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jueves, julio 14, 2011

UN AGUSTINO QUE MERECE SER RECORDADO: FRAY ALONSO DE LA VERA CRUZ


Por Julie Sopetrán


LOS AGUSTINOS

Mucho se ha hablado de los misioneros españoles en América, los hubo buenos y malos, avaros y generosos, dedicados a la misión y dedicados a otras cosas no tan altruistas. Entre estos misioneros buenos, encontramos a Fray Alonso de la Vera Cruz, agustino, partió de Castilla hacia la Nueva España en el año de 1533 arribó en el Puerto de la Veracruz. Fueron siete los agustinos de la “nueva barcada”, el pueblo los llamó “Los siete de la Fama”, primero se encaminaron a la ciudad de México, durante cuarenta días fueron acogidos por los padres dominicos que habían llegado seis años antes que ellos. Más tarde, alquilaron una casa y fundaron su propio convento. Su misión, era la de predicar el evangelio a los indígenas, por lo que pidieron permiso a la Audiencia  Real para llegar a las provincias más apartadas. Ni los dominicos  ni los franciscanos, estos últimos llevaban ya nueve años en México, ninguno había llevado esta nueva predicación del evangelio a los pueblos nativos.  Se les concedió la licencia y los siete agustinos se repartieron diferentes lugares.

                                                                                         Tiripetío. Morelia  (Michoacán)

En cuatro años estos misioneros evangelizaron diferentes provincias, El Marquesado, Tlapa y Chilapa; su misión era la de bautizar, administrar sacramentos, celebrar la santa misa, derribar templos de la idolatría y edificar hermosísimas iglesias donde Cristo fuera reverenciado, edificios y templos que fueron los primeros que los agustinos crearon en la Nueva España. 
En 1537 iniciaron la organización del pueblo y la construcción de edificios, evangelizaron distintas poblaciones de la Tierra Caliente, lugar árido y de mucho calor, que según cuentan estaba llena de “mosquitos y malas sabandijas” y donde había más idolatría y el demonio habitaba a su libre albedrío. Se sumaron más agustinos venidos de España, les ayudó don Juan Alvarado, “caballero muy cristiano” que incluso les dio posada en su casa, para que desde allí se lanzaran a evangelizar la Tierra Caliente.

Así llegaron a la encomienda de Tiripetío. Este nombre significa “lugar de oro”. Los indígenas hacen referencia al valor espiritual y religioso que ellos le daban a la población, creyendo que aquel era un lugar divino. Pues aunque allí existen unas minas, se dice que nunca hubo oro. Hirepan y Tangaxoan fueron los que conquistaron Tiripetío, a mediados del siglo XIV, ellos eran los sobrinos de Tariacuri y gobernaban el Reino que según cuenta la Relación de Michoacán, tenían su capital en Tzintzuntzan.
 “En la cabecera había más de cinco mil vecinos y tenía muchas Visitas tres leguas en contorno”. Dicen que en este lugar habitaba buena gente. Esta gente vivía en “riscos, bohíos, cabañas o chosas rústicas, sin trazas de edificios”. Los agustinos, ayudados por maestros venidos de México trazaron las calles y plazas. Se trajo el agua de dos leguas con buenas cañerías… Y también se les enseñó a los nativos distintos oficios necesarios para vivir, sastrería, carpintería, herrería, tintoreros, pintores, canteros…

                                                 Capital del Reino purepecha: Pirámides de Tzintzuntzan.

Tiripetío era la escuela de todos los oficios convirtiéndose en el centro cultural de aquellos pueblos de Michoacán.  La construcción de la Iglesia duró diez años, se comenzó en 1538 y se terminó en 1548. Al oriente del pueblo levantaron, los agustinos, ayudados por las manos nativas, el Hospital. Y también la Escuela, los niños desde los ocho años aprendían a leer, escribir y cantar. Ya era famoso su órgano en aquella época. Llevaron los instrumentos musicales desde Toledo, España. Y dicen que los jóvenes indios de Tiripetío eran eminentes en el arte de la música. También construyeron el Convento, les llevó terminarlo dos años y medio, lo hicieron todo de cantería, un claustro pequeño junto a la iglesia, todo de madera y unas diez y seis celdas pequeñas de cuatro varas cada una, abajo el refectorio.

