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martes, noviembre 16, 2010

VII CONGRESO INTERNACIONAL DEL CORRIDO MEXICANO

SE CELEBRÓ EN MORELIA, (MICHOACÁN)  MÉXICO

 EL SEPTIMO CONGRESO INTERNACIONAL DEL CORRIDO.

Texto y fotos: Julie Sopetrán

                                          Personalidadades de Michoacán presentando el Congreso. Foto: Julie Sopetrán

Fue para mi una experiencia, participar en el Séptimo Congreso Internacional del Corrido mexicano, en honor a Margit Frenk y Guillermo E. Hernández.   Se inauguró el día 28 de Octubre de 2010, a las 10:00 horas en el Museo del Estado. Asistieron, el Secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz. El Presidente del Colegio de Michoacán, Martín Sánchez Rodríguez. La Doctora Gabriela Nava, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Álvaro Ochoa Serrano del Colegio de Michoacán y Jame Nicolopus, de la Universidad de Texas. El Gobierno del Estado de Michoacán, a través de la Secretaría de Cultura y su Centro de Documentación e Investigación de las Artes, así como, la Comisión Estatal del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, en Coordinación con el Colegio de Michoacán y la Fundación Arhoolie, hicieron posible que este Congreso se llevara a cabo con gran éxito de participación, tanto de conferenciantes como de escuchantes. Con el lema: Michoacán Trabaja, la colaboración y el buen hacer mantuvieron un nivel intelectual de gran calidad.

Escenario del VII Congreso.  Foto: Julie Sopetrán 

Desde las palabras inaugurales, pasando por el devenir cultural de México, de Isabel Contreras Islas, de la Universidad Iberoamericana; se analizó el corrido en su historia y tradición mariachera de las mañanas de Nayarit a cargo de Jesús Jáuregui, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia; se analizaron las canciones-corrido sobre personajes de ficción, institucionalmente historizados, a cargo de Antonio Ávila, investigador independiente;  se habló de la contra revolución cristera en el corrido mexicano y se encargó de hacerlo Rafael Torres Sánchez, de la Universidad de Guadalajara y Colegio de Michoacán; y fue Raúl Eduardo González, de la Escuela de Lengua y Literatura Hispánicas de la U.M.S.N.H el que habló de refranes y frases proverbiales en el corrido mexicano; También Julie Sopetrán, aportó su visión desde España en un viaje de 200 años de historia con Juan Diego Razo Oliva, comparando el romance con el corrido; Alejandro Martínez de la Rosa, de la Universidad de Guanajuato, hizo un recorrido por los Cristeros y narcotraficantes de la Costa Sierra de Michoacán en un siglo de corridos; Roberto Sánchez Benítez, investigador de la U.M.S.N.H, habló de Américo Paredes y el corrido como forma literaria de resistencia fronteriza chicana; María Herrera Sobek, de la Universidad de Santa Bárbara, California, se adentró en el análisis de la creación artística y activismo político del corrido; Cecilia Alcántara Ceja, del Colegio de la Frontera Norte, habló desde el México de afuera. El emigrante mexicano a través del corrido 1924-2008; María Luisa de la Garza, del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, habló ampliamente de los corridos norteños de Chiapas; fue Ulises Pineda Miranda, de UAM Xochimilco, quien expuso la representación del Si del sicario mexicano en You Tube; Lucila Lobato Osorio de UAM, habló del “no quiero llanto de nadie: como definición y características del corrido;  Cecilia Aragón, de la Universidad de Wyoming, habló de la producción cultural en el corrido de Billy the Kid, valiente, bravo y querido de la gente Nuevo mexicana; Christine B. Arce, de la Universidad de Miami, habló de la figura de Emiliano Zapata en la Bola Suriana; Rafael Orozco Flores, de Cineteca de Michoacán A.C. habló de la revolución al narcocorrido en el cine mexicano; Ricardo Pérez Montfort de CIESAS-UNAM, explicó lo referente al corrido y el estereotipo mexicano de las hojas volantes al cine; Francisco Ramos, del Comité de la Conmemoración de Bicentenario de Tamaulipas, expuso el corrido como generador de mitos de la Revolución Mexicana; fue Jorge Amós Martínez de la Facultad de Historia de U.M.S.N.H, el que habló del género y géneros… mujer corridera y corridos sobre mujeres… Doña Crescenciana Borja y el corrido de Rafael Castillo y la niña Carolina;Gabriel Medrano, de la Universidad de Guanajuato, disertó sobre el corrido de los Pérez y la otra versión de los sucedidos; Luis Omar Montoya Arias, CIESAS, Peninsular Mérida Yucatán, habló de Paulino Vargas Jiménez, el padre del corrido moderno- Para hablar de la lumbre hay que tener color, si no eres puro hablador…”; fue María J. Ramírez M. del Instituto de Investigaciones Históricas de U.M.S.N.H, quien expuso el corrido y la transmisión de saberes en la costa de Michoacán; Juan Antonio Fernández Velásquez, Dense Muñoz Asseff, de la Universidad Autónoma de Sinaloa y Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, hablaron de las soldaderas, contrabandistas y mafiosas: la figura femenina a través del corrido mexicano.   En intermedias del día 28 y 29 de Octubre, también se presentó el libro: Corridos Históricos de la tradición del Bajío, dos volúmenes, dos obras de arte, en cuanto a edición se refiere, su autor Juan Diego Razo Oliva, de la Academia San Carlos de la Ciudad de México. Ediciones Jitanjáfora representado por José Mendoza. Este libro fue presentado por Raúl Eduardo González y Julie Sopetrán, Jorge Amós Martínez y Luis Omar Montoya Arias.
                                                                         Actuación de corridos. Foto: Julie Sopetrán

El Congreso tuvo una gran relevancia y fue un placer compartir con los ponentes, no sólo las ideas, sino también la música, los corridos y el acercamiento que surgió del encuentro compartido. En la clausura actuaron varios grupos de Michoacán y todos  quedamos a la espera de un próximo encuentro.
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Han sido varias las personas que me han pedido el contenido de mi participación en este Congreso Internacional del Corrido Mexicano. Para estas personas, para mis amigos y para quienes quiera leerlo, inserto aquí mi ponencia. Admito críticas, comentarios, sugerencias, opiniones... ya que soy novicia en el tema. Muchas gracias.

