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29 octubre, 2017

LA PRESUMIDA

                                                                    Foto: Mary Andrade

LA PRESUMIDA

Se ha vestido de gran dama

porque no es una cualquiera;
que pasea sus primores
como si una reina fuera.
Sus cabellos recogidos
y rizadas sus pestañas;
hasta el clavel cempasúchil
brilla adornando su cara.
Largos aretes endiosan
sus mejillas sonrosadas,
que dejan al descubierto
el sarcasmo en su mirada.
Cuando sonríe descubre
su dentadura postiza;
que con la boca tan grande
al instante exterioriza.
Su vestido de lunares
va endosado de puntillas;
y activa un gesto elegante
cuando entreabre la sombrilla...
Y como toda ella es hueso
fácilmente ratifico,
que sujeta en su cintura
el cuerpo de un abanico.
Chata, altiva y muy garbosa
nos mira con ironía;
como diciendo a su paso
que ya nos llegará el día...
Y tantito no sabemos
por donde nos va sitiando;
pues no más, la Presumida
no dice cómo, ni cuándo...



©Julie Sopetrán







 

28 octubre, 2017

EN LA CALLE




EN LA CALLE  - Calaca

Tres amigos se encontraron
para hablar de cualquier cosa;
se sentaron en un banco
dejando abierta la losa...
Sin un pelo en la cabeza
deshuesados y sonrientes;
se lo pasaban fetén
viendo pasar a la gente.
Uno de ellos se fijaba
en una guapa mozuela;
que perdía sus andares
por la estrecha callejuela.
El del centro suspiraba
recordando su vivencia;
y hasta quería volver
al sueño de la existencia.
El tercero acobardado
mirando al suelo pensaba;
que era mejor estar muerto
que mirar lo que pasaba:
un niño muerto del hambre
un político ladrón,
un emigrante sin casa
y cuántos... sin corazón.
Los tres se sintieron tristes
y a la tumba regresaron;
la losa quedó cerrada
y del mundo, se olvidaron.


©Julie Sopetrán

24 octubre, 2017

LA PELONA FLORISTA - Calaca




Fotografía de Mary Andrade  http://dayofthedead.com/category/calacas-y-sus-poemas/


LA PELONA FLORISTA 

La Muerte estaba aburrida

sin garbo y sin desparpajo;
deambulaba las calles
sin comida ni trabajo...
Se fue al campo vagabunda
halló una milpa de flores;
y de repente le entraron

las ganas y los sudores...
Y le gustó el cempasúchil

se acicaló como dama;

adornó su calavera
con una flor porcelana.
Con su vestido estampado

y su cara sonriente,

vendiendo su mercancía

disfrutaba de la gente
y apenas sin desearlo
les enseñaba los dientes...

Y se ha pintado los ojos

de azul como una vedette;
enseñando en sus mejillas
un rosado colorete.
Sus labios rojos carmín

su collar granate oscuro;

La Florista está contenta
y le sonríe al futuro.

Vende, vende el cempasúchil
con amarillo interés;

 y arrodillada entre flores
se le han dormido los pies.

Hasta trabaja a deshoras

y lo hace con buen criterio,
para que no falten flores
en su amado cementerio.


©Julie Sopetrán