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lunes, enero 31, 2011

LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA EN MÉXICO

Con el niño en los brazos. Foto: Julie Sopetrán

Por Julie Sopetran


Si el Día y la Noche de Muertos es importante en las celebraciones mexicanas del 31 de octubre y 1 y 2 de noviembre, es porque la familia está viva y, más que de muertos son unos días de vivos, de Familia, de unión, de acercamiento y encuentro. La unión familiar es un espejo transparente de comunicación y de respeto. Los valores forman parte de un interés y un reto de acercamiento, amor y alegría, muy poco comunes en nuestra sociedad europea.  Si comparo estos valores familiares que he vivido y observado en México, con lo que tenemos hoy en nuestra España, tengo que inclinar la balanza positivamente hacia México.  En momentos adversos es donde se siente la cercanía, el amor de padres a hijos de hijos a padres, de niños, de ancianos, de jóvenes. En los momentos positivos es más fácil vivirlo. Pero en lo adverso es donde esta familia nuclear, se siente y se comparte. Y observo que la familia es nuclear porque está basada en la primitiva, en la conservación fiel a las tradiciones.
Sí, es la tradición la que genera en la familia mexicana unos valores que les son comunes, el respeto, el interés por el trabajo, el esfuerzo realizado, la solidaridad, la humildad, son factores muy favorables e incondicionales.  El celebrar “juntos” algo, lo que sea, es casi obligatorio, eso implica que están demostrando el cariño que sienten por los demás miembros. Porque como bien dice el refrán practican lo de: “La unión hace la fuerza”.

Familia en el cementerio. Foto: Julie Sopetrán

Las normas sociales, la puntualidad, no es tan esencial, a veces se trunca el desarrollo personal por varios factores opresivos, las mujeres son las que más sufren los estereotipos ya que todavía en muchos casos, la mujer, no ha salido de la cocina y de cuidar a los hijos. Pero actualmente hay un interés muy grande de la juventud por la educación. He de resaltar la comunicación que existe entre los miembros de las familias, y que es  el secreto de esa unión y de ese entendimiento unitario, apretado y lúdico.
La familia michoacana, está fundada en unos pilares ancestrales, el ser humano actúa por sus influencias, los antropólogos ya nos hablan de una civilización de hace más de treinta mil años, cuando las gentes de Asia podían pasar por el estrecho de Behring a los lugares de América. Lo nuevo siempre nos atrae, nos seduce. Aquellos primeros amerindios tal vez vivían en cuevas, desnudos, alimentándose de hierbas y frutos de la tierra. Estos hombres y mujeres que se expandieron llegarían también a Michoacán y es uno de los pilares de la familia, porque no iban solos, iban en grupos de dos y tres, formando ya una familia que se alimentaba de vegetales e insectos. Después llegaron los cazadores, ¿hace quince mil años? Llegó armado, comía animales, se vestía con pieles y también vivía en cuevas. Eran también pescadores y también vivían en familia.  Más tarde, hace siete o nueve mil años, el nuevo ser que habitó América fue artesano, sabía pescar, sabía cazar y también cultivar la tierra, se le llama el hombre transición, que también vivía y afianzaba más la familia. De hecho se han encontrado cerca del Pacífico, amontonamientos de conchas marinas y ruinas que serían hogares con algunos artefactos de piedra. Nacen después, las aldeas de los sembradores, seis mil años atrás, el cultivo del maíz y la calabaza y luego el fríjol y el chile. La familia en esta época creció considerablemente.  Nace la aldea, con sus chozas, es la época de las hachas de piedra, vasijas, coas, telas y ornamentos con adornos.  Debajo de esas casitas de los pueblos era donde se enterraba a los muertos.  Se pasó también de la vida en familia a la vida en tribu y tal vez ahí comienza el primer culto a los muertos y estamos hablando ya de hace unos tres mil quinientos años.  Le evolución de la cerámica y el conocimiento de los tejidos, la historia nos habla de civilizaciones avanzadas, pues entre los muchos restos encontrados se han conocido decoraciones en cerámica a modo de cruces, triángulos y líneas verticales, incluso instrumentos musicales, silbatos, ocarinas, tambores y sonajas.  Podemos comparar ese amor a la música que existe en la familia michoacana y de México en general con sus propias raíces ancestrales.