UN VIAJE DE 200 AÑOS DE HISTORIA CON JUAN DIEGO RAZO OLIVA.
(Una visión desde España del Corrido Mexicano)

SEPTIMO CONGRESO INTERNACIONAL DEL CORRIDO – Morelia (Michoacán)

Por Julie Sopetrán  (España)


Comienzo esta conferencia con un corrido inédito, creado por la mexicana, con residencia en España, Roxana Río. Ella compuso este corrido en Madrid, cuando se casaron los Príncipes, y ha querido prestármelo para que lo presente en este Congreso, así pues, con su autorización lo vamos a escuchar. No sin antes agradecerles esta invitación a participar en el VII Congreso del Corrido en Morelia. Es para mí un placer no sólo participar sino aprender de todos Vds., la vivencia y las enseñanzas del corrido mexicano.
El Profesor Juan Diego Razo Oliva,  me ha llevado de lleno, con su antología, al corrido mexicano que tanto tiene que ver con la tradición oral española, y también a la inversa, cual viaje de ida y vuelta en intercambios musicales de los dos países.  Nuestra educación oral está fundada y reconstruida desde los propios cantos de la abuela que han recogido los sabores y los sentires de cada época en relación con la historia o como refiere Menéndez Pidal, “al calor de los acontecimientos” que es así como surgen los cantares que permanecen fijos en nuestra memoria.

Recuerdo canciones de cuando era niña, “La Cucaracha”, “Adelita”, “De piedra ha de ser la cama”, “La llorona”  y tantos sones y acordes conocidos y tan populares en México como en España. Han pasado años cantando en cada rincón y hogar de mi tierra, estas canciones de México que no sólo mi abuela, sino mi hermano cantaba cuando iba arando los campos en su tractor, o cuando ponía la música en su automóvil, y que, curiosamente, la gente se aprendía  de memoria para divertirse y no olvidar. Así se repetía cada estrofa en los acontecimientos familiares o en comunidad o en el propio recogimiento de la necesidad personal.

Con esto quiero expresar la vigencia estable y la autenticidad del corrido mexicano en España, en todas las regiones y especialmente en Castilla. No podemos descartar en esta comunión de influencias, la árabe, muy marcada en nuestro Romancero Tradicional transmitido oralmente por los juglares.
Si fueron dos andaluces, (un soldado y un clérigo) Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, los dos primeros colonos españoles que allá en 1512, llegaron perdidos a la costa de Yucatán,  bien podríamos decir que el primer canto español en México fue andaluz, porque uno era de Huelva y el otro de Sevilla y después, extremeños, castellanos, vascos, gallegos, catalanes, asturianos… todos y cada uno, sin duda, dejó en México su propio cantar.  


Una fusión de tradiciones orales vivas, que mezcladas con las autóctonas de México, dieron vigor y vida al corrido mexicano.  Estos clérigos, escribanos, colonizadores, conocían muy bien el romance, el zéjel, las jarchas, las coplas  y los cancioneros, que eran los mejores periódicos de la época. Aquellos sonecitos y jarabes criticando a la Corona Española y al clero, no son sino la herencia del romance contando y cantando las hazañas y desventuras de moros y cristianos o la picaresca de las coplas de picadillo que los amantes se transmitían a través de las rejas de las ventanas a la luz de la luna o las rondas tradicionales de Los Mayos en España primero y, luego en México.

Y en esta introducción no puedo mostrarme indiferente ante el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana.  Quiero rendir mi homenaje al Grito, el grito que es también Corrido, el grito que es pensamiento antiguo y contemporáneo, amor, miedo, revolución, queja, clamor, reclamo, vida y muerte…

Frente al Grito de Dolores con el Padre Hidalgo, otros gritos me parecen pequeños, diminutos: el grito de Munch, por ejemplo, es tan sólo un bosquejo de grito pintado. El grito de los Tambores Lejanos de Wilhelm, se desvanece en el recuerdo. El grito de Tarzan se diluye en la selva… El grito del Padre Hidalgo fue un grito de la calle, de la tierra, de justicia, de socorro. Fue un grito creativo, sagrado, puso su grito en el cielo y las campanas se callaron para que no fuera un grito sordo, para que a voz en grito el pueblo se levantara, para que a grito pelado, la voz sonara en grito de batalla. Y fue así como el grito se alzó y a él se unió la mismísima Virgen de Guadalupe y, esa voz en voces, emitida con mucha fuerza, ha llegado hasta hoy y ahora a todas las almas sensibles del mundo, sobre todo del mundo que hablamos el mismo idioma que el Padre Don Miguel Hidalgo y Costilla.  Su grito, es el corrido mexicano, mejor cantado de la historia de México.


