. Se peinan con dos trenzas y llevan aretes con diseños muy variados.  Aunque una de las prendas más bellas, sencillas y hermosas de la mujer purépecha, es el rebozo, con rayas y flecos. El traje del hombre es también muy sencillo, consiste en una faja tejida a mano, el traje es de manta, el sombrero está hecho de petate o de tubo de trigo, cuando lo usan para todos los días. Siguiendo el paso de Cristo Rey, vemos cómo el Sacerdote reza, se para en una de las calles y con la Custodia bendice a las gentes, mientras tanto el monaguillo con su capa roja y su botafumeiro aviva el incienso.


La orquesta ameniza la procesión. Se sale de la iglesia a las diez o las once de la mañana y se regresa por la tarde a las cinco o las seis, cuando no las siete. Son seis o siete horas de procesión. El paso es la música. Luego, o antes, o cuando se puede y te lo pide el estómago, se comen las carnitas, los sopes, las tortillas, los frijolitos tanta comida que se ofrece en México por donde vayas. Y en esos ratos libres de la procesión, se van admirando las artesanías que por las mismas calles exponen los purépechas para su venta. Diablillos de Ocumicho. Piñas enormes de San José, de color verde y cobre. Ollas de Patamban, hechas con “barro de cascarón”.


Hablaremos en otro capítulo de esos tianguis. Lo sorprendente, fue cuando después de unas dos horas ya casi de noche, me perdí, no sabía cómo regresar al lugar donde habíamos quedado los guías y demás compañeros.

Me perdí porque en cuestión de dos horas después de la procesión, ya habían desaparecido todos los adornos por los que antes me había guiado. Patamban no es un pueblo pequeño cuenta con más de tres mil habitantes, está situado en el Municipio de Tangancícuaro, a tiene una altitud de más de dos mil metros. Buscando mis pasos supe que no estaba tan lejos de aquel adorno centro de reencuentro con mis amigos. Mereció la pena conocer un México verdaderamente profundo, religioso y en armonía con la naturaleza, como nunca hubiera podido imaginar.


Iglesia antes de la procesión (Foto: Julie Sopetrán)

DESDE LA PROCESIÓN EN PATAMBAN



¡Oh Señor! Tú que sabes del gozo y la ternura
de estas gentes purépechas que te adornan los pasos
que te hacen el camino con la flor de la tierra
y las variadas hierbas de acahuales y milpas.
El niño, el viejo, el joven, familiares y extraños,
miramos los tapetes cual si fueran sagrados los caminos:
mariposas monarca, cisnes alados, estrellas jubilosas...
arcos, diseños, marcas, colores, símbolos, reflejos,
triángulos, cuadrados, rombos y líneas paralelas
y mosaicos, y luces, pensamientos
que se cruzan de una  esquina a otra esquina
de una calle a otra calle
viendo pasar a Dios por la belleza.
¡Oh Señor! Tú que sabes de blancos, de amarillos, de rosas,
de negros y de rojos, de azules y de malvas,
de velas encendidas y posturas sublimes.
Tú que te sientas con ellos, los indígenas, y con ellos
dejas pasar el tiempo por esta variedad de afanes,
de nostalgias...
Dame de esa armonía el aire o la flor más dulce
que brilla en la sonrisa de los niños o entre los brillos
de todos los adornos de este día sublime.
Dáme un poco de luz para mis manos áridas
que tocan el espacio, la distancia, la risa de los pájaros.
Dime, dame desde la  ermita la palabra que exprese
todos los contenidos y las formas.
Aquí desde lo más alto de Patamban en procesión de arte
en mercado de sueños
en ilusión de encuentro, en gesto de oración,
en expansión de almas
¡Oh Señor! Cristo Rey, Tú que sabes...
dame un poco de luz para el regreso.


© Julie Sopetrán







domingo, marzo 27, 2011

LA DANZA DE LOS VIEJITOS


 Por Julie Sopetran




 
Me llamó tanto la atención ésta forma de interpretar la vida... Según algunos antropólogos, esta Danza se bailaba en los antiguos ceremoniales purépechas, estaba dedicada al dios Viejo, al dios del Fuego y también al dios del Año Huehuetéotl. Los tarascos vivían especialmente en el centro occidental de México. Con la llegada de los españoles la danza se fue transformando y aplicando en la región llamada lacustre de Michoacán, muy rica en músicas y danzas en estas sierras alrededor de Uruapan.