Exconvento aagustino. Foto: Agustín Ruíz

De este pueblo de Tiripetío, antiguos documentos dicen que “está cercado de muchas aguas, lindos campos que con la abundancia de las aguas son amenos, lindas ciénagas para ganado, y en cuanto a las vistas de oriente, poniente y medio día, sumamente agradables… tiene el monte que abriga su viento, el temple es frío por estar fundado en las haldas de esta tierra.”
Tiripetío era ya el centro cultural de Michoacán, y las construcciones seguirían dando color y vida a lo emprendido.
Este lugar era el indicado para crear la Primera Casa de Estudios Mayores de toda la Nueva España de los Agustinos. “Poner una casa con muchos frailes” ese fue su objetivo para seguir conquistando espiritualmente la Tierra Caliente. El Convento estaba terminado, ese era el lugar indicado para maestros y lectores, para poder enseñar cursos, para que vinieran más agustinos a predicar el Evangelio, el lugar era tan apropiado que se pondría en marcha la Casa de Estudios Mayores de Tiripetío, su padre provincial era Jorge de Ávila, uno de los siete primeros agustinos de los que hablaba al principio y fue él, quien ordenó que viniera a la Nueva España fray Alonso de la Veracruz, para leer un curso de Artes (Filosofía) y también de Teología y así él aprendiera la lengua tarasca.


FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ

Fray Alonso de la Veracruz nació en 1504, en el siglo XVI, muy cerca de donde yo vivo hoy, Caspueñas, provincia de Guadalajara en España, sus padres, muy bien acomodados, doña Leonor Gutiérrez y don Francisco Gutiérrez, dieron a su hijo una buena educación.

                                En este pueblecito de Caspueñas (Guadalajara) España, nació Fray Alonso de la Vera Cruz (Foto: Julie Sopetrán)

Terminadas las primeras letras, lo mandaron a estudiar humanidades a la Universidad Complutense de Alcalá de Henares. Universidad fundada en 1508 por el Cardenal Cisneros.  Allí terminó sus estudios en el “ciclo humanístico del Trivium medieval: gramática, retórica y dialéctica”.


Placa Homenaje a Fray Alonso que se encuentra en la pared de la Iglesia Parroquial de Caspueñas (Foto: Julie Sopetrán)

Imaginamos que uno de sus profesores fue Antonio de Nebrija. De Alcalá Fray Alonso marchó a la Universidad de Salamanca donde concluyó sus cursos de filosofía (Artes) y teología, teniendo como profesores dominicos a Francisco de Vitoria y Domingo de Soto que lo dirigieron hacia la filosofía tomista, siendo además de filósofo un gran teólogo y jurista. Dicen que Alonso Gutiérrez fue un gran estudiante. Terminados sus estudios se convirtió en Maestro en Teología, aunque no era fraile se ordenó de sacerdote secular. Más tarde se le nombró catedrático de la universidad salmantina donde dio un curso de Filosofía. Don Iñigo López Hurtado de Mendoza, cuarto duque del Infantado, le confió la educación de dos de sus hijos.

de San Agustín en Morelia, Michoacán

de San Agustín en Morelia, Michoacán

Fray Alonso de la Veracruz en su cátedra de Tiripetío. Óleo anónimo, sacristía de la iglesia
de San Agustín en Morelia, Michoacán
                                                                                   Fray Alonso de la Vera Cruz

Su Maestro Victoria ya le había hablado a Fray Alonso, de los indios, y esto le sedujo a tal extremo, que ante la necesidad de un profesor de Filosofía en Tiripetío aceptó “seguir a un fraile que no conocía” y llegar a “tierras que tampoco conocía” sin tratar siquiera lo que le habrían de dar a cambio.  Y fue así como en la “tercera barcada” de agustinos Fray Francisco de la Cruz y Alonso Gutiérrez, zarparon de Sevilla a México. El barco era inseguro y desprovisto de comodidad, su aventura era ya con el Nuevo Mundo. Y fue en ese camino de agua y turbulencia, el Padre de la Cruz, inculcó en Fray Alonso el deseo de vestir el hábito agustino. Cambió su apellido Gutiérrez por el de Vera Cruz. Llegaron a México el 2 de Julio de 1536. Durante un año fue novicio en el convento de Santa María de Gracia y “salió bien enseñado de las cosas de virtud”. Más tarde fue Maestro de Novicios durante tres años. Y ya definitivamente en 1540, tenía entonces 35 años, era un acreditado Scholastico o Magíster, así se llamaba en la Alta Edad Media al maestro que enseñaba en las escuelas catedralicias. Le mandaron a la Casa de Estudios Mayores en Tiripetío. Allí sería formador de futuros misioneros. Aprendió la lengua tarasca y adoctrinó en ella a los indios, acompañado de sus alumnos. Enseñaba Gramática, Lógica, Retórica, Geometría, Aritmética, Astronomía y Música, pero especialmente Filosofía y Teología.
 