“Quien en un lugar mora / siempre lo suyo puede menguar” dice el Cantar del Mío Cid.  No sucede esto con el corrido mexicano, ni con las influencias de músicas comparativas de España y México o México y España. Porque las dos se fusionan en intercambios, desde la Conquista hasta nuestros días. No podemos decir lo mismo de las músicas de otros lugares hispanos de uno y otro lado del océano.  Todo lo que suena arraiga en la riqueza de nuestra lengua, se nutre de los vocablos primitivos, tanto germánicos, como mayas, tanto griegos, como purépechas, tanto árabes como aztecas…  En nuestra manera de hablar y cantar hay sones comunes y a la vez diferentes y eso es la música. Pero en la música es importante también el silencio y el tiempo. Ese espacio donde creamos vínculos porque es en la analogía de las palabras donde se esconden nuestras raíces. En la sintaxis abrazamos y enlazamos nuestros orígenes de la poesía y en la fonética somos, creamos un mismo sonido de lenguaje y es entonces cuando cantamos las diferentes ideas y sucesos.   Es cierto que nuestras cuerdas vocales respiran diferentes aires, porque somos voces inarticuladas, somos gritos y hemos sido onomatopeya antes que palabra articulada, vocales y consonantes fuertes y débiles, recreadoras de ecos ancestrales.

Escuchamos y repetimos y damos a nuestra música, la historia, yendo en todas las direcciones del aire que nos lleva y que nos trae al propio encuentro. Por ello, nuestra lengua seduce al mundo desde la voz que es el corrido.  El verso octosílabo que es el romance, expresa un sentimiento completo que puede ser variable o invariable. 

Como los mismos géneros de nuestra lengua el corrido creció masculino, así vemos que en España, pocas veces nos hablan de mujeres juglares, o juglaresas, también la juglaría es masculina. Quiero hacer un paréntesis, sí hubo una juglaresa o mejor dicho una trovadora distinguida: Eleonor o Leonor de Aquitania, (1122-1204) reina de Francia y de Inglaterra y nieta del primer trovador Guillermo de Poitiers. Se perdieron sus trovas pero quedó su testimonio.


Decía anteriormente, que los géneros, también son neutros, comunes, epiceno y ambiguos.  Leyendo la Antología del Profesor Juan Diego Razo Oliva, observo la masculinidad, la figura del macho en el corrido. El caballo, el revolver y “la” muerte, lo femenino secundando el valor y la bravura o muriendo de amor en los brazos del más valiente.


Leyendo la Antología mencionada, identifico más al corrido con el Cantar del Mio Cid, con el romance declamado o recitado por juglares, trovadores o segreres. Y es ahí donde encuentro la gran diferencia entre corrido y romance. El romance es recitado en su mayoría y el corrido es cantado casi en su totalidad. 


Fueron los primeros juglares y después, los poetas, entre 1083 y 1093 cuando en España convivían musulmanes y cristianos, Castilla y el Al-Andalus, determinaban fuertes lazos de convivencia. Más machismo añadido. Aunque la cultura árabe en aquella época era superior a la occidental. Menéndez Pidal señala el hecho importante que acaece en esa mitad del Siglo XII, cuando un juglar desconocido de Medinaceli, provincia de Soria, escribe el Poema del Mío Cid. Se ignora en qué fecha lo compuso y quien fue el autor.

El único ejemplar que existe en la Biblioteca Nacional de Madrid, data del siglo XII y es una copia de otro ejemplar anterior de tradición oral. Entre los muchos personajes que cuenta este cantar descubrimos la figura de Doña Jimena, esposa del Cid, su hijo Diego, entre otros familiares y amigos, así como el nombre de su caballo, Babieca y, de su espada, Tizona. Vemos que para el Cid la familia era muy importante, (como lo era también para el Padre Hidalgo, incluido en su grito: “Viva la familia”). Y todas estas características, las encontramos igualmente en los corridos, la tradición oral, permanece, se hace romance en torno al Cid y corrido en torno a tantos héroes mexicanos, guerrilleros, luchadores, generales, sacerdotes, bandoleros, toreros, capitanes, nombres propios imborrables como el Padre Hidalgo, Zapata, Pancho Villa, Morelos y tantos hombres de bien que triunfaron con sus ideas en la desesperanza…


Los juglares se inspiran en las hazañas, es el tema central, en el Cid es la restauración del honor perdido por un destierro injusto, en el corrido sucede lo mismo, hay una razón injusta, una lucha, una añoranza por conseguir justicia. En ambos el caballo, es importante. En uno la espada en otro el revolver. Pero no deja de ser lo lírico, lo épico y lo dramático que se completan en los géneros tanto en el romance como en el corrido.   Incluso concibo más el ritmo en el corrido por ser melodía, por ser armonía, por ser también música. El romance guarda más su silencio por ser sólo voz…

Crecí escuchando las voces de los arrieros, de los segadores, de mi padre cuando labraba las tierras con mulas y bueyes, siempre cantaba canciones populares. Las nanas, las canciones de los soldados en la post guerra, aquellas canciones expresaban un grito ancestral que es el que marca las diferencias y a la vez las une. Ahora no se escucha canción alguna en los campos, el mundo ha cambiado, ¿Tendríamos que volver a esas canciones para responder al Grito de Dolores?

¿Dónde se fueron las peteneras, las serranas, las jotas, los jaleos, las rondeñas, los vitos, las folias, las saetas, las granadinas, los fandangos, los olés, las trovadas, las nanas, las cañas…, por comentar algunos de nuestros cantares?  
La Edad Media, la Iglesia, los Trovadores, España colonizadora, ha sido rica en canciones populares, la más rica de Europa por sus variedades étnicas, desde los íberos, los celtas, los fenicios, los romanos, los griegos, los visigodos, suevos alanos y vándalos, los árabes, los judíos, los peregrinos… Esa riqueza unida a las culturas indígenas mexicanas, ha engendrado la fuerza y el vigor que hoy tiene en el mundo la música del corrido de México.