                        Los Viejitos. Foto: Julie Sopetrán

Lo más hermoso de esta danza es su sentido del humor, además de su dinamismo y su entusiasmo. Se necesita ser un artista para saber expresar el movimiento de los pies y los gestos corporales, que distinguen la danza de esa forma tan original, que no se parece a ninguna otra. Pátzcuaro estaba abarrotado de gente, la música era más fuerte que todo lo demás y la danza era el centro de todas las miradas, incluida la mía.

El traje campesino consta de camisa de manta blanca y los calzones haciendo juego, ostentando la parte baja de los calzones que es muy holgada y está toda bordada con mucho primor. Llevan sombrero de ala recta. Las máscaras brillan, están hechas con una pasta de caña de maíz, otros artesanos utilizan el barro y otros la madera para elaborarlas.

                                Foto: Julie Sopetrán


Las facciones de los viejitos son muy sonrientes, burlonas, pícaras, algunos hacen las máscaras desdentadas y con una piel muy rosada o muy blanca, simbolizando a los españoles, a los blancos que envejecen más rápido que los indígenas y suelen ser más achacosos en sus andares. Cuando danzan acentúan mucho sus gestos y los movimientos débiles de la ancianidad, les cuesta dar un paso o doblar la cintura, a la vez les dan golpes de tos, se encorvan y hacen como que tropiezan sin dejar de danzar, expresan muy bien lo que es la vejez, pero de pronto, por arte de magia, se transforman y actúan como si fueran muy ágiles y jóvenes, todo el vigor y la agilidad de la juventud parece inspirarles, zapatean de forma muy estruendosa y se olvidan de su aparente ancianidad muy bien disfrazada y mejor imitada.

                    Mostrando la belleza de sus trajes. Foto: Julie Sopetrán

Lo que quiere decir que detrás de las máscaras hay una gran juventud o un extraordinario bailarín. La música acelera sus compases y el frenesí es tanto, que no distingues por donde van los pies sólo percibes el movimiento. Hay muchas referencias sobre esta danza. Se celebra especialmente en Navidad, dicen que cuando nació Cristo, los más ancianos de este lugar no sabían cómo adorar al Niño Dios, y pensaron que podían danzar delante de él como ofrenda de sus sentimientos y amor.
                                                                   Viejitos cansados después de la danza. Foto: Julie Sopetrán

Dice la leyenda tarasca, que el Niño Dios al verlos danzar, les sonrió y una de las mujeres que allí se encontraban al verlo sonreír al Niño, se lanzó también a bailar con los viejitos. Desde entonces la llaman la Maringuia o Maringuilla, sus pasos son cortos, cuando están danzando los viejitos ella se une al grupo para que el Niño no deje de sonreír. Estas danzas pueden durar muchas horas, hay mucha tradición de padres a hijos que heredan la costumbre de bailar, incluso hacen promesas de bailar mientras vivan y se lo ofrendan a la Virgen Inmaculada Concepción.
                                         El movimiento de los pies es espectacular. Foto: Julie Sopetrán

Esta danza se baila especialmente también en la fiesta de la Candelaria, Navidad y siempre que hay motivo para celebrar algo. Algunos danzantes se pasan la noche bailando y el Presidente Municipal está obligado a darles comida, como el pozole, el atole y los buñuelos. Por la mañana ron y cigarros con churipo que es un caldo de res, kurundas y pollo con mole. Todo lo dirige el abuelo que es el Varepití, le acompañan los payasos, los feos, que son los que se burlan de los viejos.

Viejito bailando. Foto: Julie Sopetrán

La música que les acompaña se hace con los violines, el clarinete y la guitarra. Son muchos los detalles y la filosofía que ofrece esta danza, pero lo más importante  es el ejemplo que nos dan al tener ellos, el pueblo tarasco, el conocimiento para afrontar con valor y entereza la idea de envejecer, saber cómo se ríen y como admiten el paso de los años sin vacilar, jovialmente. Nos enseñan a saber gozar mejor la dicha de estar vivos y enfatizar y exhibir lo que es el movimiento, la acción, lo que verdaderamente es trascendente y puede ser vuelo y belleza, no importa la edad, es el ánimo la filosofía dual de la existencia, lo que realmente merece la pena expresar en esta danza y en cualquier otro momento de nuestras vidas.