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viernes, diciembre 03, 2010

LA MÚSICA Y LA DANZA EN MÉXICO O UNA CANCIÓN PARA MAMÁ


Por Julie Sopetrán
                                       Don Daniel Vasquez Foto: Mary Andrade

CANCIÓN PARA MAMÁ

Canto, canto porque me duele el llanto
y el misterio me zumba la cabeza;
con mis manos recreo la belleza
por eso canto y canto y canto tanto...

...tanto como una noche de quebranto
que entre aromas de la naturaleza
la queja de la música es pureza
que brota en la palabra de mi canto.

Me seduce la sensación tan bella
de revivir la corta trayectoria
que se parece al grito de una estrella

Es mi carta de amor recordatoria,
yo sé que mi canción le llega a ella
porque pongo mi alma en su memoria.


Julie Sopetrán
1998


Recuerdo aquella noche en el cementerio de Zaachila, (Oaxaca) a Don Daniel Vásquez Aragón, un hombre que pasó la noche tocando su guitarra y cantando las canciones que le gustaban a su madre fallecida, Francisca Vásquez, sepultada en aquel cementerio zapoteco, situado en los Valles Centrales, no tan lejos de las zonas arqueológicas.  La extraordinaria fotógrafo, Mary Andrade, de California, le hizo una foto a la que yo le escribí un poema al vivo, ya que viví la noche escuchando a Don Daniel, mucho mejor que si lo hubiera pasado en una discoteca, pues con él, recordé canciones que mi abuela cantaba, o mi hermano decía por los campos mientras labraba la tierra…Este poema salió publicado con la foto en uno de los  libros de Mary, sobre Día de Muertos.
Portada de libro de Mary Andrade

Al sureste de la República Mexicana está situado Oaxaca, rodeada por Veracruz y Puebla al norte, el Océano Pacífico al sur, al este por Chiapas y al oeste por Guerrero.  Las sierras dejan aislados a muchos pueblos, la belleza de estos lugares está acompañada por infinidad de playas, acantilados, grutas, auténticas sierras y también cañadas y valles angostos que dan a estos lugares una belleza y un carácter cósmico.
En sus razas étnicas hay cantidad de “ecos” pueblos que habitaron estas tierras antes de que llegaran los españoles, como son los zapotecos, mixtecos, y una lista larga de pueblos prehispánicos de los que podríamos hablar largo y tendido… La música y la danza en México son algo inevitable, se vive para celebrar y se celebra cantando, tocando un instrumento o bailando, sin dejar de lado la parte gastronómica a la que dedicaré más tiempo.


No puedes ir a México y no vivir por ejemplo alguna de las danzas de La Guelaguetza, fiesta que se celebra por la Virgen del Carmen en Oaxaca, se llama también la de Los lunes del Cerro, el Cerro del Fortín desde donde se domina parte de la ciudad de Oaxaca.  Guelaguetza significa compartir en zapoteco, regalar, dar.  Conociendo esta fiesta, es cuando se siente realmente el espíritu de México, viendo el entusiasmo del nativo en consonancia con la audiencia que procede de todas partes del país y del mundo.   Estas danzas se han pasado de generación a generación, tienen que ver con los rituales, con las creencias, con la raza, como la danza de “El Venadito”. 


Por no hablar del “Huapango Veracruzano” más en relación con los aztecas y los españoles, con las plantaciones de café o el murmullo de los plataneros… Huapango significa fiesta, se baila en Veracruz y también en Tamaulipas y se utilizan dos guitarras y violín y varios cantantes. La danza se practica haciendo un cara a cara, se mantienen los cuerpos estirados y son los pies los que siguen y mantienen el ritmo.   La sensibilidad del mexicano está viva en cada danza. La religión también dejó sus huellas en la música, pero no le resta alegría y cadencia a los pasos.