De la influencia indígena, europea y africana, nace la música mestiza que es la que hoy predomina en América, pero lo curioso es que en España no se cantan otros sones que no sean de México, cuando nos reunimos un grupo de amigos no cantamos con la música mapuche, o la cueca de Chile, ni tampoco con la marinera  peruana o los sones de la marimba guatemalteca, desconocemos los pasillos y los sanjuanitos de Ecuador, ignoramos la cumbia colombiana, poco sabemos de la milonga costarriqueña, aunque se hizo popular en España la bachata y el merengue; también el reggaetón de Puerto Rico;  tal vez estamos más familiarizados con Argentina por el tango o con Cuba por la salsa, el mambo y el cha cha cha, pero no consiguen la popularidad del corrido o del bolero mexicano. Ni siquiera Brasil con su bossa nova llega a completar el éxito del corrido.

Volviendo a la época de la colonia, me pongo en lugar de las gentes indígenas escuchando aquellos nuevos cantares religiosos, profanos… Me acerco al gran silencio del tambor hecho con troncos de madera hueca, lo más parecido a las marimbas, la flauta de barro cocido o de carrizo y caña, el caracol marino horadado en uno de sus extremos ofreciendo un sonido ronco y fuerte, o el raspador de fémures humanos y las sonajas de semillas, los silbatos, las piedrecillas metidas en los carapachos de tortuga, las calabazas huecas y las conchas marinas… Todos estos instrumentos ¿quedarían callados?  Me llegan sus gritos ululantes, doloridos, tristes, fúnebres, alegres, libres, oprimidos. 

Aquellas danzas sangradas, rituales, “mitotes”, máscaras, danzas totémicas desaparecidas.  Mi respeto para estos pueblos creadores mexicanos, para el indígena que se convirtió en alumno y aprendió con rapidez a tocar y a cantar, a componer y a crear nuevos instrumentos musicales. Cada provincia encontró su modalidad. Y fue en esa revolución de 1910 cuando México se enriqueció de corridos y de baladas , los soldados expresaban su sentir en los cuarteles, los Maestros de Música compusieron canciones inolvidables, los sectores sociales se unieron no sólo a las armas de la revolución, sino también a esas canciones con las que se sentían identificados.  Porque el ser humano imita, anima, aprende, se contagia, produce su música y la palabra es su ofrenda es su líder al que está agradecido.

Tanto los romances como los corridos, tienen su momento que enaltece la vida colectiva: son canto para la siembra, para la cosecha, para la pesca, para pedir la lluvia, para dar gracias, para reír, para llorar, están llenos de simbolismo, de esa esencia y vitalidad humana que los distingue.


Quiero terminar esta exposición, recordando una de las reglas de la juglaría que nos puede servir para enaltecer el arte de trovar y para saber lo que era el periodismo en la Edad Media, una fiesta de recursos que la historia convirtió en música, en canción, en romance y en corrido. Porque es el divertimento, el juego, la poesía, la música, el arte, lo que hace felices a los pueblos. Lo que nos une, lo que crea y recrea las identidades.

“ Sepas bien inventar y rimar y en apuestas y concursos dar buenos acertijos… con garbo tocar
            el tambor y los platillos y la rústica lira. Has de saber echar manzanitas al aire y cazarlas al vuelo con cuchillos; imitar el canto de las aves, hacer juegos de manos con los naipes y saltar a través de cuatro aros.
Has de saber tocar la citola y mandolina, el monocordio y la guitarra, has de saber encordar la rotta de diecisiete cuerdas; tratar bien el arpa y acompañar con la viola para hacer más agradable el canto juglar: debes  saber componer y arreglar nueve instrumentos (vielle, zampoña, flauta, arpa, lira, viola, decacordio, salterio y rotta) si aprendes a tocarlos bien, estarás en condiciones de satisfacer a todas las exigencias. Toca también el organillo y haz sonar los cascabeles”.

Estos eran los instrumentos musicales de la época, no olvidemos que el gran acontecimiento histórico de la Edad Media, fueron “Las Cruzadas” , los trovadores nacen al fuego de las hazañas, las aventuras, son guerreros movidos por la fe cristiana y esto es lo que dio nacimiento a los cantares de gesta. La ausencia y la lejanía del ser amado, de la esposa, de la hija, de la mujer amada de sus sueños fueron el estímulo para sus cantares y esos cantares favorecieron el culto y la devoción a la mujer como mujer. El trovado es el cantor noble y el juglar es el plebeyo, el más vulgar; los intermedios son los segreres, los hidalgos y los escuderos.  Los trovadores componían en la Lengua del Norte y los juglares en la de Mediodía. El Rey Alfonso el Sabio fue trovador y desarrolló la cantiga que carece de estribillo y se diferencia del romance porque es cantada, tanto la letra como la música, la componían los trovadores. Está compuesta por versos octosílabos o endecasílabos El juglar es el que cantaba lo que los trovadores componían. Las más famosas cantigas son las gallegoportuguesas, recogidas en el cancionero. Existen cantigas de amor, de amigo y de escarnio. También existe la cantiga de maldecir. Las de Santa María. Y no podemos olvidar las cantigas de Sefarad o sefarditas. La cantiga no es tan popular como el romance, no llega tan directamente al pueblo llano. Es más sofisticada y culta.