Desde niños participan en el arreglo de las ofrendas.  Foto: Julie Sopetrán

Las familias de México, muchas, viven dedicadas a la artesanía, son verdaderos artistas, algunos, viven incluso en los mercados. La edad de estos alfareros, orfebres, artistas natos es incalculable. Teotihuacan, la gran metrópoli cultural de México dejó grandes creadores durante ocho siglos. Creó un estilo puro, único en el mundo. Pero según afirma Ignacio Bernal, del 650 al 900 los estilos se fueron haciendo más locales, más individuales.
México ha sido siempre rico, una riqueza natural, cultural, artesana, artística, que persiste hasta nuestros días.  Y todo eso es debido gracias a la familia, a lo que se ha heredado de padres a hijos y así sucesivamente. Una familia fiel a sus costumbres.
Existen varias hipótesis sobre la historia tarasca, michuaque o purépecha. Sus raíces pueden ser japonesas o suramericanas, cuando llegaron a Zacapu, Queréndaro y Zinapécuaro, aprendieron de los nativos de estos lugares e innovaron sus conocimientos afianzando los que traían nuevos, ya que ellos eran más guerreros que artífices.   Lo cierto es que estas familias se enriquecieron creando y recreando sus ideas y dejando plasmadas en sus obras, su forma de ser y de vivir, símbolos que permanecen  en el arte y en la forma, en el color y en la textura, en la innovación y en la recreación de lo aprendido.
El señorío tarasco hace quinientos años, llegó a ser una teocracia militar. Influida por la nobleza hereditaria de sus sacerdotes. Estos hombres y mujeres anteriores a la conquista española, no era una sociedad justa, porque la nobleza y los sacerdotes cobraban los tributos y tenían también sus esclavos. Esa esclavitud no era hereditaria y la mayor y mejor parte de los terrenos eran para los dioses, para sus guerras y para el cazonci. Pero más importante que el campo era, es y ha sido siempre la artesanía.  Por eso hoy, cada lugar conserva su propia artesanía. Artesanías dependientes de los recursos de los lugares. Y esa artesanía pervive gracias a la familia. El oro, el cobre, la cera, los textiles, la madera, la plata, la cerámica,  el jade, la turquesa, el cristal de roca, las plumas, la obsidiana, la calabaza con barniz de laca, los tejedores de camisas y mantas, el algodón, el maguey, los mimbres, la palma, el junco, la yácata (amontonamiento de piedras con lodo), la piedra, la poesía… Sí, también la poesía, porque tenían el don de la palabra y de la música. 

Músicos en el cementerio.  Foto: Julie Sopetrán

La llegada de los españoles a Michoacán en 1522, destruyó no sólo al cazonci Zuangua, sino todo lo que había en el camino, los hombres vestidos de hierro, eran voraces, destructores, ambiciosos. Pero gracias a otros españoles, que también llegaron a México, como Tata Vasco, Alonso de la Veracruz, entre muchos más, consiguieron unificar no sólo los grandes valores religiosos indígenas con la Iglesia Católica, sino fomentar el sentido del arte en cada individuo, la creatividad, la manifestación de lo bello, de lo bueno, de lo que construye un verdadero hogar, una aldea en paz y armonía con la naturaleza.   Esto ha perdurado, tiene continuidad en el México moderno o por lo menos yo así lo percibo en mis visitas de trabajo a estos lugares. Son pueblos donde se siente la influencia española, donde se palpa lo bueno y lo malo lo injusto y lo justo de aquellos conquistadores. El equilibrio de una herencia ancestral es  lo que mantiene viva la familia, podemos sobre todo sentirlo, verlo, en esta fiesta de Día y Noche de Muertos. El estar juntos en la tumba. El compartir recuerdos, la enseñanza a los niños, de la muerte, es la cultura del dar y el recibir de un pueblo que se mantiene unido siguiendo los pasos de la tradición, de lo que hicieron los abuelos, de lo que usaron, de cómo fueron, de cómo vivieron, del ejemplo que dieron a su familia, en el trabajo, en la vida. Y yo creo que eso en la familia mexicana, no morirá nunca, porque es la esencia ancestral de su casta.