                                  Danza de los viejitos. Foto: Julie Sopetrán

Por ejemplo en la Danza de los Viejitos en Michoacán, una de las danzas más antiguas de México, la de los pueblos que rodean el Lago de Pátzcuaro. En esta danza los danzantes suelen ser entre once y doce, con pasos muy variados, a veces bailan en fila, otras se tambalean como imitando la vejez, hacen como que no pueden caminar, necesitan apoyarse en sus bastones, pero de repente la energía les puede y bailan muy deprisa, muy despacio, es una danza alternativa, ceremoniosa, a veces forman círculos, otras se disuelven formando una cruz, van, vienen rodean el espacio… El colorido de sus trajes llama la atención, los bordados, los pantalones anchos, los pañuelos rojos alrededor del cuello, las máscaras hechas con una especie de pulpa de maguey, sus fajas de ancianos, los sarapes, las sandalias… todo forma parte de su cosmogonía étnica. La imagen grotesca y sarcástica del hombre encorvado, resulta jovial verlo bailar y encierra la filosofía de la lucha por no envejecer, también dicen que el humor está relacionado con la ironía o la crítica al ver cómo envejecen en América los españoles, y cómo caminan, la danza se ha ido transformando, y se ridiculiza a la forma de envejecer del español, tan distinta a la del nativo, por ello las máscaras son blancas y los cabellos rubios…  Esta danza se acompaña de flautas, instrumentos nativos, guitarras y tiene ritmos muy repetitivos.
Pero una de las danzas más divertidas para los aztecas es La Danza del Volador donde se observa la fuerza y el coraje de la raza.  También está La Jarana de Yucatán, o yucateca, una danza maya de gran belleza donde se expone la seducción y es la mujer la que también seduce al hombre que baila vestido con sus huaraches.
La danza de Q´uetzales, se baila en Puebla, en Hidalgo y Veracruz y está basada en la leyenda del pájaro q´uetzal, que tiene las plumas de los colores del arco iris y muere cuando se le aprisiona, la danza es por lo tanto un símbolo de libertad y de belleza, los danzantes van vestidos con bellísimas plumas, es una danza con diferentes pasos y va acompañada de tambor y flauta. Los animales son muy importantes a la hora de interpretar esta danza.

Pero ¿cómo olvidar el Jarabe Tapatío de Jalisco? Uno de los más representativos de México. Una de las danzas más populares en la época colonial.  En el siglo XVIII, esta danza fue prohibida por ser o parecer inmoral. A esta danza la acompaña una orquesta que hace corro a los danzantes, el charro mexicano mueve los pies al son de los coqueteos de las chinitas. Es una bellísima danza conocida mundialmente. La gracia, el donaire, el rebozo, la blusa y hasta los mismos botones plateados de los charros armonizan con los movimientos y la música.
Existen muchas más danzas, la de los arcos, la de la pluma, la de San Miguel Allende, la de los espejos, la de los sonajeros, y también una muy curiosa que es la de los moros y cristianos entre cientos más...

                                                      Músico que se crea su propio instrumento. Foto: Julie Sopetrán

Y  termino con la pirekua o pindekua que es la música ancestral del pueblo p´urhepecha y también del estado de Michoacán y los pueblos alrededor del Lago de Pátzcuaro. Los sones y costumbres del pueblo, nacen del sincretismo canto religioso y canto ancestral.  Es una exaltación de su raza, de sus creencias, de su conciencia, de su fe.  Es el ritmo abajeño por excelencia, hablan en sus cantos de sus ilusiones, de sus amores y desamores, de lo que hacen y de lo que piensan como seres humanos, en contacto con una región paradisíaca.  Cantan a una o dos voces, a veces me recuerdan nuestras jotas de picadillo… La pirekua en sus interpretaciones utiliza la guitarra sexta, el violín, el contrabajo, la vihuela o arpa… A veces se acompañan de dos o tres instrumentos nada más, suelen cantar en lengua p´urhépecha y es un idioma francamente difícil de entender, pero su música es muy melódica y agradable al oído.
Actualmente ha sido declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Y si alguna música pura queda por el mundo es sin duda esta kuskakua ejecutada por los kústati con instrumentos de rasgueo, percusión y viento.  Al cantor se le llama pireri, esta música conserva los mitos ancestrales de este pueblo y gracias a Tata Vasco (Vasco de Quiroga) Padre educativo de los indígenas p´urhépechas mezclaron después instrumentos de teclado y cantos sacros.
El pireri no sólo canta los sonecitos abajeños, sino que también compone sus canciones y las interpreta.

                                                   Joven conservador de sus costumbres. Foto: Julie Sopetrán
La música y la danza en México están vivas, son parte activa de la cultura. La juventud está implicada en ello, los jóvenes aprenden e interpretan su música y no quieren perder los ritmos heredados, porque saben que cuando los pierdan, el vacío anulará su alegría, su identidad, su profunda y hermosa cultura.