La historia ha mezclado a trovadores, juglares y segreres, a ese conjunto de conocimientos se les dio el nombre de “Gay Saber” y mucho de lo que sabemos y aprendemos se lo debemos a ellos. Y también gracias al Profesor Juan Diego Razo Oliva, leyendo su Antología de Corridos Históricos de la Tradición del Bajío, he conocido más de cerca a México, sus héroes, sus gentes, sus corridos, su geografía, su dimensión cósmica, sobrenatural y humana. Me he percatado que el corrido da cuenta de hechos históricos, se apega al sentimiento y, como el pueblo, es pícaro, corteja, declama, juega con la voz, expresa la pasión, el despecho, la soledad, el odio, el amor, la muerte, el corrido no sólo pide permiso para la interpretación, sino que se adentra en el corazón mismo del ser para hablarle de un montón de cosas que pasan, que suceden, y después de narrar su historia, se despide con su arpa, su guitarra y su vihuela…  
Y ese es el gran poder y la grandiosidad de La Palabra escrita, hablada, cantada y transmitida a los demás a través de los tiempos con todas sus batallas y revoluciones.
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PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “CORRIDOS HISTÓRICOS DE LA TRADICIÓN  DEL BAJÍO” De Juan Diego Razo Oliva. Dos tomos artesanales y bellamente editados por Editorial Jitanjáfora  de Morelia - Michoacán.

Por Julie Sopetrán

                             Juan Diego Razo Oliva - Autor del libro.  Foto: Julie Sopetrán

No es fácil para mí, por ser española y desconocer muchos detalles, presentar esta antología. Conocí parte de El Bajío, en mis viajes anteriores cuando visité Zamora y algunos lugares del Noroeste Michoacano, cuando viajé a Jacona, Guanajuato y también Jalisco… Me impresionaron  sus llanos, sus cerros, sus lagunas, también conocí el Lago de Chapala en Jalisco. Digo esto, porque es necesario situarse en la región de la que habla el Profesor Juan Diego Razo Oliva. Es importante conocer la historia para poder hablar de ella y, la historia que nos enseñan de algunos lugares, luego no coincide con la realidad del mismo. Tal vez  porque algunos historiadores escribieron de memoria lo que a otros les convenía divulgar. Lo importante es conocer la historia en directo, en vivo, tal como lo ha hecho y descrito nuestro autor.   La lectura de esta antología me hizo recordar gentes que conocí en California y que procedían de El Bajío, como Isabel Amezquita, que emigró a Redwood City, California y pasó el Río Grande con los hijos que dejó por el camino en la Revolución de 1910 con Pancho Villa. Ella nació en un ranchito de El Bajío, en Jalisco. Leyendo esta antología la he recordado porque ella me hablaba en directo de la Revolución, de su esposo que trabajaba en el ferrocarril, en el traque del que habla  Razo Oliva, me decía también de los caminos, de las vicisitudes que pasó y el contacto directo con Pancho Villa, que según comentaba, les ayudaba con comida a ella y a su familia.


También allí conocí a María, de Michoacán, que vivió la Revolución de los Cristeros. Son las personas las que conforman el corrido. La conquista espiritual de la gente es la que da vida a estos más de 500 corridos recopilados con no se sabe cuánto trabajo, tesón, entrega e investigación.
Conseguir ver publicados estos dos tomos, magníficamente encuadernados por la editorial Jitanjáfora y, con una presentación muy notable, es hacer un balance  espectacular de la historia de esta región desde 1910 hasta nuestros días.
Creo que el tema y la cronología absoluta, se dan la mano en estas páginas de gran interés divulgativo,  ya que muestran la autenticidad popular de la historia del corrido.
Esta Antología crea un tiempo para descubrir cómo han evolucionado doscientos años de historia mexicana. Han sido doscientos años difíciles, a prueba de valor, con esa riqueza y diversidad de gentes, de conflictos, de amores, de muertes y luchas  donde la ficción, la poesía y el drama, caracterizan una forma de ser y estar, de cantar y crear, porque es a través de cada corrido como conocemos no sólo una historia, sino múltiples contenidos y significados de su creatividad.


La lectura de esta antología para una española, transcurre en la base de una observación de hechos y lugares, es como un viaje a la historia de la música tradicional, como un contacto con la lucha insurgente, como un paseo por esas calles, sucesos, pueblos y mercados por donde  nos lleva Juan Diego Razo Oliva, para disfrutar… incluso de la muerte, de las historias apasionadas, de lo que cantaban y cómo lo cantaban y lo siguen cantando los mexicanos de esta región en particular y, de otros lugares donde el corrido se ha extendido y ha llegado más allá y más “arriba”, y digo arriba porque Bajío imagino que significa “abajo”.
Creo también que esta antología contribuye al desarrollo del progreso, porque expone lo que nuestros antepasados han vivido y luchado, y de ellos podemos aprender la libertad para así dar otro giro a las realidades y a los sentimientos.
No en vano, México celebra su Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, si nos centramos en lo que nos cuentan los corridos, podemos descubrir nuestra propia alma siempre en lucha con su enemigo. También  es un encuentro con la generosidad de los poetas a veces anónimos, con la riqueza literaria de nuestros pueblos, con nombres propios que no son conocidos ni famosos, pero encierran esa belleza heredada de los pueblos indígenas, de los pueblos de España. Son hombres y mujeres dando vida a la música y a la palabra.
Son muchas  fuerzas populares y particulares las que reafirman la identidad de un país.
Creo que Juan Diego Razo Oliva, ha sabido captar y mostrar con mucha inteligencia, tacto y amor a su tierra,  esta exposición de corridos. En su galería, disfrutamos de los paisajes, es como un ir de viaje en tren por Guanajuato, Michoacán, Querétaro, San Luis de Potosí, Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco. Es como ir acompañados de juglares, trovadores que nos van contando la historia al son de los corridos, y en cada biografía resalta una curiosidad del personaje y en cada personaje hay una voz que no cesa de cantar y contar como fue la lucha por la libertad.
Esa voz, encuadernada, hecha libro, ahora, es la de Juan Diego Razo Oliva, que se convierte en trovador y en juglar a la vez, porque el arte, la literatura, además de informarnos, nos deleita, nos hace sentir más libres, nos hace entender que casi todo es música.  Y la misión de todo lector es absorber y retener lo leído, para que al cerrar el libro, podamos sentir y ver más y mejor a México en toda su inmensidad de colores, sabores y curiosidades.
Si al ser humano se le valora por sus obras y por sus teorías, Juan Diego Razo Oliva, deja en esta Antología, una brillante muestra de dedicación y trabajo. El tiempo me dará la razón, que es ésta una obra maestra. Una obra de calidad y método investigador por él empleado en cada página, su amplia y sólida preparación universitaria, dan aún más crédito a mi pronóstico.
He de confesar que he llorado al leer la “Canción a Jorge Negrete” , por Chucho Monje, página 1191. Canción que he cantado desde niña y que mi hermano cantaba y se acompañaba de su bandurria.