Fray Alonso de la Vera Cruz en su cátedra de Tiripetío. Oleo anónimo. Se encuentra en la Sacristía de San Agustín en Morelia
Según explica Juan Hernández de Luna, Director Fundador  del Centro de Estudios sobre la cultura Nicolaita, del que recojo estos datos, “en las universidades españolas y en general en todas las universidades europeas de entonces, para enseñar artes liberales era necesario primero haber cursado el bachillerato, después la licenciatura, luego dar la primera lección y recibir el título de maestro en artes. Si tras de esto se quería llegar a ser teólogo, debía cursar tres bachilleratos y luego su licenciatura, con la cual podía llegar a ser maestro y doctor en teología. Respecto a la edad se requería para enseñar artes liberales o filosofía tener por lo menos veintiún años y treinta y cuatro para enseñar teología”.
Por ello, Fray Alonso llevó a México, cursos de Artes vigentes en las universidades europeas de aquella época, creando una escuela de afianzada estructura cultural y humanística. El curso alonsino de artes, lo escribió en latín en Tiripetío y luego lo publicó en México son tres obras que llevan por título: Recognitio Summularum, (1554) Dialéctica Resoilutio (1554) y Physica Speculatio (1557).

De 1540 a 1546 llamaban a Tiripetío la Jerusalén de Michoacán. Gracias a hombres como Fray Alonso de la Veracruz podemos leer:
“Tiripetío fue el primer lugar por lo menos para la Orden N.P.S. Agustín, donde se comenzó a leer públicamente en en cátedra, las mayores de Artes y Teología. Aquí vino el hijo del Rey purépecha Caltzontzin, que había vivido en Tzintzuntzan, D. Antonio, para que el P. Maestro le enseñase, que es circunstancia que ennoblece este estudio, ver por oyente un hijo de un Rey, el cual salió muy hábil. De donde se conocerá la capacidad de los naturales”.
La teoría y la práctica iban unidas en sus enseñanzas, el pensamiento era acción.  No tenía significado su filosofía si no la ponía en práctica con sus alumnos, su base era el rigor y la seriedad académica, la ética y la moral. Él salía con sus alumnos a Tierra Caliente a administrar y predicar el Evangelio y lo que les había explicado en el aula, había que ponerlo en la práctica. Él fue el primero que dio la comunión a los tarascos. Mucho se ha escrito de Fray Alonso y también mucho de su autoría se habrá perdido.
Según Mari luz Suárez Herrera, el estadounidense Ernest Joseph Burrus, de el Paso, Texas, padre general de la Compañía de Jesús, en 1950, estudiando sobre obras históricas de México, en una biblioteca privada, encuentra unos escritos de Fray Alonso y es autor de 5 tomos  de los artículos perdidos  y desconocidos del agustino alcarreño.
Fray Alonso fue uno de esos hombres cultos, que defendió a los indios, que les enseñó lo que él había aprendido, que compartió el fruto de su vida y su inteligencia, fue una de esas voces que defendió los derechos humanos y clamó contra la esclavitud. Fue pionero de la filosofía escolástica en México, no sólo fundó cátedras, colegios, bibliotecas sino que creó también la universidad. Fundó Casas de Estudios Mayores en Tiripetio, Páztcuaro, Tacámbaro y Atotonilco. Sus obras filosóficas fueron las primeras editadas en el Nuevo Mundo. Sucedió a Vasco de Quiroga en el gobierno del obispado de Michoacán. Fundó varios conventos. Fue catedrático en la Universidad de México Este gran pionero de la cultura es para el pensamiento novohispano, todo un héroe que apenas es hoy conocido en España. Funda el Colegio de San Pablo. Envía religiosos a Filipinas. Y él es el primer profesor y catedrático de Filosofía en México y en el Continente Americano. Lo que verdaderamente admiro de este hombre es su entrega, al amor.

Él escribió sobre esas cosas que no justifican la guerra de conquista hecha a los indios. Viaja a España, con el fin de que los indios no paguen diezmos. Le ofrecen varios puestos de trabajo pero no los acepta y vuelve a su misión. Su obra es apasionante. No le gusta el modo como se llevó a cabo la conquista y en su obra explica su filosofía que da para muchas horas de reflexión. «¿Cómo se piensa bien? ¿Qué relación hay entre el pensar y el ser? ¿Qué es la naturaleza? ¿Qué es el alma?». Muchas preguntas pero lo que verdaderamente admiro de este hombre es su entrega, a su fe, a sus creencias, a los indios, al amor.
Murió en la ciudad de México,  en el Colegio de San Pablo 1584, donde hoy se encuentran sus restos.