Qué digan que estoy dormido / y que me traigan aquí/  México lindo y querido, / si muero lejos de ti.
Así cantabas con todo el sentimiento/ poniendo el alma en la voz y en tu canción, / tal vez tenías el cruel presentimiento/ metido en lo más hondo, allá en tu corazón.”

Creo sinceramente, y afirmo, que no hay español, de la España actual, que no sepa, -por lo menos tres o cuatro versos- cante y sienta este corrido mexicano. Esta música que hace vibrar el alma.
Presiento que el Profesor Juan Diego Razo Oliva, es un revolucionario conservador, es un estudioso disciplinado que hoy añade a las Bibliotecas de México, un tesoro literario de investigación y cultura. Las inquietudes bibliográficas, la curiosidad por la recopilación oral, el estudio de los cantares de nuestros antepasados, el folclore popular, el quehacer cotidiano, la memoria histórica, el sentido épico-lírico-narrativo de nuestro lenguaje, queda recogido muy cuidadosamente en estos dos tomos que hoy tengo el honor de presentar.
He de decir que según iba leyendo, me faltaba la música. También quiero afirmar que el pasado nunca puede ser negativo si el presente es constructor de futuro. México es un pueblo maravilloso, soberano, México es el futuro y lo es por su historia, por su gente, por sus sentimientos y su corazón.  Me llamaba mucho la atención, en los corridos al finalizar cuando dice:
Y con esta me despido”, vienen a mi mente las jotas de Aragón, cuando dice: “Y allá va la despedida”. Estos encuentros, estas similitudes, son las que hermanan y vencen cualquier odio pasado que reclame un perdón. Porque la grandeza de los pueblos no es lo que se deben unos a otros, sino lo que tienen y comparten unos de otros. Eso es lo que nos enriquece a todos.
Felicito al maestro Juan Diego Razo Oliva y a los mexicanos por tener este libro en sus bibliotecas.
Muchas gracias.



























































































 

  

























 

  



LA FIESTA DE SAN LUCAS EN ZACÁN

LA FIESTA DE SAN LUCAS EN ZACÁN
Michoacán (México)

Texto y fotos: Julie Sopetrán

El Apostol San Lucas espera a su pueblo. Foto: Julie Sopetrán

En un clima templado y húmedo, con temperaturas entre los 12 y 18 grados centígrados, con temporadas de abundantes lluvias, la naturaleza en Zacán se expresa exuberante. Zacán  fue fundada por Padres Franciscanos en 1530, su nombre significa en p´urhépecha: “El lugar pedregoso donde la tierra se cultiva” y está rodeado de árboles: pinos encinos, tejocotes, cedros, aguacates, duraznos… El cultivo de maíz es abundante y la mayor explotación está basada en el aguacate. Es un pueblo dedicado a las artesanías y abunda especialmente el ganado vacuno. Su población está entre los 800 y los 1000 habitantes. Pero a Zacán hay que venir para la fiesta de San Lucas que es el Patrón de los ganaderos y las gentes del lugar le ofrecen al santo sus yuntas y su ganado, la fiesta se celebra desde el 17 al 19 de Octubre.  Comenzó en 1971, y se recuperó para mantener viva la tradición, la fe y el entusiasmo de la raza p´urhépecha. Cada año Zacán se viste de gala, de músicas, de sones que llegan de la Sierra de Uruapan, de la zona Lacustre de Pátzcuaro o de la Ciénaga de Zacapu y de la Cañada de los Once Pueblos.
Torito de barro policromado, artesanía de Ocumicho. Foto: Julie Sopetrán

Zacán se convierte en el centro vital, real y virtual de la música, la danza, las canciones más variadas, desde las pirekuas, sin olvidarnos de la comida típica, el deporte ancestral, la fiesta religiosa, “el toro de once”, el tianguis, los concursos de bordados que se exhiben en la Huatápera, un Hospital del pueblo indígena, donde queda ubicada la capilla del Hospital o Iurixio, Santa Rosa, con un artesonado de madera, donde quedó inscrita, en el techo, la Letanía Lauretana, es una capilla de singular belleza donde se encuentra la imagen de la Virgen de Guadalupe que data del siglo XVIII. Son tantos los acontecimientos  que ofrece Zacán, que la lista de eventos sería interminable.
Uno de los ganaderos con su toro ya bendecido por San Lucas Foto: Julie Sopetrán

Todo lo que sucede en Zacán es en honor de San Lucas, un santo representado en compañía de un toro, un santo que espera a su pueblo sentado y recibe uno por uno a todos los habitantes y visitantes, junto a los bellísimos retablos labrados en madera, que datan del siglo XVIII  en estilo barroco churrigueresco. La Iglesia de San Pedro, data de 1560, su portada es de estilo renacentista. Fue Fray Alonso de la Veracruz, quien hizo la fundación del templo. Es el lugar de la obligada visita, pues merece la pena contemplar tan impresionante imaginería.
La niña porta en su canasta los toros bendecidos. Foto: Julie Sopetrán

Pero lo más peculiar, lo más bello, tal vez, es que no hay fiesta sin el toro, y antes de entrar a la Iglesia hay que comprar el torito de barro policromado, artesanía elaborada en el pueblo de Ocumicho. Porque nadie puede quedarse en la fiesta sin llevar a bendecir al toro y  pasarlo por el manto rojo de San Lucas. Pues aunque el patrón de Zacán es San Pedro, la fiesta se le dedica a San Lucas. Y el torito hay que pasarlo por el manto y cuando esté bendito, dará suerte y abundancia a las familias, en los hogares, y será como algo especial tenerlo en casa hasta el próximo año. De esta forma las cosechas serán mayores y el ganado se multiplicará y dará beneficios. Y habrá paz y salud para vivir contentos. Aunque muchos de sus habitantes emigraron, ya que es el pueblo p´urhépecha que más profesionales tiene esparcidos por el resto del Estado de Michoacán. Pero todos vuelven a celebrar la fiesta con los que quedan, familiares, amigos y vecinos.
Comida para todos en una casa particular de Zacán. Foto: Julie Sopetrán

En la explanada frente a la Iglesia, el tianguis es un jardín de artesanías, especialmente de toritos, de cirios, de comida, de platos típicos, muebles, cobre, guitarras, ollas, violines, sombreros, petates (esteras), máscaras, bordados, blusas, delantales plisados, máscaras… El tianguis ofrece una imagen realmente armónica, lúdica, diferente, gente ataviada con los mejores trajes, niños disfrutando de una alegría armonizada con el ambiente indígena. Existe también el San Lucas “chiquito”, que va cambiando de domicilio cada año. A veces, es por ofrenda, por manda, por ofrecimiento particular, por deseo propio. A estas personas se les llama “cargueros” y desean tenerlo en sus casas todo el año, el 18 de Octubre San Lucas chiquito regresa a la Iglesia, y el carguero saliente debe patrocinar los arreglos del templo y ofrecer una fiesta para la comunidad.
Algo que me conmovió es comprobar activamente cómo los habitantes de Zacán comparten lo que tienen con los visitantes, amigos de otros lugares, turistas, gente que no conoce el pueblo y los nativos invitan amablemente a comer la comida típica del lugar en sus casas, se sientan a la mesa con las familias, son uno más para degustar el famoso y aromático “churipo”(caldo de res con col), las “corundas” envueltas  en forma de estrella de cinco picos, los uchepos y una variedad inmensa de “atoles” hechos con los granos del maíz.  Es una auténtica fiesta donde nadie se siente forastero, donde se prueban los platillos más variados y típicos. Comida elaborada por la mujer p´urhépecha, incansable, dedicada en cuerpo y alma a complacer a sus invitados. Se pasa horas en la cocina y la gente no cesa de llegar.
Autoridades relacionadas con el Turismo de Michoacán compartiendo la mesa. Foto: Julie Sopetrán

Y llega gente importante que viene de Morelia, autoridades de las comunidades del Estado de Michoacán; y también gente sencilla, trabajadora, artesanos, que acuden a visitar el pueblo para compartir sus artesanías, el trueque de artículos, la diversidad de actos pero sobre todo para admirar también las danzas típicas. Danzas como la de las Nanecha K´ericha, que son las abuelas. Esta danza simboliza el agradecimiento de la mujer a las buenas cosechas. Las abuelas bailan en círculo mientras que una de ellas carga a la Virgen de Santa Marta.
En el Festival participan más de mil artistas durante toda la noche. Concursos de Pirekuas, danzas, orquestas y pireris. Otra danza interesante es la de “los viejos chicos” heredada de los “viejos grandes”. O “La danza de los Santiagos” que representa la lucha entre el bien y el mal.  La danza de “arcos y listones” que presiden los Reyes Indígenas y sus segundos reyes engalanados con trajes de colores y “Cúrpites”(los que se juntan) con su precioso vestuario elaborado por las novias de los danzantes, que suelen ser casaderos; se destaca esta danza por los difíciles pasos que tienen que interpretar. Pero si alguna danza hay que destacar por su antigüedad, es la que caracteriza  la cosmovisión de la creación del hombre p´rhépecha, la danza de los Chilinchilies, se emiten sonidos con sonajas que se tocan hacia los cuatro puntos cardinales.
Cocinan grandes cantidades de comida para todos. Foto: Julie Sopetrán

También este año, en esta fiesta  hay que destacar la inauguración del Auditorio Cultural por el gobernador Lázaro Cárdenas Batel. Presidía el acto la bandera P´rhépecha, cuadros de color rosa, azul, verde y amarillo con un puño apretado y flechas en el centro, simbolizando la unidad. La palabra p´rhépecha es una autoafirmación de sí mismo. P´urhé o p´uré, significa persona. Los conquistadores los llamaron tarascos, pero se ha recuperado, afortunadamente, su autenticidad prehispánica.

         El gobernador de Michoacán (izquierda) D. Lázaro Cárdenas Batel, inaugurando El Auditorio Cultural  (Octubre 2005)

EL TORO DE ONCE


 
FESTIVAL DE LA RAZA PUREPECHA
EL TORO ALEGRE DE ZACÁN o
“EL TORO DE ONCE”. MICHOACÁN, MÉXICO

Texto y fotos:  Julie Sopetrán


No existe un lugar más ganadero en toda la sierra michoacana, que el de Zacán, situado a 45 kilómetros, unos veinte minutos,  de Uruapan por la carretera que lleva a Carapan.  Zacán, quiere decir “lugar pedregoso” y  es un nombre de origen tarasco. Decía, que no hay un lugar más ganadero, porque en su templo, que data de 1560, es donde reina San Lucas, y nunca mejor dicha esta palabra: reina. San Lucas es el patrón de los ganaderos y la mejor forma de expresarlo es la de sacar el día 19 de Octubre, por la mañana, el tradicional toro de once que recorre las calles de un pueblo verdaderamente fiestero, acogedor y entrañable.
Es costumbre que el toro salga de la casa del mayordomo del lugar. Allí se reúnen unos cuantos jóvenes y una banda de música que amenizará el comienzo del recorrido. El toro está como esperando la borrachera, la ebriedad. Primero hay que adornarlo, con cintas de colores, frutas, collares que le dan vistosidad y belleza al animal. Amuletos y adornos que irá perdiendo en su deambular por las calles.  Al toro lo visten con las mejores galas. Su vistosidad ha de hacer honor a su simbolismo, a la tradición más fiel. Instintivamente el animal sabe que la gente le espera en cada esquina con gran expectación.
El toro es el hijo del cielo y de la selva, pero los indígenas de Zacán, saben que ante todo es el símbolo de la Madre tierra, de allí donde se puede labrar la milpa, y sembrar, y donde la hierba sale como alimento de quien es aliado del ser humano, el animal más cercano a él, el que le ayuda en sus trabajos, el que le hace prosperar. Y el toro, en Zacán puede o no puede ser bravo, allí el toro es dócil como el hombre y la mujer que trabajan el terruño.
La gente le espera con gran júbilo, los turistas le hacen fotos, los niños le temen, y las precauciones son siempre pocas, pues no se sabe cómo reaccionará el potro y hay que atarlo con sogas para mayor seguridad. Hay que dirigirlo para que no se desvíe del itinerario.
Las calles del pueblo estallan de color, la arena del volcán Paricutín es como una alfombra finísima, los cohetes suenan y todavía el reloj no ha cantado las ONCE hay que esperar, faltan unos minutos. Y el toro no puede comenzar a correr hasta que no sean las once en punto de la mañana en Zacán, por eso se llama así al toro de once. Porque sale justo cuando den las once campanadas en plano día 19 de Octubre.  La diversión está servida y todo el mundo disfruta, corre, se entretiene viendo para donde va el toro. La banda de música sigue detrás de la gente que se arremolina y detrás del toro que ya apenas se sabe dónde está porque la emoción hace girar y correr a los visitantes dependiendo de las decisiones del animal y la emoción se suma al griterío y los espectadores van aumentando.
Seguramente en sus adentros el toro muge, como el rayo,  protesta, o también se divierte, a veces se enfada y salta y  otras se queda parado como meditando el por qué de tanta expectación ante su figura ancestral. Lo cierto es que en el animal se impregna como una expresión de sacrificio, de abnegación y de cansancio según avanza la fiesta.
Lo más  bello de esta fiesta en Zacán, es vivir la representación ritual, hacer un homenaje al trabajo y al carisma de este animal, en el paisaje y en el corazón y con las gentes que lo habitan. Pero también es hermoso admirar el agradecimiento de sus dueños, de los ganaderos de la zona hacia el animal. El pararlo en algunas esquinas o partes de la calle y darle un trago,  de tequila, de bebida alcohólica, simboliza el descanso del trabajo, la sed, el asueto que se necesita para seguir la marcha de cada día duro en la sierra.  Es una comunión de hombre con animal, un querer que la bestia comprenda el descanso del hombre, incluso su propia ebriedad, un compartir la dura jornada con sus diferentes momentos.  Y en realidad el toro reacciona, se cae, se levanta, juega, y comparte esta vivencia de la gente que es la fiesta en la que nadie como el toro, se integra en ella.
Es bellísimo conocer, compartir el ambiente de Zacán en estos días de sus fiestas, al que dedicaré varios artículos. Sólo añadiré, que después de recorrer las calles, yo me paré a tomar un delicioso churipo que es precisamente un caldo de res con col, y lo acompañé con las no menos deliciosas corundas, que es una variedad de tamal, masa de maíz que se mezcla uniformemente con los ingredientes incluidos, pueden ser de queso, de verduras… y tiene una forma triangular. Algo exquisito.

Si quieres, amigo lector, disfrutar de una fiesta entrañable, no dejes de visitar Zacán. Si eres de España, podrás comparar una forma más civilizada de tratar al toro, si lo comparas con los encierros tradicionales de algunos pueblos de Castilla. Si eres estadounidense, podrás saborear el sentido intermedio de la comunicación del ser humano con la naturaleza. La relación del hombre con el toro siempre ha sido histórica y en estas fiestas quedan las reminiscencias ancestrales que no dejan de darnos sus raíces. Raíces purépechas de Zacán, donde la ganadería es parte de su historia más noble.